Líderes europeos y de la Unión Europea celebraron una videoconferencia con Volodímir Zelenski para fijar una estrategia común antes de su visita a Washington el lunes, donde se reunirá con Donald Trump tras la cumbre de este último con Vladímir Putin en Alaska. La cita se produce en un momento decisivo para el futuro de la guerra y de las negociaciones de paz.
La diplomacia europea se mueve con rapidez. Bruselas y las principales capitales de la UE mantuvieron este fin de semana una reunión virtual con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, en vísperas de su viaje a Washington. El lunes, Zelenski se entrevistará en la Casa Blanca con Donald Trump, apenas tres días después de que el presidente estadounidense se reuniera con Vladímir Putin en Alaska.
El calendario refleja la intensidad del pulso diplomático. Trump presentó el encuentro con Putin como “extremadamente productivo”, aunque sin un acuerdo definitivo. El líder ruso, por su parte, condicionó cualquier alto el fuego a la entrega a Moscú del este de Ucrania, un planteamiento que choca frontalmente con la soberanía del país y con las posiciones de sus aliados europeos.
Para Kiev, la cita en Washington es mucho más que un gesto. Zelenski llega a la Casa Blanca con la presión de defender la integridad territorial y, al mismo tiempo, mantener abierto el camino de una negociación que no implique concesiones inaceptables. En la videoconferencia de este fin de semana, los líderes europeos insistieron en la necesidad de no mostrar fisuras y de recordar que cualquier salida política debe pasar por el respeto al derecho internacional y por la retirada de las tropas rusas de las zonas ocupadas.
Las expectativas en torno a Trump generan inquietud en las capitales europeas. Aunque el presidente estadounidense ha elevado su perfil de mediador, sus declaraciones tras la cumbre de Alaska mostraron una flexibilidad que preocupa en Kiev: dejó de exigir un alto el fuego inmediato y habló en cambio de un acuerdo “integral” como la mejor vía para terminar el conflicto. Ese viraje alimenta el temor de que Washington acepte discutir fórmulas que incluyan la entrega de territorios.
La sociedad ucraniana, sin embargo, se mantiene firme. Encuestas recientes y testimonios recogidos en regiones como Járkov confirman que la gran mayoría de los ciudadanos rechaza cualquier cesión territorial. En las zonas que vivieron la ocupación rusa en 2022, los recuerdos de la represión y de las violaciones de derechos humanos siguen muy vivos. Para esas comunidades, aceptar un retroceso equivaldría a legitimar la violencia sufrida.
La reunión de Zelenski con Trump, por tanto, se convierte en un escenario de alto riesgo político. Si Kiev percibe que Washington cede ante las exigencias de Putin, la relación con su principal aliado militar podría entrar en una fase de desconfianza. Si, en cambio, Trump logra que Moscú acepte compromisos verificables, se abriría una ventana de oportunidad para una paz negociada que no sacrifique la integridad territorial ucraniana.
Europa observa con cautela. La videoconferencia de este fin de semana buscaba precisamente blindar la unidad europea frente a eventuales presiones externas. Para Bruselas, el dilema es claro: sostener la línea dura contra Moscú sin romper la coordinación con Washington. En esa tensión se juega no sólo el futuro de Ucrania, sino también la credibilidad estratégica de la Unión Europea.
El desenlace de esta secuencia diplomática dirá si la paz se construye sobre la firmeza o sobre concesiones que la sociedad ucraniana difícilmente aceptaría. Zelenski llega a Washington con un mandato inequívoco de su pueblo: resistir. Trump, en cambio, parece inclinado a escribir un relato donde el gesto pese más que la geopolítica. La diferencia entre ambas lógicas marcará el rumbo de las próximas semanas.