Estados Unidos ha levantado parcialmente el bloqueo impuesto al modelo de inteligencia artificial más avanzado desarrollado por Anthropic, aunque el acceso seguirá reservado, por ahora, a un reducido grupo de organismos estadounidenses vinculados a la ciberseguridad y a la protección de infraestructuras críticas. La decisión confirma un giro estratégico de Washington: la inteligencia artificial de última generación ha pasado a ser considerada una tecnología de interés nacional, cuyo acceso puede quedar sujeto a criterios políticos y de seguridad.
La empresa anunció que Mythos 5, su modelo más potente, volverá a estar disponible únicamente para un número limitado de «ciberdefensores y operadores de infraestructuras» en Estados Unidos. En cambio, los socios internacionales, incluidas agencias públicas de ciberseguridad de Europa y Asia, continúan excluidos mientras prosiguen las conversaciones con la Administración estadounidense.
También permanece suspendido el acceso a Fable 5, la versión destinada al público general, diseñada con limitaciones para reducir riesgos relacionados con la ciberseguridad y el posible desarrollo de armas biológicas o químicas.
El bloqueo fue impuesto el pasado 12 de junio, cuando el secretario de Comercio, Howard Lutnick, ordenó retirar el acceso a ambos modelos para todos los usuarios extranjeros tras detectarse vulnerabilidades en sus sistemas de seguridad. La medida, sin precedentes en la industria de la IA, abrió un intenso debate sobre la creciente dependencia tecnológica de numerosos países respecto a Estados Unidos.
Desde entonces, Anthropic ha trabajado junto al Departamento de Comercio para reforzar las salvaguardas de sus modelos. Según Lutnick, esos avances permiten ahora una reapertura parcial, aunque bajo estrictas condiciones de control.
La decisión coincide con el lanzamiento por parte de OpenAI de GPT-5.6, cuya distribución también estará sometida a un sistema de validación de clientes supervisado por las autoridades estadounidenses. Este doble movimiento refleja un cambio de enfoque en Washington, donde la Administración Trump ha pasado de rechazar cualquier regulación de la inteligencia artificial por temor a perder competitividad frente a China a impulsar mecanismos de supervisión sobre los modelos más avanzados.
Aunque el decreto firmado por el presidente Donald Trump establece que la evaluación federal de estos sistemas será, en principio, voluntaria, los acontecimientos de las últimas semanas muestran que el Gobierno estadounidense está dispuesto a intervenir cuando considere que determinadas tecnologías pueden afectar a la seguridad nacional.
La evolución también reabre el debate sobre el futuro del sector. Mientras gigantes como Anthropic y OpenAI preparan su salida a bolsa y las grandes tecnológicas destinan cientos de miles de millones de dólares a centros de datos y chips especializados, algunos analistas creen que las restricciones impuestas por Washington podrían favorecer el desarrollo de modelos de código abierto, como el chino DeepSeek, al ofrecer una alternativa menos dependiente de las decisiones políticas de Estados Unidos.