Activistas locales denuncian el cierre de espacios públicos y la glorificación de la riqueza extrema. El evento se celebra en medio de un creciente malestar urbano.
Jeff Bezos, fundador de Amazon, y la presentadora Lauren Sánchez llegaron esta semana a Venecia para celebrar su boda, prevista como un evento privado de alto perfil. La ceremonia ha reunido a unas 200 celebridades, entre ellas Mick Jagger, Oprah Winfrey, Ivanka Trump y Leonardo DiCaprio. Pero también ha encendido una oleada de protestas ciudadanas que critican la desigualdad, la privatización del espacio público y el impacto del turismo de élite en una ciudad que sufre una crisis habitacional y ambiental persistente.
Bajo el lema “No hay espacio para Bezos”, una docena de colectivos locales —entre ellos redes de vivienda, plataformas universitarias y activistas contra los cruceros— desplegaron pancartas, organizaron marchas y realizaron una acción simbólica en la que un maniquí de Bezos, aferrado a una caja de Amazon, flotaba por el Gran Canal con billetes falsos en las manos.
Los organizadores aseguran que no protestan contra la boda en sí, sino contra “la concentración obscena de riqueza, el control mediático y la mercantilización de Venecia”. Algunos grupos, como Greenpeace o la asociación británica Everyone Hates Elon, se sumaron a las acciones en solidaridad.
Originalmente, los colectivos planeaban bloquear el acceso acuático al lugar del evento. Sin embargo, tras denunciar públicamente el cierre de canales, afirman que los organizadores trasladaron el festejo al Arsenale, una zona más controlable fuera del núcleo turístico. La protesta final será una marcha festiva desde la estación de tren.
“Queremos mostrar qué tipo de ciudad defendemos: abierta, viva y habitada, no una postal de lujo para millonarios”, explicó Federica Toninello, de la Red de Vivienda Social.
A diferencia de bodas anteriores, como la de George Clooney en 2014, celebrada con simpatía ciudadana, la de Bezos genera rechazo. Su figura —vinculada a condiciones laborales precarias, beneficios fiscales y relaciones con Donald Trump— representa para muchos una versión extrema del capitalismo extractivo.
El alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro, elogió el evento y lo calificó como “un honor para la ciudad”, minimizando su impacto. Mientras tanto, el instituto científico Corila, dedicado a la protección ambiental de la laguna, reveló haber recibido una importante donación del Earth Fund de Bezos, iniciada —según afirman— antes de las protestas.
Pese al gesto filantrópico, para muchos venecianos, la boda simboliza una ciudad vendida al mejor postor, donde la inversión en vivienda asequible, servicios básicos y regulación turística sigue sin ser prioridad.