El escritor mexicano Alberto Chimal vuelve a inquietar con su nuevo libro Las máquinas enfermas, una colección de nueve relatos que toman la inteligencia artificial (IA) como eje para explorar cómo una élite tecnócrata —que él denomina “casta oligárquica”— comienza a moldear la vida cotidiana, la imaginación y hasta la propia humanidad.
Ingeniero de formación y narrador por vocación, Chimal no disimula su preocupación: la IA que hoy se vende como promesa abre la puerta a dinámicas de control, vigilancia y dependencia profunda. En sus entrevistas recuerda que cuando herramientas como ChatGPT se presentan como “inteligencia artificial”, estamos ante puro marketing. En realidad, sostiene, son modelos de lenguaje a gran escala que operan como máquinas de probabilidades configuradas para que sus respuestas nos suenen correctas, no necesariamente ciertas.
El libro deja trozos de este diagnóstico entretejidos en la ficción: máquinas que escriben literatura, profetas que nacen de algoritmos, comunidades marginales que veneran modelos generativos como si fueran seres divinos. Chimal advierte que el peligro no es solo que la IA nos reemplace, sino que nos convenza de que ya no necesitamos pensar.
Otro de los hilos que recorre el volumen es la crítica a los oligarcas tecnológicos —nombres como Elon Musk o Peter Thiel— quienes, según el autor, han leído la ciencia-ficción como manual de instrucciones. Mientras muchos libros del siglo XX imaginaban futuros distópicos para advertirnos, estos magnates parecen interpretarlos como hoja de ruta concreta. Chimal sostiene que esta fantasía de poder descansa sobre la tecnología, el chip, el centro de datos y la extracción de valor incansable.

Además, el autor reivindica un punto clave para el mundo hispanohablante que consiste en imaginar el futuro desde el Sur global. Durante mucho tiempo, señalaba, “parecía que solo tres o cuatro países de habla inglesa podían plantear aspiraciones o temores en torno al mañana”. Chimal se propone romper ese monopolio: no somos solo usuarios de tecnología, también podemos pensarla y narrarla.
Para los lectores latinoamericanos y españoles, este libro plantea una pregunta incómoda: ¿estamos dispuestos a entregar sin vigilancia nuestra imaginación a máquinas que prometen respuestas? ¿Y mientras tanto, quién decide cuáles son las preguntas que vale la pena hacer? Chimal insiste en que la creación literaria sigue siendo un acto de resistencia, un modo de mantener el pensamiento propio frente a la promesa tecnológica de “respuestas fáciles, rápidas, sin esfuerzo”.
Hoy, cuando palabras como “innovación”, “algoritmo” y “modelo generativo” se confunden con la idea misma de progreso, Chimal advierte que lo esencial sigue siendo la capacidad humana de imaginar, errar y reinventarse. Si las máquinas comienzan a soñar, añade, el verdadero reto será para nosotros, los humanos, que tenemos un palmarés poco halagüeño en dejar vivir a otros seres humanos.
Con un tono de advertencia, pero sin caer en el catastrofismo fácil, Las máquinas enfermas invita a pensar el presente con urgencia. El futuro que imaginamos ya está en construcción, y la ficción deja de ser escenario para convertirse en plataforma de reflexión.