El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, viajará este jueves y viernes a Argelia en la que será su primera visita oficial al país desde que estalló la crisis diplomática de 2022, desencadenada por el apoyo del presidente Pedro Sánchez al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. El desplazamiento incluirá paradas en Argel y Orán y tiene como objetivo preparar una cumbre bilateral entre Sánchez y el presidente argelino, Abdelmayid Tebune.
El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, anunció este martes que viajará a Argelia el jueves 26 y el viernes 27 de marzo, en la que será su primera visita oficial al país magrebí desde que asumió el cargo. El desplazamiento, que incluirá paradas en la capital, Argel, y en la ciudad costera de Orán, pone fin a más de cuatro años de distancia diplomática y abre formalmente la fase de preparación de una cumbre de alto nivel entre los presidentes Pedro Sánchez y Abdelmayid Tebune. «Argelia es un país vecino, un socio estratégico, un amigo de España, con el que compartimos fuertes intereses comunes», subrayó Albares al anunciar el viaje, comenzando por «el futuro y la estabilidad en el Mediterráneo».
La visita tiene un precedente fallido que forma parte inevitable del contexto diplomático. En febrero de 2024, Albares tenía previsto viajar a Argel para consumar el deshielo bilateral, pero el desplazamiento fue cancelado en el último momento por discrepancias en la agenda: el Gobierno argelino no estaba dispuesto a excluir de las conversaciones la cuestión del Sáhara Occidental, que Madrid había intentado dejar al margen. Ese episodio enfrió temporalmente el proceso de normalización, aunque no lo interrumpió. Esta vez, las fuentes diplomáticas consultadas coinciden en que no se han fijado condiciones previas y en que el presidente Tebune recibirá a Albares en audiencia, algo que no ocurrió hace dos años.
Una visita que lleva cuatro años pendiente
El origen de la crisis se remonta a marzo de 2022, cuando se hizo pública una carta del presidente Sánchez al rey Mohamed VI de Marruecos en la que el jefe del Ejecutivo español respaldaba el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como «la base más sólida, creíble y realista» para resolver el conflicto. España rompía así con décadas de neutralidad oficial en un contencioso que enfrenta a Rabat y Argel como los dos principales actores del Magreb. La respuesta argelina fue inmediata: Tebune llamó a consultas a su embajador en Madrid, Said Moussi, y en junio de ese año suspendió el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación que vinculaba a ambos países desde 2002.
El proceso de descongelación avanzó a ritmo lento durante los tres años siguientes. Argelia designó un nuevo embajador en Madrid a finales de 2023, levantó los vetos comerciales a lo largo de 2024 y se mostró receptiva a los sucesivos encuentros entre Albares y su homólogo argelino, Ahmed Attaf, en los márgenes del Grupo de los Veinte (G20) en Johannesburgo en febrero y noviembre de 2025, y en Madrid el pasado 8 de marzo de 2026, cuando Attaf se desplazó a la capital española para participar en una reunión sobre el Sáhara convocada por Estados Unidos. Fue en ese último encuentro donde los equipos diplomáticos de ambos países acordaron preparar la visita que ahora se materializa. El Tratado de Amistad, sin embargo, sigue sin ser reactivado.
El gas argelino, factor de peso renovado
La visita de Albares se produce en un contexto geopolítico que otorga a Argelia una centralidad energética reforzada. El país norteafricano suministra aproximadamente el 38% del gas natural que consume España, lo que lo convierte en el principal proveedor exterior de un recurso cuya importancia estratégica se ha intensificado desde el inicio de la guerra en Irán y la consiguiente presión sobre los mercados energéticos mundiales. Albares destacó expresamente este factor al anunciar el viaje, calificando a Argelia de suministrador de gas «de primer orden y fiable» en el actual contexto internacional. El ministro español visitará también Orán, sede de las infraestructuras del gasoducto Medgaz, que conecta directamente Argelia con España a través del Mediterráneo.
Las cifras comerciales ilustran la envergadura económica de la relación bilateral y el coste que tuvo su deterioro. Las exportaciones españolas a Argelia sumaban 1.888 millones de euros en 2021, antes de la crisis. Ese volumen se hundió hasta 1.017 millones en 2022 —con seis meses de bloqueo efectivo— y llegó al mínimo histórico de 332 millones en 2023. La recuperación posterior fue significativa: el comercio bilateral aumentó un 143% a lo largo de 2024. El intercambio total entre ambos países alcanza actualmente los 7.000 millones de euros anuales, cifra que refleja la magnitud de los intereses compartidos que el Gobierno pretende consolidar con esta visita.
Hoja de ruta hacia una cumbre bilateral
El objetivo declarado del viaje de Albares es preparar la primera Reunión de Alto Nivel entre España y Argelia desde 2018, un encuentro entre Sánchez y Tebune cuya sede —Madrid o Argel— no ha sido confirmada. El presidente argelino no ha visitado España desde que llegó al poder en diciembre de 2019, y la última visita de Sánchez a Argelia data de octubre de 2020, antes de la ruptura diplomática. Fuentes diplomáticas apuntan a que uno de los asuntos pendientes en la agenda es la cuestión de los visados, ya que España y Argelia no aplican la modalidad de visado en frontera y los consulados españoles en el país magrebí acumulan demoras considerables en la tramitación de solicitudes, una fuente de tensión recurrente en la relación bilateral.
El Gobierno de Sánchez persigue con esta normalización un doble objetivo geopolítico: mantener simultáneamente una relación fluida con Marruecos y con Argelia, dos potencias regionales históricamente rivales, en un momento en que el conflicto del Sáhara parece encarrilado pero, en estos momentos, sigue sin una resolución definitiva. Ese equilibrio fue precisamente el que se rompió en 2022 al inclinar España su posición hacia Rabat. La visita de Albares a Argel, cuatro años después, es la señal más clara hasta la fecha de que Madrid intenta recuperar el terreno perdido en la orilla sur del Mediterráneo sin renunciar a ninguna de las dos relaciones estratégicas que sostienen su proyección en la región.