Una misión arqueológica submarina ha descubierto en el puerto oriental de Alejandría un anillo-sello con una representación de una de las siete maravillas del mundo antiguo. El hallazgo podría aportar nuevas pistas sobre la historia del célebre faro y las actividades desarrolladas en el antiguo complejo palaciego de la ciudad egipcia.
Las aguas del Mediterráneo siguen revelando fragmentos de la historia de Alejandría. Una misión arqueológica conjunta del Instituto Europeo de Arqueología Submarina (IEASM) y el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto ha descubierto un anillo de bronce con una representación grabada del legendario Faro de Alejandría, uno de los monumentos más extraordinarios de la Antigüedad.
El hallazgo se produjo durante las excavaciones submarinas realizadas en el puerto oriental de la ciudad, en una zona vinculada a los restos sumergidos de Antirrodos, la antigua isla que albergaba parte del complejo palaciego de los soberanos ptolemaicos. La pieza constituye un testimonio singular de la presencia del faro en los objetos de uso personal y podría contribuir a ampliar los conocimientos sobre la vida y las actividades administrativas de la Alejandría antigua.
El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Hisham El-Leithy, destacó que la imagen grabada en el anillo presenta semejanzas con las representaciones del faro conservadas en determinadas monedas de época romana, especialmente del siglo II después de Cristo. La coincidencia resulta particularmente interesante porque permite relacionar un objeto recuperado en su contexto arqueológico con una tradición iconográfica conocida hasta ahora principalmente a través de las emisiones monetarias.
Una imagen excepcional de una maravilla desaparecida
Construido durante el periodo ptolemaico, en el siglo III antes de Cristo, el Faro de Alejandría se levantaba en la isla de Faros, frente a la ciudad fundada por Alejandro Magno. Su función era orientar a los navegantes que llegaban a uno de los puertos comerciales y culturales más importantes del Mediterráneo antiguo.
Considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo, el monumento destacó por sus dimensiones, su arquitectura y su importancia para la navegación. Durante siglos fue uno de los símbolos más reconocibles de Alejandría, hasta que sucesivos terremotos y el deterioro estructural provocaron su desaparición progresiva.
La imagen del faro ha llegado hasta nuestros días a través de monedas, descripciones antiguas y diversas representaciones artísticas. Sin embargo, cada nuevo testimonio material puede ayudar a precisar cómo era percibido y representado por quienes vivieron durante los siglos de funcionamiento del monumento.
En este contexto, el anillo descubierto presenta un interés especial. No constituye la primera imagen conocida del faro, pero sí una representación excepcional sobre un objeto de estas características. Su estudio permitirá examinar tanto los detalles del grabado como la función que pudo desempeñar la pieza.
El misterio de Antirrodos y el palacio sumergido
El lugar del descubrimiento añade una dimensión histórica al hallazgo. Antirrodos formaba parte del paisaje monumental de la Alejandría helenística y estaba relacionada con el complejo palaciego de los Ptolomeos. Buena parte de sus estructuras acabó sumergida como consecuencia de las transformaciones geológicas y los movimientos del terreno que afectaron al litoral alejandrino durante la Antigüedad.
Las investigaciones dirigidas por el arqueólogo francés Franck Goddio han permitido documentar durante décadas numerosos vestigios de esta ciudad desaparecida bajo el agua, entre ellos restos arquitectónicos, esculturas y objetos pertenecientes a distintas etapas de su historia.
El nuevo anillo podría ofrecer indicios sobre la continuidad de determinadas actividades en el antiguo recinto palaciego durante la época romana. Entre las hipótesis que deberán estudiarse figura una posible relación con funciones administrativas vinculadas al faro, aunque esa interpretación todavía requiere pruebas adicionales.
El arqueólogo egipcio Hussein Abdel Bassir ha subrayado la importancia de determinar con precisión la fecha de fabricación del objeto, verificar la identificación del monumento representado y documentar el contexto arqueológico en el que apareció. La comparación con las imágenes conocidas del faro será igualmente fundamental para establecer su valor histórico.
Un pequeño objeto para reconstruir una gran historia
El descubrimiento demuestra que la importancia arqueológica de una pieza no depende necesariamente de sus dimensiones o de su valor material. Un anillo de bronce puede conservar información sobre los símbolos, las instituciones y las prácticas de una sociedad desaparecida.
En el caso de Alejandría, el interés es todavía mayor porque una parte considerable de su patrimonio antiguo permanece bajo las aguas del Mediterráneo. Cada campaña submarina permite recuperar nuevos testimonios de una ciudad que fue durante siglos uno de los grandes centros intelectuales, comerciales y políticos del mundo mediterráneo.
Las próximas investigaciones deberán esclarecer la cronología y la función del anillo, así como su posible relación con las estructuras administrativas del puerto antiguo.
Mientras tanto, la pequeña pieza devuelve a la actualidad la imagen de un monumento desaparecido hace siglos, pero que continúa ocupando un lugar privilegiado en la memoria histórica de la humanidad.
