Bruselas planta cara a Washington y defiende su soberanía digital

24 décembre 2025 - 15:20

La decisión de Estados Unidos de imponer restricciones de visado a cinco ciudadanos europeos, entre ellos Thierry Breton, ha provocado una reacción inmediata y poco habitual de firmeza por parte de Bruselas. La Comisión Europea considera estas sanciones un gesto injustificado entre aliados y una injerencia directa en el derecho de la Unión a regular su propio espacio digital.

El trasfondo del conflicto es la aplicación de la Ley de Servicios Digitales, aprobada por los Veintisiete tras un proceso legislativo ordinario y destinada a obligar a las grandes plataformas a retirar contenidos ilegales, proteger a los menores y garantizar reglas de competencia equitativas. Washington acusa a los sancionados de promover una forma de censura contra opiniones estadounidenses. Bruselas rechaza de plano esa interpretación.

Desde París, el ministro francés de Exteriores Jean-Noël Barrot elevó el tono al recordar que las normas digitales europeas carecen de alcance extraterritorial y responden exclusivamente a decisiones soberanas. El mensaje es claro: lo que resulta ilegal fuera de línea en Europa también lo es en internet, sin que ello suponga imponer reglas a terceros países.

El presidente del Consejo Europeo António Costa calificó las sanciones de inaceptables entre socios estratégicos, mientras que la vicepresidenta de la Comisión responsable del área digital, Henna Virkkunen, insistió en que la legislación comunitaria protege derechos fundamentales y no constituye un mecanismo de censura.

Más allá del caso individual de Breton, el episodio revela una fractura más profunda entre Estados Unidos y la Unión Europea sobre el control del poder tecnológico. Para Bruselas, la regulación forma parte de su identidad política y jurídica. Para Washington, representa una amenaza a la libertad de expresión tal como la concibe la actual administración.

En un contexto de tensiones geopolíticas crecientes, la disputa confirma que el espacio digital se ha convertido en un terreno central de soberanía. Europa ha decidido no cederlo.

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