El presidente estadounidense anunció que recibirá a su homólogo ruso el 15 de agosto en Alaska, en un encuentro que excluye a Kiev y que podría incluir un “intercambio de territorios” como parte de un eventual acuerdo de paz.
Donald Trump ha convocado para el 15 de agosto una reunión con Vladimir Putin en Alaska, en lo que será el primer encuentro presencial entre ambos desde 2019 y la primera visita del líder ruso a Estados Unidos en una década. El mandatario estadounidense enmarca la cita como un esfuerzo de mediación para poner fin a más de tres años de guerra en Ucrania, un conflicto que ha dejado decenas de miles de muertos y una devastación que parece lejos de resolverse.
La elección de Alaska como sede, más cercana a Rusia que a cualquier otra región continental de Estados Unidos, ha sido descrita por el Kremlin como una decisión “lógica” y simbólica. El asesor presidencial Yuri Ushakov destacó que ambos países son vecinos y que basta con “cruzar el estrecho de Bering” para llegar al lugar de la reunión. El gesto refleja un enfoque pragmático y rompe con la costumbre de buscar escenarios neutrales en este tipo de negociaciones.
Trump ha reiterado en múltiples ocasiones su intención de poner fin a la guerra y, en esta ocasión, admitió que contempla un “intercambio de territorios” para facilitar un acuerdo. Aunque evitó dar detalles, su declaración apunta a un posible reconocimiento de cambios fronterizos en zonas bajo ocupación rusa desde 2014, como Crimea, y en regiones controladas parcialmente por Moscú desde 2022: Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón.
Moscú exige la cesión formal de estas áreas, junto con el fin del suministro de armas occidentales a Kiev y la renuncia de Ucrania a integrarse en la OTAN. Kiev, en coordinación con sus aliados europeos, plantea un alto al fuego de 30 días, la retirada total de tropas rusas, garantías de seguridad y más apoyo militar, condiciones que Rusia rechaza. La ausencia del presidente Volodimir Zelenski en Alaska refleja la dificultad de alcanzar consensos sin la participación directa de Ucrania.
En paralelo a la organización de la cumbre, el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, se reunió en el Kremlin con Putin. El presidente ruso también sostuvo conversaciones telefónicas con el mandatario chino, Xi Jinping, y el primer ministro indio, Narendra Modi, en un contexto marcado por el ultimátum de Trump a Moscú: la amenaza de imponer aranceles a países que mantengan comercio con Rusia, entre ellos India y China.
El último intento de negociación directa entre Kiev y Moscú, en Estambul en julio, solo consiguió un intercambio de prisioneros y restos mortales. Mientras tanto, las operaciones militares rusas continúan con bombardeos y ataques en el frente, donde sus tropas mantienen superioridad numérica y de equipamiento.
La cita de Alaska, sin la presencia de Ucrania y con un esquema de negociación aún difuso, plantea interrogantes sobre el alcance real de cualquier compromiso que pueda surgir. El simbolismo del encuentro, el lugar elegido y la posible redefinición de fronteras convierten a esta reunión en un episodio de alto riesgo político y diplomático, con implicaciones que exceden el conflicto ucraniano y tocan los equilibrios estratégicos globales.