Bruselas mejora las previsiones de la economía europea para 2025 y 2026

24 novembre 2025 - 18:49

La Comisión Europea eleva tres décimas su proyección de crecimiento para España hasta el 2,9% en 2025, el mismo nivel al que lo sube el Gobierno. La economía europea saldrá mejor parada de lo previsto en la guerra comercial con Estados Unidos y de la resistencia del mercado laboral. Las buenas cifras consolidan el crecimiento a la puerta de un año marcado por las incertidumbres de la política comercial de Donald Trump. España se sitúa como motor económico europeo, muy por encima del estancamiento de Alemania y Francia.

La economía europea va a salir mejor parada de lo previsto en la guerra comercial con Estados Unidos y de la resistencia del mercado laboral que sostiene el consumo. Así lo certifica la Comisión Europea en sus previsiones económicas de otoño presentadas este lunes, que elevan tres décimas el pronóstico para España hasta el 2,9% en 2025, el mismo nivel al que lo sube el Gobierno. Se trata de la cifra más alta entre las grandes economías europeas, muy por encima del 0,8% previsto para Alemania y del 1,0% proyectado para Francia. El organismo comunitario prevé para 2025 un crecimiento del 1,4% para la zona euro y del 1,5% para el conjunto de la Unión Europea, consolidando una tendencia de recuperación gradual que se alargará hasta 2026 con tasas del 1,6 y 1,8% respectivamente.

La economía española cerró 2024 con un crecimiento del 3,5%, muy por encima de la media europea y consolidándose como el motor del crecimiento en el Viejo Continente. España superó ampliamente las previsiones iniciales gracias a la fortaleza de la demanda interna, el dinamismo del consumo privado y una inversión empresarial que se ha mantenido resiliente pese a las turbulencias internacionales. La llegada de migrantes, que algunos señalan como elemento desestabilizador, ha sido clave para que la economía tenga más recorrido. La Comisión destaca que la contribución de la emigración al mercado laboral impulsa el crecimiento, aportando trabajadores a sectores que enfrentan escasez de mano de obra y sosteniendo el dinamismo del consumo interno. Este factor diferencial explica en buena medida por qué España duplica el crecimiento medio europeo.

Las proyecciones para 2026 mantienen a España en una posición destacada con un crecimiento previsto del 2,3%, frente al 1,6% de la zona euro. Bruselas subraya que la economía española se beneficia de un círculo virtuoso entre empleo, consumo e inversión que le permite mantener tasas superiores al resto de grandes economías durante todo el horizonte de previsión. La tasa de desempleo española se situará en el 10,4% en 2025, descendiendo al 9,8% en 2026, lo que representa una mejora sustancial pero manteniendo niveles significativamente superiores a la media europea del 5,9 y 5,8% respectivamente. El déficit público español se moderará del 3,2% del PIB en 2024 al 2,5% en 2025 y al 2,3% en 2026, cumpliendo progresivamente con los criterios de estabilidad presupuestaria europeos.

Crecimiento a la puerta de aranceles

El contexto internacional plantea desafíos significativos que la Comisión no oculta en su análisis. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su amenaza de imponer aranceles del 15% a las exportaciones europeas constituye el principal riesgo a la baja para las previsiones. Bruselas reconoce que esta barrera comercial podría reducir el dinamismo de las exportaciones y afectar negativamente a la inversión empresarial, especialmente en sectores como el automóvil donde Europa mantiene una ventaja competitiva frente a Estados Unidos. La Comisión advierte que la incertidumbre derivada de la política comercial estadounidense ya está generando cautela entre los inversores y podría traducirse en perspectivas menos favorables para el consumo privado y la inversión si finalmente se materializan los aranceles.

Para el conjunto de la Unión Europea, la Comisión destaca que el acuerdo alcanzado entre Washington y Bruselas sobre el comercio, así como las mejores cifras de empleo, han permitido revisar al alza las proyecciones de primavera. Los datos del tercer trimestre de 2024 mostraron que la economía europea creció un 0,4% trimestral, duplicando la expansión del segundo trimestre y confirmando que la actividad se enfría algo pero mantiene su pulso de crecimiento. La resistencia del mercado laboral ha sido clave, con una tasa de desempleo en la zona euro que se mantiene en mínimos históricos del 5,9%, sosteniendo la renta disponible de los hogares y, por tanto, el consumo interno que representa dos tercios de la actividad económica europea.

La inmensa mayoría de los países de la Unión Europea presentan previsiones de crecimiento positivas para el bienio 2025-2026, aunque con ritmos muy desiguales. Irlanda lidera el ranking con proyecciones del 4,0 y 3,8%, seguida de Malta con 3,8 y 3,6% respectivamente. En el extremo opuesto, Alemania experimenta un estancamiento preocupante con crecimientos del 0,8 y 1,4%, muy por debajo de su potencial histórico, mientras que Francia apenas alcanza el 1,0 y 1,4%. Italia se sitúa en una posición intermedia con 0,9 y 1,2%. Esta divergencia refleja las diferentes estructuras productivas y vulnerabilidades de cada economía ante los cambios en el entorno global, especialmente la dependencia alemana de las exportaciones industriales y la fragilidad fiscal francesa.

El informe de Bruselas también aborda el proceso desinflacionario que continúa en toda Europa. La inflación disparada que alcanzó máximos históricos en 2022 ha cedido significativamente gracias a la normalización de los precios energéticos y las políticas restrictivas del Banco Central Europeo. Para la zona euro, la inflación se situará en el 2,1% en 2025 y descenderá al 1,9% en 2026, prácticamente en el objetivo del dos% fijado por el BCE. España presentará tasas ligeramente superiores, con un 2,3% en 2025 y 1,7% en 2026, reflejando las tensiones derivadas del dinamismo de su economía. La moderación de la inflación abre la puerta a nuevas rebajas de tipos de interés por parte del BCE, lo que debería impulsar la inversión y el crédito al consumo.

Arranque más suave de lo esperado 

La Comisión identifica varios factores que explican por qué el arranque económico europeo ha sido más suave de lo temido. En primer lugar, la concesión de créditos en condiciones favorables por parte de los bancos centrales europeos durante la pandemia ha permitido a las empresas disponer de liquidez sin recurrir inmediatamente a nueva financiación, amortiguando el impacto de la subida de tipos. Esta ventaja temporal está desapareciendo progresivamente, pero ha dado tiempo a que la economía europea se ajustara sin caer en recesión. Por otro lado, el fondo de recuperación europeo Next Generation EU ha comenzado a desplegar sus efectos con mayor intensidad, inyectando recursos para inversiones en transición verde y digital que sostienen la actividad en sectores estratégicos.

El mercado laboral europeo ha demostrado una resiliencia notable que ha sorprendido a los analistas. A pesar del encarecimiento del crédito y la ralentización del crecimiento, las empresas han mantenido plantillas ante la dificultad para encontrar trabajadores cualificados, especialmente en sectores tecnológicos y de servicios avanzados. Esta rigidez a la baja del empleo ha sostenido la renta disponible de los hogares y ha impedido una contracción más severa del consumo. La recuperación de los salarios reales, una vez descontada la inflación, también ha jugado un papel crucial al devolver poder adquisitivo a las familias europeas que vieron erosionados sus ingresos durante la crisis inflacionista.

Sin embargo, la Comisión alerta sobre riesgos significativos que podrían descarrilar este escenario moderadamente optimista. El contexto geopolítico marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones en Oriente Medio mantiene elevada la incertidumbre sobre los precios energéticos. Una escalada renovada de estos costes podría importar inflación y frenar el proceso de normalización monetaria, obligando al BCE a mantener tipos más altos durante más tiempo. Además, la consolidación fiscal que varios países europeos deben acometer para cumplir con las nuevas reglas presupuestarias podría lastrar el crecimiento si se ejecuta de forma demasiado rápida o concentrada, especialmente en economías con elevados niveles de deuda como Italia, Francia o España.

La llegada de Trump a la Casa Blanca introduce un factor de imprevisibilidad que Bruselas no puede cuantificar con precisión en sus modelos. Más allá de los aranceles, la nueva Administración estadounidense podría adoptar políticas que reduzcan el apoyo a Ucrania o generen fricciones comerciales adicionales con China, afectando indirectamente a las cadenas de valor globales en las que Europa está integrada. La Comisión subraya que si la incertidumbre comercial se materializa en medidas proteccionistas generalizadas, el impacto sobre la confianza empresarial y la inversión podría ser mucho más severo de lo contemplado en el escenario base, reduciendo el crecimiento europeo entre cinco y siete décimas porcentuales.

Lo que sí queda claro es que Europa afronta 2025 y 2026 con cimientos más sólidos de lo anticipado. La superación de la crisis energética, la normalización progresiva de la inflación y la resiliencia del empleo configuran un escenario donde el crecimiento, aunque modesto, resulta sostenible. España emerge como referente dentro de este contexto, demostrando que políticas orientadas a fortalecer la demanda interna, aprovechar el dinamismo demográfico y sostener el empleo pueden generar tasas de crecimiento superiores incluso en un entorno global adverso. El reto para los próximos años será mantener esta senda de expansión mientras se abordan los desequilibrios estructurales que lastran el potencial de crecimiento a largo plazo, desde la elevada tasa de desempleo hasta los niveles de deuda pública que limitan el margen de maniobra fiscal ante futuras crisis.

 

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