Trump y Gaza: entre la reconstrucción prometida y la ocupación indefinida

27 août 2025 - 18:34

Donald Trump vuelve a colocar a Gaza en el centro de su estrategia de poder. La Casa Blanca habla de un “plan integral” para la posguerra, pero las señales enviadas hasta ahora alimentan más sospechas que certezas.

El presidente estadounidense presidió en Washington una reunión de alto nivel que, según su enviado Steve Witkoff, busca diseñar un marco de reconstrucción para el enclave palestino. Las palabras suenan grandes, pero el contexto es inquietante. Apenas en febrero, Trump llegó a sugerir que la Franja podría convertirse en un “resort” turístico, con traslado masivo de su población. Israel aplaudió la ocurrencia, mientras los aliados árabes reaccionaron con furia, advirtiendo que aceptar refugiados equivaldría a legitimar una limpieza étnica.

Detrás de la retórica humanitaria late una realidad cruda: las promesas de ayuda se incumplen. Los 30 millones de dólares anunciados por la Casa Blanca se redujeron a la mitad, y la ampliación de centros de distribución sigue sin concretarse. Witkoff admite que la reconstrucción llevará “décadas” y que parte de la población podría ser “reubicada temporalmente” en terceros países, un planteamiento que organismos internacionales no dudan en calificar como potencial crimen de guerra.

A esto se suma la cuestión de los rehenes. Trump se ha alineado con Netanyahu: ninguna liberación parcial, solo un acuerdo global tras la destrucción de Hamás. Mientras las familias de los cautivos reclaman soluciones inmediatas, la política parece reducirse a una estrategia de desgaste que prolonga el sufrimiento. La prioridad de la Casa Blanca, una vez más, parece ser complacer a su aliado israelí, aun a costa de tensionar su relación con Egipto, Jordania o Catar, imprescindibles para contener a Irán y sostener la seguridad energética global.

Netanyahu, por su parte, insiste en un modelo de administración civil bajo control de seguridad israelí, sin cabida para Hamás ni para la Autoridad Palestina. Un esquema que se asemeja más a un protectorado indefinido que a un proyecto de paz. Trump, ambiguo en el discurso, no se distancia de fondo: su entorno reconoce que para “empezar de cero” sería necesario desplazar a parte de la población.

En América Latina, donde las guerras ajenas suelen llegar como repercusiones económicas y diplomáticas, el mensaje no pasa desapercibido. Un “plan integral” que se presenta como humanitario, pero que en la práctica puede convertirse en la coartada de una ocupación sin horizonte. Gaza se convierte en un espejo de los dilemas globales: la reconstrucción prometida frente a la sombra persistente del despojo.

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