Kristalina Georgieva destaca el impulso de las inversiones en infraestructuras tecnológicas, aunque advierte de que la inestabilidad energética continúa frenando la economía. Desde Bangkok, la directora del Fondo Monetario Internacional reclama electricidad, conectividad, formación y garantías de seguridad para extender los beneficios de la IA.
La inteligencia artificial comienza a desempeñar un papel cada vez más visible en la evolución de la economía mundial. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, aseguró este lunes, 12 de octubre, en Bangkok que las fuertes inversiones destinadas a desarrollar infraestructuras de IA están contribuyendo a mantener el crecimiento global en torno al 3 %, pese a las tensiones que afectan a los mercados energéticos.
La responsable del organismo financiero internacional realizó estas declaraciones durante la apertura de las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, que se celebran en la capital tailandesa del 12 al 18 de octubre. La cita reúne a responsables económicos en un contexto marcado por las consecuencias de la guerra en Oriente Medio sobre el comercio energético y las perspectivas de crecimiento.
Para Georgieva, el impacto de la inteligencia artificial ya ha dejado de ser una promesa exclusivamente futura. La primera oleada de inversiones y transformaciones económicas está en marcha, aunque sus beneficios todavía se distribuyen de manera desigual entre países y sectores.
De la inversión tecnológica a la adopción masiva
La directora del FMI distinguió entre la etapa actual, impulsada por la construcción de infraestructuras, y una segunda fase que dependerá de la incorporación efectiva de estas tecnologías a la actividad económica y a la vida cotidiana.
Estados Unidos, China e India figuran entre los grandes protagonistas de esta transformación, pero Georgieva subrayó también la importancia de otros países asiáticos que participan en las cadenas de suministro y disponen de infraestructuras esenciales para su desarrollo.
La siguiente etapa, sostuvo, estará marcada por la adopción de la IA por empresas, administraciones y ciudadanos. El desafío consistirá en impedir que sus beneficios queden concentrados en un número reducido de economías o grandes compañías tecnológicas.
Georgieva defendió que esta tecnología debería alcanzar una difusión comparable a la del teléfono móvil, aunque reconoció que semejante objetivo exigirá inversiones, políticas públicas y una preparación adecuada de la población.
Electricidad, conectividad y formación: las condiciones del cambio
La expansión de la inteligencia artificial no depende únicamente de la disponibilidad de programas y aplicaciones. Requiere suministro eléctrico fiable, redes digitales, capacidades técnicas y trabajadores preparados para utilizar las nuevas herramientas.
La directora del FMI identificó estas condiciones como requisitos fundamentales para que más países puedan participar en la transformación tecnológica.
También reclamó mecanismos de protección frente a usos maliciosos de la IA. En su opinión, la intervención de los gobiernos será necesaria para establecer garantías de seguridad que permitan desarrollar la tecnología sin comprometer la confianza de ciudadanos y empresas.
El mensaje apunta a una cuestión central para las economías emergentes: el acceso a la inteligencia artificial puede abrir nuevas oportunidades, pero las carencias en energía, conectividad o formación pueden ampliar las diferencias existentes.
El empleo y las pequeñas empresas entran en el debate
Durante el coloquio, dedicado al potencial de la IA para mejorar la productividad y generar oportunidades laborales, Georgieva compartió escenario con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, y el presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam.
Banga destacó la importancia de las pequeñas empresas tecnológicas en los mercados emergentes, donde la expansión de la inteligencia artificial también despierta inquietud por sus posibles consecuencias sobre el empleo.
Frente a una visión centrada exclusivamente en la sustitución de trabajadores, el presidente del Banco Mundial llamó la atención sobre las aplicaciones capaces de mejorar servicios esenciales, particularmente en la educación, la sanidad y la agricultura.
Estas posibilidades, sin embargo, no eliminan los desafíos de adaptación laboral. La capacidad de formar trabajadores y facilitar el acceso de las pequeñas empresas a las nuevas herramientas será decisiva para determinar cómo se distribuyen los beneficios de la innovación.
La crisis energética sigue pesando sobre la economía
El optimismo tecnológico expresado por Georgieva convive con una advertencia sobre la fragilidad del entorno internacional. La inestabilidad de los mercados energéticos continúa condicionando las perspectivas de crecimiento, en un momento de fuertes tensiones geopolíticas.
Las reuniones de Bangkok examinarán precisamente las consecuencias financieras de la guerra en Oriente Medio y sus efectos sobre el comercio de energía.
La inteligencia artificial aparece así como un factor de apoyo a la actividad económica, pero no como una solución capaz de neutralizar por sí sola los riesgos externos.
El FMI tiene previsto presentar este martes sus nuevas perspectivas económicas por países, que permitirán examinar con mayor detalle las diferencias entre regiones y economías.
La agenda de las reuniones incluye diecisiete encuentros dedicados a la inteligencia artificial, una presencia que refleja el creciente protagonismo de esta tecnología en los debates sobre productividad, empleo, seguridad y desarrollo.
El mensaje de Georgieva resume el desafío que afronta la economía mundial: aprovechar la inversión tecnológica para impulsar el crecimiento, sin perder de vista las desigualdades de acceso, los riesgos de seguridad y las incertidumbres que siguen afectando a los mercados internacionales.