Trump y Takaichi sellan una “nueva edad de oro” para la alianza entre Estados Unidos y Japón

28 octobre 2025 - 06:12

La nueva primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, y el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciaron en Tokio el inicio de una “nueva edad de oro” en las relaciones bilaterales, marcada por un ambicioso acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras, esenciales para las industrias tecnológica y de defensa.

En su primera gran cita internacional, Takaichi —la primera mujer en gobernar Japón— colmó de elogios al mandatario estadounidense y expresó su intención de nominarlo al Premio Nobel de la Paz, gesto que consolidó la sintonía entre ambos líderes. Trump, por su parte, calificó a Japón como “aliado de primer nivel” y aseguró que esta cooperación marcará “uno de los mejores periodos de la historia común entre ambos países”.

El acuerdo firmado busca asegurar el suministro de minerales estratégicos frente a las recientes restricciones de exportación impuestas por China. Washington y Tokio se comprometen a reforzar sus cadenas de valor y a reducir su dependencia del gigante asiático, un mensaje claro en medio de la competencia geoeconómica en el Indo-Pacífico.

En el plano militar, Japón anunció que aumentará su gasto en defensa al 2% del PIB, adelantando dos años su objetivo original. Esta decisión responde al llamado de Trump a que los aliados asuman una mayor carga presupuestaria en materia de seguridad, especialmente ante las tensiones con Pekín y Pyongyang. Estados Unidos mantiene actualmente unos 60.000 militares desplegados en suelo japonés.

En el terreno comercial, ambas partes buscan ajustar los últimos detalles de un acuerdo firmado durante el verano, que incluye una reducción de aranceles sobre automóviles japoneses y un plan de inversiones japonesas en Estados Unidos por más de 550.000 millones de dólares. Tokio espera que estas concesiones impulsen el empleo y la estabilidad de su sector industrial.

El acercamiento entre Trump y Takaichi se interpreta como un paso decisivo hacia la consolidación de un nuevo eje Washington–Tokio, concebido para equilibrar la influencia china en Asia-Pacífico y garantizar un control compartido sobre los recursos estratégicos del futuro.

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