40 años del referéndum de la OTAN: claves del peor momento de España en la Alianza Atlántica

12 mars 2026 - 21:55

Cuatro décadas después de que los españoles avalaran la permanencia en la Alianza Atlántica, el aniversario llega marcado por la mayor tensión en esa relación desde la adhesión en 1982: el veto a las bases de Rota y Morón para las operaciones en Irán, el rechazo al objetivo del 5% del PIB en gasto de defensa y las amenazas directas del presidente estadounidense Donald Trump sitúan a España ante una encrucijada sin precedentes recientes.

El 12 de marzo de 1986, más de 20 millones de españoles acudieron a las urnas para resolver una de las preguntas más divisivas de la recién estrenada democracia: si el país debía permanecer en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El resultado fue ajustado pero suficiente para el Gobierno de Felipe González: el 52,5% votó a favor, el 39,9% en contra y un 6,5% se abstuvo, con una participación cercana al 60%. Aquel plebiscito selló la integración plena de España en el bloque occidental y pareció cerrar un debate que durante años había dividido a la sociedad.

Cuatro décadas después, ese debate regresa con una intensidad que pocos habrían anticipado. El aniversario coincide con el momento de mayor tensión entre España y la Alianza desde su adhesión en 1982: el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha vetado el uso de las bases militares de Rota, en Cádiz, y Morón de la Frontera, en Sevilla, para las operaciones estadounidenses e israelíes contra Irán, ha rechazado el objetivo de gasto del 5% del Producto Interior Bruto (PIB) fijado en la última cumbre aliada y encaja críticas y amenazas directas desde Washington. El referéndum de 1986 puso a España ante la comunidad internacional; el de su herencia, en 2026, la pone ante sus propias contradicciones.

  1. El referéndum que partió a España en dos

El proceso de adhesión a la OTAN no comenzó con un referéndum, sino con una decisión de Gobierno. Leopoldo Calvo Sotelo incorporó a España en la Alianza en 1982 sin consultar a la ciudadanía, en un momento en que el país buscaba consolidar su credibilidad internacional durante la Transición democrática. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) había llegado a las elecciones de ese año con el eslogan «OTAN, de entrada no», convirtiendo el rechazo a la Alianza en una de sus señas de identidad más reconocibles. La victoria aplastante de González en octubre de 1982 parecía abrir el camino a una eventual salida.

Sin embargo, una vez instalado en La Moncloa, González rectificó su posición de forma progresiva. La historiadora Giulia Quaggio, especialista en la Europa de posguerra, señala que la permanencia en la OTAN llegó a presentarse como «condición necesaria» para el acceso a la Comunidad Económica Europea (CEE), hoy Unión Europea (UE). El giro llevó a la dimisión del ministro de Exteriores, Fernando Morán, y encendió un agrio debate interno en el partido. Para gestionar esa contradicción entre promesas electorales y nueva estrategia, el Ejecutivo convocó el referéndum con tres condiciones: que España no se integrara en la estructura militar de la Alianza, que no se instalaran armas nucleares en suelo nacional y que se redujera la presencia militar estadounidense. El catedrático de Ciencia Política Fernando Vallespín califica el viraje de González como «más que lógico» dado el contexto europeo del momento.

  1. Las tres condiciones que ya no se cumplen

De las tres condiciones acordadas en el referéndum de 1986, la más determinante dejó de aplicarse el 1 de enero de 1999. Bajo el Gobierno de José María Aznar, y tras casi tres años de negociaciones, España se integró plenamente en la estructura militar de la OTAN, anulando la primera y más simbólica de las garantías ofrecidas a los votantes. Sus defensores argumentaron que tener voz plena en la Alianza requería participar en sus órganos de decisión. La segunda condición, relativa a la prohibición de armas nucleares, se mantiene formalmente en vigor hasta hoy.

La tercera condición, que exigía una reducción progresiva de la presencia militar estadounidense, evolucionó en sentido contrario. Las bases de Rota y Morón de la Frontera no solo no redujeron su actividad, sino que la ampliaron de forma significativa. Rota acoge desde 2015 el escudo antimisiles de la OTAN y alberga de manera permanente varios destructores de la Armada de Estados Unidos. Vallespín describe los contextos de 1982 y 1999 como «radicalmente distintos» y apunta que la Alianza ha tenido que «aclararse para qué sirve» tras décadas de transformación que la alejaron del marco de la Guerra Fría en el que nació.

  1. El gasto en defensa: el pulso con Trump y la Alianza

Cuando Sánchez llegó a la presidencia en 2018, el gasto español en defensa apenas alcanzaba el 0,92% del PIB, en torno a 11.172 millones de euros. En los años siguientes la inversión fue creciendo de forma sostenida, impulsada por las presiones aliadas y por el impacto de la guerra de Rusia en Ucrania. Las estimaciones de la OTAN sitúan el gasto en 2025 en el 2% del PIB, con 33.123 millones de euros, lo que supone el cumplimiento por primera vez del objetivo acordado en 2014 entre los países miembros, un hito que el Ejecutivo presenta como prueba de su compromiso con la seguridad colectiva.

Sin embargo, en la cumbre de La Haya celebrada en junio de 2025, los aliados elevaron el listón al 5% del PIB para 2035, una cifra impulsada por Washington y respaldada por la mayoría de los miembros. España fue el único país que votó en contra, comprometiéndose a limitar su aportación al 2,1% por razones de sostenibilidad fiscal. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha señalado que ese porcentaje resulta insuficiente ante las amenazas actuales. Trump ha ido más lejos y ha calificado a España de «país perdedor» que «no juega en equipo», advirtiendo de que no está dispuesto a «jugar con ellos».

  1. Las bases de Rota y Morón: el detonante de la crisis

El punto de mayor fricción llegó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron sus operaciones militares contra Irán. El Gobierno negó a Washington el uso de las bases de Rota y Morón para llevar a cabo esos ataques, argumentando que España no puede «compartir operaciones que no respeten el ordenamiento jurídico internacional». La decisión reactivó en el discurso de Sánchez el lema «No a la guerra» y abrió el frente diplomático más grave de la legislatura, con la relación bilateral hispano-estadounidense en su punto más bajo en décadas.

La respuesta de Trump fue inmediata y contundente. El presidente estadounidense acusó a España de no cooperar «en absoluto» dentro de la Alianza, amenazó con un bloqueo comercial y la tildó de «aliado terrible». Vallespín considera, no obstante, que tanto esa amenaza como la hipótesis de trasladar las instalaciones a otro territorio son opciones «no viables a corto plazo»: «La base de Rota es imprescindible. Podrían llevarla a Marruecos, pero sería un coste enorme». La tensión continúa sin resolución y marca el pulso diplomático de las próximas semanas.

  1. ¿Qué margen real tiene España dentro de la Alianza?

El Ejecutivo sostiene que la contribución española a la seguridad colectiva no puede reducirse a un porcentaje del PIB. Madrid apunta a su participación en misiones internacionales, al valor geoestratégico de sus instalaciones en el Atlántico y el Mediterráneo, y a su papel como interlocutor entre Europa, América Latina y el norte de África. Asimismo, el Gobierno recuerda que el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa compromete 10.471 millones de euros adicionales, cifra que considera suficiente para cumplir con los objetivos de capacidades operativas pactados con la Alianza.

El debate de fondo que reabre este aniversario trasciende los porcentajes. El analista Eduardo Bayón lo resume con precisión: «El contexto de hace 40 años tiene poco que ver con el actual». La OTAN de 2026 es una organización profundamente distinta a la que avalaron los españoles en 1986: un socio estadounidense abiertamente transaccional, una Europa que acelera su rearme autónomo y una agenda de seguridad más exigente que en cualquier momento desde la Guerra Fría. España deberá negociar su posición en ese escenario con la doble presión de sus aliados y de un debate interno sobre defensa y soberanía que este aniversario vuelve, cuarenta años después, a poner sobre la mesa.

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