Activistas de la flotilla denuncian abusos tras deportación de Israel

05 octobre 2025 - 07:00

La interceptación de la flotilla Global Sumud por parte de Israel ha desatado una oleada de indignación internacional. Los testimonios de los activistas deportados, que aseguran haber sido “tratados como animales”, revelan la crudeza de un episodio que vuelve a colocar en el centro del debate la vigencia del bloqueo sobre Gaza y la criminalización de quienes intentan romperlo.

La flotilla había zarpado en septiembre desde Barcelona con 45 embarcaciones cargadas de ayuda humanitaria. Entre sus participantes figuraban políticos, defensores de derechos humanos y la activista climática Greta Thunberg. El objetivo era llegar a un territorio palestino que, según Naciones Unidas, enfrenta niveles de hambruna. Sin embargo, la expedición fue interceptada en aguas internacionales por la marina israelí, que detuvo a más de 400 personas.

En Estambul, donde llegaron los primeros 137 deportados, los relatos coincidieron en describir humillaciones, golpes, amenazas y privaciones básicas. Paolo Romano, político italiano, resumió la experiencia con una frase contundente: “Nos trataron como animales”. A su lado, activistas de Malasia, América Latina y Europa denunciaron haber sido esposados y forzados a permanecer en el suelo durante horas.

El gobierno turco calificó la operación como un “acto de terrorismo” y abrió una investigación. Familias y colectivos sociales recibieron a los liberados con banderas palestinas y turcas, mientras acusaban a Israel de asesinato. La reacción no se limitó al ámbito mediterráneo. En América Latina también hubo expresiones de solidaridad, con especial énfasis en Argentina, Brasil, Colombia y México, países con activistas a bordo.

Lo ocurrido es una evidencia de que la solidaridad internacional con Palestina se enfrenta a crecientes intentos de disuasión y castigo. Israel defendió en redes sociales la operación, calificando a los participantes de “provocadores”. Sin embargo, la magnitud de la flotilla y la diversidad de sus integrantes demuestran que la causa palestina sigue movilizando conciencias más allá de Oriente Medio.

Cada testimonio de la flotilla refuerza una convicción: la lucha por la dignidad no puede ser reprimida indefinidamente. En esa travesía interrumpida se refleja un mundo en el que la sociedad civil busca abrir grietas a la indiferencia y dar voz a quienes siguen viviendo bajo asedio.

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