La Comisión Europea ha presentado una propuesta para reservar al menos dos tercios del espectro satelital móvil europeo a empresas de propiedad comunitaria, con exclusión explícita de operadores extranjeros en el segmento de comunicaciones gubernamentales y militares. La iniciativa, que deberá negociarse con el Consejo y el Parlamento Europeo, afecta directamente a plataformas como Starlink de Elon Musk o el Project Kuiper de Amazon y responde al distanciamiento estratégico entre Bruselas y Washington.
La Comisión Europea ha dado un paso significativo hacia la autonomía tecnológica del bloque en el espacio exterior. La propuesta, presentada esta semana en Bruselas, establece que al menos dos tercios del espectro satelital móvil europeo quedará reservado a empresas de titularidad comunitaria, cerrando el acceso de operadores estadounidenses al segmento más sensible: las comunicaciones gubernamentales, de seguridad y de uso militar. La vicepresidenta de Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, defendió la iniciativa con una argumentación que apunta directamente al contexto geopolítico: «Tenemos que estar siempre atentos a todas nuestras tecnologías, especialmente a nuestra infraestructura digital y a nuestra infraestructura crítica».
El detonante inmediato de la propuesta es la expiración, en mayo de 2027, de los contratos de las operadoras estadounidenses Viasat y EchoStar, que hasta ahora prestaban servicios de comunicaciones satelitales en territorio europeo. Bruselas prevé prorrogar esos contratos de forma transitoria para ganar tiempo y alcanzar un acuerdo con el Consejo —que representa a los Gobiernos de los Veintisiete— y el Parlamento Europeo antes de adjudicar las nuevas licencias. La Comisión reconoció que toma esta decisión teniendo en cuenta el «contexto geopolítico global», en referencia explícita a las tensiones acumuladas entre las grandes plataformas tecnológicas de Estados Unidos y las regulaciones del bloque.
Un mercado dividido en tres franjas
El núcleo de la propuesta es la creación de un sistema unificado de autorizaciones para los servicios móviles por satélite, que sustituiría la actual fragmentación de 27 marcos nacionales distintos. Bajo ese sistema, el espectro disponible se dividiría en tres segmentos de igual tamaño. El primero estará reservado en exclusiva a operadores europeos para uso gubernamental: comunicaciones críticas, de seguridad y aplicaciones militares. El segundo también quedará restringido a empresas comunitarias, pero para uso comercial, con el objetivo de impulsar startups y operadores innovadores del sector espacial en Europa. Solo el tercero estará abierto a la competencia global, con acceso tanto a empresas de la Unión Europea (UE) como a operadoras extracomunitarias.
Esta arquitectura tripartita supone un cambio sustancial respecto al modelo vigente. Hasta ahora, compañías como Starlink podían aprovechar la heterogeneidad regulatoria entre los Veintisiete para expandirse en el mercado europeo sin restricciones de origen. Con el sistema de autorización única, si la propuesta prospera, será la Comisión Europea quien determine qué operadores pueden acceder a cada segmento del espectro, centralizando una competencia que hasta ahora se ejercía de forma dispersa a escala nacional.
Las condiciones que excluyen a Silicon Valley
Los requisitos de admisibilidad para el segmento gubernamental y militar constituyen la pieza más restrictiva de la propuesta y contienen un mensaje inequívoco para los grandes operadores estadounidenses. Para gestionar comunicaciones en ese primer segmento, la empresa debe ser una entidad legal establecida en la UE, controlada exclusivamente por la Unión, sus estados miembros o sus nacionales, y no puede estar sujeta al control de un tercer país por motivos de seguridad. Esas condiciones excluyen por definición a Starlink —filial de SpaceX, controlada por Elon Musk— y al Project Kuiper, la constelación satelital de Amazon impulsada por Jeff Bezos.
La propuesta contempla, sin embargo, una excepción geográfica para aliados estratégicos con marcos normativos afines. El Reino Unido y Noruega podrán acceder a las licencias reservadas a europeos siempre que armonicen su legislación con la normativa comunitaria aplicable. Esta apertura selectiva refleja la voluntad de Bruselas de construir una arquitectura de soberanía tecnológica que no se limite al perímetro de los Veintisiete, sino que se extienda a países con orientación estratégica equivalente y cooperación en materia de defensa.
IRIS2 y el calendario de la propuesta
La propuesta de la Comisión se articula en paralelo con el desarrollo de IRIS2, la constelación de satélites europea de conectividad segura en la que participa la operadora española Hispasat y que debería estar operativa en 2030. Bruselas busca que los nuevos operadores habilitados bajo el sistema de autorizaciones unificadas se integren en esa infraestructura, lo que convertiría a IRIS2 en la columna vertebral de las comunicaciones satelitales críticas del bloque. El proyecto representa la apuesta europea por disponer de una alternativa propia a las constelaciones de baja órbita dominadas por actores privados estadounidenses.
El calendario político es exigente. La propuesta debe negociarse en trílogo antes de que expiren las licencias de Viasat y EchoStar en mayo de 2027, lo que deja un margen inferior a un año para alcanzar un acuerdo entre la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo. Virkkunen no ocultó que la iniciativa tendrá resistencias al otro lado del Atlántico, pero encuadró la decisión como una exigencia de soberanía que el contexto actual hace ineludible. La propuesta sitúa a la UE en una posición de mayor control sobre sus infraestructuras de comunicación críticas en un momento en que el espacio se consolida como dominio estratégico de primer orden.