Trump, el caos, el maná arancelario y el capitalismo dirigido por el Estado

10 décembre 2025 - 17:42

Muchos estadounidenses votaron a Trump, entre otras cosas, para ‘arreglar’ o ‘estabilizar’ la economía. ¿Continuarán aferrándose al credo trumpista aquellos simpatizantes que sonreían y festejaban con espontaneidad y esperanza la victoria de su redentor un año atrás?

David E. Sanger, veterano periodista del Times y autor de cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional, ha cubierto a cinco presidentes estadounidenses y cubre actualmente el gobierno de Donald Trump. En su artículo más reciente analiza los aranceles impuestos por la Casa Blanca y destaca que las medidas de comercio exterior no han funcionado como el presidente esperaba. Trump se ha visto forzado a actuar para contener los daños económicos y políticos. Esta semana ha anunciado, fiel a su estilo, una nueva victoria, un rescate de 12.000 millones de dólares para los agricultores estadounidenses perjudicados en gran parte por sus políticas comerciales.

David E. Sanger analiza en The New York Times el que ya se perfila como uno de los grandes desaciertos de la administración estadounidense que venía a salvar el país y a hacer a América grande otra vez. En abril, el presidente Donald Trump anunció la suba de aranceles que han sacudido al comercio mundial. Lo denominó, con su habitual grandilocuencia, el “Día de la Liberación”.

Donald Trump prometió que “los puestos de trabajo y las fábricas volverán con fuerza a nuestro país” y que la imposición de aranceles a las importaciones “abrirá los mercados extranjeros y derribará las barreras del comercio exterior”. Ello se traduciría en precios accesibles y más bajos para los estadounidenses. Pero esto no ha sucedido y, en realidad, los aranceles ejercen presión al alza sobre los precios.

“Hasta ahora no ha funcionado así, y Trump se ha visto forzado a actuar para contener los daños económicos y políticos”. Prueba de ello es que el lunes el mandatario ha anunciado una ayuda de 12.000 millones de dólares para los agricultores estadounidenses que se han visto perjudicados en gran medida por sus políticas comerciales, precisa Sanger.

Las cifras presentadas recientemente por China, principal competencia económica y tecnológica de Estados Unidos, reflejan que el país asiático aún registra un superávit comercial récord con el resto del mundo, incluso cuando su comercio global y su superávit con Estados Unidos se reducen. “Esto sugiere que Pekín está aprendiendo rápidamente cómo prosperar, incluso en un mundo en el que Estados Unidos se convierte en un lugar más difícil para hacer negocios”.

El presidente Trump es un creyente de su doctrina y está convencido de que la suba de aranceles está funcionando o pronto funcionará. A seis semanas de cumplir un año al frente de la Casa Blanca, Trump todavía continúa responsabilizando a su antecesor de todos los problemas económicos del país.

Los estadounidenses están cada vez más preocupados por el aumento del costo de vida mientras que el mandatario les dice que todo va bien, pero muchos americanos no perciben tal progreso y bienestar. El discurso presidencial desafía la realidad. El presidente, volcado hacía sí mismo, sostiene que los precios al consumidor están bajando. La inflación, que subió ligeramente en septiembre, hasta aproximadamente un 3 % de aumento anual, está casi exactamente en el mismo punto que cuando Joe Biden dejó el cargo.

En cuanto a los puestos de trabajo en el sector manufacturero, las cifras reflejan que estos han seguido disminuyendo gradualmente este año, “con pérdidas de unos 50.000 desde enero”. El paréntesis del Times es sumamente pertinente en este contexto: “(Estas cifras contribuyeron a la destitución en julio del director de la Oficina de Estadísticas Laborales, después de que Trump anunciara que las revisiones a la baja de los informes oficiales de empleo estaban “manipuladas”).”.

Por otra parte, el presidente ha prometido que los ingresos arancelarios irán a cada contribuyente, ciudadanos que no perciban altos ingresos, a través de un cheque gubernamental de 2000 USD. La semana pasada declaró, durante una reunión del gabinete, que “en algún momento de un futuro no muy lejano, ni siquiera tendrán que pagar el impuesto sobre la renta”. Pero añade Sanger: “Las cifras no cuadran: Estados Unidos ha recaudado este año unos 250.000 millones de dólares en ingresos arancelarios, un poco menos que los 2,66 billones de dólares en impuestos federales sobre la renta de las personas físicas en el ejercicio fiscal 2025”.

En el verano, el presidente le dijo a los legisladores que negociaba otros acuerdos que pasan por reducir los aranceles que subió, para reducir los precios de algunos medicamentos en un 1500 %, “una proeza de gimnasia matemática que dejó perplejos a algunos de sus oyentes”.

Los ingresos del maná arancelario, atendiendo al relato, parecen inagotables: “La magia numérica continuó el lunes, cuando Trump dijo que utilizaba parte de esos ingresos arancelarios como ‘pago puente’, para ayudar a los agricultores estadounidenses hasta que se reanuden las compras chinas”. Trump omitió decir que sus aranceles provocaron el boicot chino a los productos agrícolas estadounidenses y, en cambio, dijo que su antecesor odiaba a los agricultores y que él los ama.

Según las promesas presidenciales, los ingresos arancelarios también reducirán la deuda nacional cifrada en 38,45 billones de dólares.

Trump hacia un capitalismo dirigido por el Estado

La contracción que algunos experimentan es un síntoma de los efectos de los aranceles que se filtran en la economía. “El problema de los agricultores no es enteramente gubernamental, pero tiene un gran aspecto de política comercial”, señala Scott Lincicome, director de economía general del Instituto Cato, un think tank libertario crítico de las medidas de Trump hacia un capitalismo dirigido por el Estado. En su criterio, “Los precios están deprimidos porque los chinos boicotearon nuestros productos agrícolas gran parte del año”.

Un dato relevante: “los fertilizantes, la maquinaria, esos costos se han mantenido elevados, y sujetos a aranceles. Han oído quejarse a Caterpillar y John Deere”, ha explicado Lincicome en referencia a dos de los mayores fabricantes de maquinaria agrícola a los que Trump también prometió ayudar pagándoles ingresos arancelarios. “El presidente añadió que iba a eliminar los requisitos medioambientales para la maquinaria, que dijo que la hacían ‘tan complicada que no se puede arreglar’, pero exigiría a cambio que se bajara el precio de los equipos”, según documenta el Times.

Lincicome sostiene que los aranceles también han introducido un nuevo nivel de “complejidad sin precedentes, paralizante y verdaderamente demencial” en el funcionamiento de las empresas. La confusión aumenta a medida que Trump recorta algunos aranceles (por ejemplo, sobre la carne de res importada), para mitigar los precios de los supermercados. “Los estadounidenses odian el caos (…) Nadie quiere esta agitación constante”, puntualiza el experto.

La agitación, la grandilocuencia y, desde luego, el caos, son signos definitorios inequívocos de la actual administración. Los estadounidenses eligieron el gobierno que querían tener.

La historia ha mostrado de manera suficiente el manual del proceder populista. Cuando la realidad y las cifras no encajan con la narrativa oficial, con el relato, lo más práctico es extirpar el tumor del organismo y eso ha estado haciendo la administración Trump en estos meses. La destitución en julio del director de la Oficina de Estadísticas Laborales es elocuente a ese respecto. El gobierno estadounidense le está pidiendo a sus ciudadanos aguantar sus desaciertos con la promesa ilusoria de que los beneficios arancelarios llegarán y, entonces, habrá dinero y felicidad para todos. La realidad insiste en llevarle la contraria al todopoderoso presidente Trump.

 

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