La Comisión Europea celebró una reunión especial a puerta cerrada para estudiar cómo endurecer las defensas comerciales frente a las importaciones chinas, tras el aumento de las exportaciones de Pekín que agudiza el desequilibrio en las balanzas comerciales de varios Estados miembros. Francia, Italia, los Países Bajos, Lituania y España suscribieron un documento que critica la insuficiencia de las medidas actuales, aunque el Ministerio de Economía español matizó que no existe «posición cerrada» sobre el asunto.
La Comisión Europea convocó el viernes una sesión especial a puerta cerrada para analizar la creciente presión comercial de China sobre la industria europea y explorar nuevas herramientas de defensa económica. El vicepresidente ejecutivo de la Comisión al frente de Industria, el francés Stéphane Séjourné, avanzó en declaraciones al Financial Times que Bruselas sopesa ampliar el uso de cuotas de importación y de aranceles para proteger sectores considerados críticos frente a la competencia desleal: el químico, el siderúrgico y el de las tecnologías limpias. «Nuestro objetivo no es romper con China, sino lograr un reequilibrio real y adoptar medidas concretas que nos permitan conseguirlo», declaró el comisario francés, una de las voces más partidarias de una línea dura con Pekín dentro del equipo de Ursula von der Leyen.
La reunión se produce en un momento en que el desequilibrio comercial entre China y varios países europeos se ha agudizado como consecuencia del aumento de las exportaciones chinas, en parte impulsado por la reorientación de flujos comerciales derivada de la guerra arancelaria con Estados Unidos. El Ejecutivo comunitario tiene previsto revisar en los próximos meses los mecanismos de defensa comercial disponibles, incluidos los derechos antidumping y las medidas contra las subvenciones, con el objetivo de dotarlos de mayor agilidad. La intención de Séjourné es recurrir a las cláusulas de salvaguardia «de forma más generalizada, aplicándolas a sectores y no solo a empresas o materias primas concretas».
Séjourné y el giro proteccionista europeo
Francia encabeza el bloque de países que empuja por un endurecimiento de la política comercial europea frente a China y fue una de las naciones que suscribió el lunes un documento interno en el que se sostiene que las medidas actuales adolecen de «largos retrasos, un ámbito de aplicación limitado y una fácil elusión». El texto, al que ha tenido acceso La Vanguardia, fue también firmado por Italia, los Países Bajos y Lituania. El diagnóstico compartido es que el arsenal defensivo existente no está a la altura del volumen y la velocidad de las exportaciones chinas que compiten en condiciones asimétricas con la producción europea.
El giro proteccionista refleja un cambio de clima en Bruselas que se ha acelerado en los últimos meses. La Comisión ya ha adoptado aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos y ha abierto investigaciones en otros sectores. La propuesta de Séjourné va más allá: ampliar el paraguas de las salvaguardias a categorías industriales completas, no solo a productos o empresas concretas. Ese enfoque sectorial implicaría una intervención más sistemática en los flujos de importación y generaría, previsiblemente, una respuesta proporcional por parte de Pekín en sectores donde la Unión Europea (UE) tiene intereses exportadores relevantes, como la maquinaria, los productos agroalimentarios o los bienes de lujo.
España en el documento, España en la matización
La presencia de España entre los signatarios del documento crítico con las prácticas comerciales chinas sorprendió a varios observadores por chocar con la diplomacia habitual de Madrid con Pekín, tradicionalmente más cauta que la de París o Berlín. Sin embargo, el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa se apresuró a matizar el alcance de esa adhesión. Fuentes del departamento precisaron que España participó en la reunión como parte de «una discusión técnica, abierta y en marcha, sobre la que no hay posición cerrada todavía». El ministerio añadió que en ningún caso «se hace referencia a ningún país concreto ni se persigue un objetivo de naturaleza discriminatoria o proteccionista».
La aclaración revela la incomodidad del Gobierno español ante la posibilidad de que su participación en el documento sea interpretada como un giro hacia el proteccionismo o como un alejamiento de la línea de equilibrio que Madrid ha mantenido históricamente con Pekín. España es el quinto exportador de la UE a China y mantiene una relación comercial que, aunque deficitaria, implica flujos relevantes en sectores como el automóvil, el agroalimentario y el turismo. Alinearse con Francia en una ofensiva arancelaria contra las importaciones chinas tendría consecuencias potenciales sobre esos intercambios que el Ministerio de Economía no parece dispuesto a asumir sin un análisis más detenido.
La respuesta de Pekín
China no ha esperado al resultado de la reunión de la Comisión para fijar su posición. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, desafió a Bruselas con una advertencia directa: «Ya se trate de reducir el riesgo, disminuir la dependencia o del llamado equilibrio comercial, todo ello es, en esencia, proteccionismo». Mao recordó que nadie está obligado a comerciar con China y advirtió que Pekín «no dudará en tomar todas las medidas necesarias para proteger sus intereses». La portavoz rechazó además la tesis europea de que las prácticas comerciales chinas son desleales, acusando a la UE de utilizar los datos de forma selectiva para justificar sus decisiones.
El tono de la respuesta china anticipa que cualquier endurecimiento de las medidas comerciales europeas derivará en un pulso de consecuencias difíciles de calibrar para ambas partes. La UE depende de China en componentes críticos para la transición energética —tierras raras, baterías, paneles solares— y Pekín es el segundo mercado de destino de las exportaciones comunitarias después de Estados Unidos. El debate abierto en Bruselas no es solo sobre aranceles: es sobre hasta dónde está dispuesta la UE a arriesgar esa interdependencia en nombre de la autonomía estratégica industrial que Von der Leyen lleva años impulsando.