Bangkok – La escalada de tensiones en Oriente Medio y el riesgo de interrupción del tráfico energético en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20 % del petróleo y del gas natural licuado del mundo, ha llevado a varios países asiáticos a adoptar medidas urgentes de ahorro energético.
Ante las amenazas de Irán de bloquear esta vía estratégica —que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán—, gobiernos de Asia han comenzado a aplicar recortes de jornada laboral, teletrabajo, racionamiento de combustible e incluso cierres temporales de universidades.
El continente asiático es el más expuesto a la crisis: entre el 84 % y el 90 % del petróleo que sale por Ormuz tiene como destino Asia, junto con cerca del 83 % del gas natural licuado, según datos de la consultora Kpler y de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
Mientras tanto, la volatilidad se ha trasladado al mercado petrolero. El barril llegó a superar los 100 dólares, aunque posteriormente moderó su subida tras declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, que insinuó que el conflicto podría resolverse pronto.
Japón, Corea del Sur y China vigilan el mercado
En Corea del Sur, el presidente Lee Jae-myung ha pedido preparar un límite al precio del combustible, una herramienta que el país no utilizaba desde la crisis financiera asiática de 1997.
En Japón, la primera ministra Sanae Takaichi advirtió ante el Parlamento que el Gobierno actuará “antes de que sea demasiado tarde” para contener el impacto del encarecimiento energético. Tokio estudia incluso liberar reservas estratégicas de petróleo, en coordinación con los países del G7.
Por su parte, China, principal comprador de crudo iraní, aseguró que tomará “las medidas necesarias” para garantizar la estabilidad de su suministro energético. Pekín recibe a través de Ormuz alrededor del 45 % del petróleo que importa.
Sudeste asiático: teletrabajo y control del combustible
En el sudeste asiático, algunos gobiernos ya han aplicado medidas concretas.
Filipinas ha reducido a cuatro días la semana laboral en varios departamentos públicos para disminuir el consumo de combustible.
En Birmania (Myanmar), la junta militar ha comenzado a racionar el combustible y limitar la circulación de vehículos.
Tailandia, altamente dependiente de las importaciones energéticas, ha congelado durante quince días el precio del diésel y ha ordenado teletrabajo para parte del personal público, además de lanzar campañas para reducir el consumo eléctrico.
Sur de Asia: cierres educativos y austeridad
La crisis también ha obligado a actuar a países del sur de Asia.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció un paquete de austeridad que incluye el cierre de escuelas y universidades durante dos semanas y la reducción a cuatro días de trabajo en oficinas gubernamentales.
El Gobierno también ha recortado a la mitad el combustible asignado a vehículos oficiales y ha pedido a empresas públicas y privadas que implanten el teletrabajo para al menos la mitad de sus empleados.
En Bangladés, las autoridades han decidido cerrar todas las universidades hasta el final del Ramadán y limitar el uso de aire acondicionado y alumbrado para ahorrar energía.
Mientras tanto, India —uno de los mayores importadores de petróleo del mundo— ha advertido de que la escalada del conflicto representa una amenaza “grave” para su seguridad energética, en un contexto de creciente incertidumbre sobre el futuro del tránsito petrolero en el estrecho de Ormuz.