El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, argumentó ante el diario francés Libération que el veto a las bases y al espacio aéreo es una decisión de principio amparada en la Carta de las Naciones Unidas, no una postura de confrontación con Washington. Albares rechazó también el objetivo del 5% del PIB en defensa y reclamó un salto de la Unión Europea en soberanía e independencia económica.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, concedió el martes una entrevista exclusiva al diario francés Libération en la que ofreció la defensa más articulada hasta la fecha de la política exterior española ante la guerra de Irán. Realizada en el palacio de Viana, sede histórica del Ministerio, la pieza cubre los tres grandes frentes del posicionamiento español: el fundamento jurídico del veto a las bases y el espacio aéreo, el debate sobre el gasto en defensa y la posición de España ante el conflicto en Oriente Medio. Albares la arrancó con una frase que condensa su diagnóstico del desorden global: «Para ciertos países, la guerra hace las veces de política exterior».
Sobre la decisión de cerrar el espacio aéreo a los aviones militares estadounidenses vinculados al conflicto y de bloquear el uso de las bases de Rota y Morón para la operación, el ministro precisó que ambas medidas se tomaron desde el inicio de los combates, no como reacción a las presiones diplomáticas posteriores. Albares invocó el convenio bilateral de defensa suscrito con Washington en 1988, que reconoce la soberanía española sobre esas instalaciones, y situó la postura en el marco de la Carta de las Naciones Unidas (ONU). La conclusión era directa: «No queremos hacer nada que pueda alentar una escalada del conflicto».
El fundamento legal del veto
Preguntado por las acusaciones de mal aliado lanzadas desde Washington y Jerusalén, Albares estableció una distinción que considera esencial. España cumple sus compromisos con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): soldados suyos garantizan la seguridad aérea de los países bálticos, hay tropas desplegadas en Rumanía y participa en la misión de paz en el Líbano. Lo que rechaza es poner bases e infraestructura al servicio de una guerra iniciada, a su juicio, en vulneración directa del Derecho internacional. Esa línea, subrayó el ministro, no la cruzará el Gobierno bajo ninguna circunstancia ni ante ningún interlocutor.
La entrevista también abordó el debate sobre el gasto en defensa. Donald Trump ha exigido a los aliados europeos que eleven su contribución al 5% del Producto Interior Bruto (PIB), una demanda que Albares rechazó con un argumento diferente al de otros socios europeos. Para el ministro español, la discusión está mal planteada desde el principio: «el debate no debe centrarse en porcentajes». Lo que importa, argumentó, son las capacidades reales para hacer frente a las amenazas, y España ya destina el 2,1% de su PIB a defensa, nivel al que se comprometieron formalmente los miembros de la OTAN en sus últimas cumbres.
El salto europeo en soberanía
Albares utilizó la entrevista para proyectar una visión más amplia del papel de Europa en el nuevo orden internacional. La guerra de Irán, sostuvo, obliga al continente a acelerar lo que denominó el «salto en soberanía e independencia económica» de la Unión Europea (UE). España, destacó, es uno de los países más pro-europeos del bloque y el que registra mayor crecimiento de la zona euro, lo que la sitúa en posición de impulsar ese proceso de redefinición estratégica. El proyecto europeo, precisó, no es una apuesta contra nadie, sino un modelo de relaciones internacionales fundado en el diálogo y en la paz duradera.
El ministro describió como «fluida e incluso cordial» su trato personal con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y precisó que ambos mantienen habitualmente sus conversaciones en español. La tensión entre los dos Ejecutivos no ha interrumpido, según Albares, la comunicación directa entre sus diplomacias. España, insistió, defiende los mismos principios fundamentales del Derecho internacional frente a todos sus interlocutores —el Derecho internacional humanitario, la soberanía de los Estados, la paz en Ucrania, en Gaza y en Irán— con independencia de quién sea el destinatario del mensaje.
Oriente Medio y la acusación de antisemitismo
La tercera parte de la entrevista se adentró en el conflicto en Oriente Medio. Albares reafirmó el reconocimiento español al derecho de Israel a existir en paz y seguridad, calificó a Hamás de «organización terrorista que debe desaparecer» y defendió la solución de dos Estados como única salida viable. Pero fue taxativo en lo que respecta a la escalada: «Nunca aceptaré que la única relación posible en Oriente Medio sea la violencia». La postura española defiende simultáneamente la seguridad de los ciudadanos israelíes y el derecho del pueblo palestino a un Estado con continuidad territorial y capital en Jerusalén Este.
El ministro respondió también a la acusación del Gobierno israelí de que España mantiene una postura antisemita. Su respuesta fue directa: «Es absurda y difamatoria». Ninguna decisión del Ejecutivo, argumentó, va dirigida contra el Estado o el pueblo de Israel; todas van contra las violaciones del Derecho internacional humanitario. España se reúne regularmente con representantes de las comunidades judías a través de la Casa Sefarad Israel, organismo dependiente del Ministerio cuyos objetivos incluyen combatir el antisemitismo y promover la cultura judía como parte del patrimonio histórico español.
Albares cerró la entrevista con un diagnóstico sobre el momento histórico: «Vivimos un momento de ruptura en el orden internacional, pero no es el momento de ceder al pesimismo». El ministro apostó por la salida diplomática al conflicto, invocó el multilateralismo como única arquitectura de convivencia sostenible y reclamó una política exterior española dotada de identidad propia. La guerra de Irán, en su lectura, no es solo un conflicto geopolítico: es el momento en que se define si Europa es capaz de hablar con una voz que no dependa de la lógica de ninguna otra potencia.