El ensayo “Se suponía que los centristas salvarían Europa. Pero la están condenando al horror”, escrito desde Alemania por David Broder, autor de Mussolini’s Grandchildren: Fascism in Contemporary Italy (‘Los nietos de Mussolini: el fascismo en la Italia contemporánea’), observa que los gobiernos centristas en Europa “están fracasando de manera estrepitosa”, mientras que la extrema derecha, erróneamente subestimada, está en ascenso, tiene posibilidades, y en algunos casos goza de la simpatía de la actual administración americana.
El autor David Broder analiza que, una década atrás, la ola populista que llegó a Europa inquietó a los líderes europeos, pero los expertos indicaron que la posibilidad de la toma del poder por parte de la extrema derecha era una idea exagerada. “Creían que la solidez de los sistemas electorales, los recuerdos no tan lejanos de las dictaduras y el escaso apoyo de los votantes más ricos limitaban mucho el respaldo hacia los insurgentes”. Los expertos estaban equivocados. “Hoy está claro que su confianza era errónea. Los partidos de extrema derecha han seguido acumulando votos, se han establecido en las instituciones europeas, han invertido principios clave de la transición verde y han impuesto políticas fronterizas más duras. Gobiernan en Hungría e Italia y pronto lo harán en la República Checa; incluso en Finlandia y Suecia, históricamente socialdemócratas, los líderes conservadores cuentan con su apoyo. Tienen un animador en el Despacho Oval y otro en lo alto de la red social X”, explica.
Broder agrega que los gobiernos centristas en las principales economías europeas están fracasando: “En Francia, el gobierno del presidente Emmanuel Macron está en caída libre, mientras que Agrupación Nacional de Marine Le Pen domina las encuestas. En Alemania, el canciller Friedrich Merz parece incapaz de alejar a los votantes del partido nativista Alternativa para Alemania, a pesar de que el servicio de inteligencia del país lo ha calificado como una amenaza extremista. En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer se hunde casi tan rápido como crece el partido antinmigración Reform UK. El escenario está preparado para que arrase la extrema derecha (..) Los líderes centristas de París, Berlín y Londres insisten en que el ascenso de la extrema derecha no es inevitable. De hecho, a menudo afirman que detenerlo es una de sus principales misiones. El problema es que están fracasando”.
El caso francés es la evidencia flagrante e incluso una postal sangrante del fracaso. Las expectativas generadas con las promesas de Emmanuel Macron parecen haber ido a contramano de la realidad: “Puede que Macron llegue cojeando hasta el final de su mandato en 2027, pero Le Pen y Agrupación Nacional están esperando entre bastidores”. Lo que todavía llama la atención es que “Macron es demasiado enérgico desde una posición de debilidad”.
Por su parte, el británico Starmer “es demasiado cauto desde una posición de fuerza”. Si bien el Partido Laborista obtuvo una aplastante mayoría parlamentaria en 2024, gobierna con “una sorprendente timidez”. Su mantra para una astuta administración económica —controlar el gasto hoy y esperar el crecimiento mañana— no ha inspirado a los votantes y su aura inicial de prudencia en la gestión se ha evaporado. Los recortes en el gasto para los pensionistas y los discapacitados resultaron tan impopulares que tuvieron que abandonarse, lo que dejó al gobierno en el caos (…) No ayuda que Starmer haya combinado esta falta de propósito con una vena represiva (…) No es de extrañar que el apoyo a los laboristas se haya desplomado a solo el 18 por ciento, frente al 30 por ciento de los reformistas (Reform UK y su fervoroso líder, Nigel Farage)”.
En Alemania, Merz “ha sido más directo”. “Los democristianos de Merz y sus socios de coalición, los socialdemócratas, han apostado el futuro de Alemania a la remilitarización, no solo para defenderse de Rusia, sino también como una estrategia muy necesaria para la reactivación industrial (…) Merz insiste en que un gobierno exitoso contrarrestará el atractivo de Alternativa para Alemania. Pero el partido va viento en popa: actúa como la principal oposición y encabeza regularmente las encuestas nacionales”.
El analista observa los liderazgos de Francia, Reino Unido y Alemania y la adopción de discursos severos y políticas restrictivas contra la inmigración, tratando de contrarrestar a la extrema derecha. No obstante, esto no les está dando los resultados esperados porque los electores parecen inclinarse hacia los representantes directos de esas corrientes. “Si esto pretende ganarse a los votantes descontentos con la migración, no ha funcionado. En lugar de premiar a los descoloridos imitadores de centro, los votantes están volteando a ver, cada vez más, a la fuente original”.
Aunque la extrema derecha creció en toda Europa durante la última década, retrocedió en Dinamarca, mientras que en España la mantienen a raya.
En Dinamarca, el gobierno de centro-izquierda encabezado por la primera ministra Mette Frederiksen tomó medidas enérgicas contra la migración. Sus admiradores estiman que ese enfoque ha rendido frutos y posibilitó su reelección en 2022, además de impulsar y promover medidas y políticas propias de las corrientes ecologista y social demócrata: “El primer mandato de Frederiksen, que contó con el apoyo de los izquierdistas y de un partido liberal, destacó no solo por su estricta actitud hacia la migración, sino también por su ambicioso programa de reindustrialización verde (…) El gobierno insistió en que la reconversión a los empleos verdes no era el fin de la prosperidad danesa, sino el medio necesario para alcanzarla, y respaldó esta afirmación con financiación. El intervencionismo económico, unido a una historia convincente sobre cómo enfrentarse a un reto que definía una época, trajo consigo el éxito electoral. Hoy, las mayores preocupaciones de los daneses son el cambio climático y la salud pública, no la migración”.
España, precisa Broder, es un país mucho más grande, con mayor división interna, menos rico que Dinamarca, pero incluso así, “sus lecciones para mantener a raya a la extrema derecha son más generalizables”, destaca.
“Pedro Sánchez es el político de centro-izquierda con más éxito de Europa y uno de los jefes de gobierno de la Unión Europea que más tiempo lleva en el cargo. Tras casi seis años en coalición con partidos situados a su izquierda, su Partido Socialista Obrero Español obtiene alrededor del 30 por ciento de los votos”, añade. El experto esboza las diferentes medidas del gobierno Sánchez y cómo este dio a sus bases “razones para seguir con él”.
El partido de Sánchez, dice, “contrarrestó la tendencia a alejarse de los votantes con menos ingresos y formación. Y lo hizo al tiempo que aplicaba una política migratoria ampliamente acogedora”. Su valoración de la gestión de Pedro Sánchez no es crítica y explica que Sánchez ha debido enfrentar tensiones al interior de su coalición, además de un poder judicial politizado y conflictos en relación con el separatismo catalán, pero, aunque muchos esperaban que perdiese las elecciones de 2023, Sánchez frustró el ascenso de la coalición de derecha y reunió a los votantes en torno a los logros de su gestión. “Les contó a los españoles una historia sobre su prosperidad futura y los peligros a los que esta se enfrenta. Y funcionó”, sostiene.
Tanto la primera ministra danesa como el presidente del gobierno español tienen problemas.
Tras la reelección de Frederiksen, ella se volvió hacia aliados más centristas y empezó a perder apoyos (…) Frederiksen, cuyos socialdemócratas obtuvieron malos resultados en las elecciones locales del mes pasado, ya no es la fuerza electoral que fue. Sin embargo, el entusiasmo de los votantes por otras opciones progresistas demuestra que el resentimiento nacionalista no es la única alternativa (…) Sánchez también ha tenido problemas. Sin mayoría desde 2023, no ha podido aprobar un presupuesto. A falta de nuevas medidas redistributivas, el apoyo popular a sus aliados de izquierda se ha desmoronado, y los escándalos en su partido han generado furiosas peticiones de dimisión. Vox ha subido en las encuestas y se ha formado una extrema derecha más extraña, más joven y más conspiracionista”.
Para el autor si bien estos dos líderes enfrentan importantes desafíos y mayor asedio que en años anteriores, han sabido destacar por su “audacia política”. “Cambiaron las agendas nacionales politizando cuestiones de justicia económica y fiscal y mostrando a los votantes obreros que los partidos mayoritarios están de su parte. Otros líderes europeos deberían aprender la lección y aún pueden hacerlo”, lo dice en alusión a la Francia de Macron, el Reino Unido de Starmer y la Alemania de Merz.
Broder estima que implementar medidas más audaces todavía es políticamente posible y que aun tienen tiempo de hacerlo antes de las próximas elecciones. “Aunque los partidos de extrema derecha se presenten como la voz de la gente común y corriente, la mayoría de los votantes no han sido ganados para su causa y anhelan razones para volver a tener esperanza. No les costaría mucho a estos gobiernos darles alguna”.
En criterio del autor, de cara a 2030, los electores ya no solo coquetearán con movimientos populistas, sino que es probable que los partidos de extrema derecha estén al frente de los principales países europeos y, de hacerlo, además tendrían “poderes nuevos y peligrosos”. La extrema derecha europea promoverá “un nuevo credo de europeísmo asediado, no abandonando la Unión Europea, sino transformándola desde dentro”.
En el escenario prospectivo planteado por Broder para una Unión Europea de extrema derecha se asiste a la desaparición de la agenda del Pacto Verde Europeo, la reconstrucción de los ejércitos nacionales, la ampliación del aparato de deportaciones masivas y el endurecimiento de las fronteras exteriores de Europa, así como la vigilancia policial basada en la inteligencia artificial para disciplinar a los pobres y a los precarios, además de la privatización progresiva especialmente en el área de la salud. “A menos que los gobiernos centristas del continente cambien de rumbo, la extrema derecha puede hacer suya Europa. Después de eso, se acabaron las apuestas”.