El presidente Donald Trump, de 79 años, como lo hiciera la semana pasada su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ayer cumplió 80 años, dijo estar en perfectas condiciones y coquetea con un nuevo mandato.
La geriatría, esa rama de la medicina que se ocupa de las enfermedades de la vejez y de su tratamiento, podría incluir la patología del poder. ¿Por qué el poder sigue seduciendo a cierto tipo de octogenarios que se resisten a abandonarlo? ¿Por qué creen y sienten que son tan indispensables como omnipotentes?
El presidente Donald Trump, según destaca The New York Times, se ha jactado de una resonancia magnética con resultado perfecto, aunque se negó a explicar por qué sus médicos ordenaron el estudio, y coquetea con un tercer mandato. Trump dijo que estaría “encantado de hacerlo” por su popularidad entre sus seguidores. “El presidente Trump hizo los comentarios durante el segundo día de su viaje por Asia. La Constitución limita a dos los mandatos presidenciales, pero Trump ha insinuado que podría intentar eludir esa restricción”, agrega el medio estadounidense.
Más allá del perfecto estado de salud del presidente, atendiendo a sus propias palabras, una cosa es el deseo y otra las reglas del juego democrático en un país con instituciones sólidas.
¿Entrará el presidente Trump, quien gobierna el país más poderoso del mundo y cuyas instituciones han mostrado gran fortaleza, a pelear el ranking con los presidentes populistas de frágiles democracias latinoamericanas que han reescrito la constitución para perpetuarse en el poder? En su propio país hay quienes no descartan esa posibilidad. Y dudan también de la presunta resonancia, puntualmente porque su médico, cuando difundió el resumen, no hizo ninguna alusión a una resonancia magnética.
La Constitución estadounidense impone un límite de dos mandatos para los presidentes, y según explica el diario americano, Trump y algunos de sus simpatizantes querrían hallar la forma de eludir esa vigesimosegunda enmienda que establece que “ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces”, sin importar si los mandatos son consecutivos o no.
El presidente Trump tiene 79 años y es la persona de mayor edad elegida para ocupar la presidencia, es decir, al terminar su mandato será un octogenario en toda regla. ¿Podría mostrar magnanimidad, gran palabra como aquellas que le gustan, tener un retiro digno y dedicarse a una vida más apacible, dejando el desenfreno y la voracidad del poder a nuevas figuras?
Eso sería lo razonable para un hombre común de su edad. Pero el presidente no es un hombre común, se siente irremplazable, indispensable y omnipotente.
Y a esa autopercepción de ser invencible y todopoderoso contribuye lo que menciona hoy la cadena CNN: “Trump ejerce un poder global efectivo”. Pero la frase no termina ahí, aunque para el presidente y sus seguidores sería lo deseable. La sentencia completa plantea: “Trump ejerce un poder global efectivo, pero sus victorias en política exterior son engañosas”.
La visita a Asia ha mostrado a un presidente activo, dinámico, jovial, divertido, gracioso. Se le vio bailar y cantar grandes éxitos de la música pop.
Trump está cómodo jugando su papel, disfruta recibir atención y adulación, sentirse un poco el rey del mundo y el protagonista de la escena global y que los líderes del mundo se inclinen ante él. Aunque a veces reclame más crédito del que le corresponde, por ejemplo, en la tregua entre Tailandia y Camboya que ayudó a negociar.
Nadie duda de su influencia e importancia. “Puede convocar a primeros ministros y presidentes con un chasquido de dedos, como cuando visitó Egipto a principios de este mes para una dramática sesión fotográfica que subrayó su gran diferencia con sus homólogos de países más pequeños y menos poderosos”, indica CNN.
Gobiernos han firmado acuerdos con Trump que no les son del todo beneficiosos y hay quienes más que sentir simpatía le temen y muchos otros evitan enfrentamientos con él.
La cadena estadounidense explica que el mandatario se encuentra en una posición privilegiada y está “liderando desde la intuición, ignorando las advertencias y la sabiduría convencional que limitaron a sus predecesores y, aparentemente, sin prestar mucha atención a los expertos de su Departamento de Estado”.
Este Trump tiene un estilo algo distinto del primer presidente Trump y no es que en su primer gobierno lo hubiese caracterizado el lenguaje cauto, pero ahora no se priva de mostrar un estilo relajado. La diferencia podría ser que durante su primer mandato se sintió más acorralado por los asesores del establecimiento que intentaron manejarlo. “Trump parece haber llegado a la conclusión de que existen tan pocos límites a sus acciones en el exterior como los que ha demostrado tener en casa. Tiene enormes ambiciones globales en Medio Oriente, Asia, Europa y el hemisferio occidental”, analiza CNN.
Y, en su lista de deudas y haberes, la cadena de noticias le contabiliza hasta la fecha:
Un alto el fuego (hasta ahora) exitoso entre Israel y Hamas.
Un intento (hasta ahora) fallido de poner fin a la guerra en Ucrania.
Su intento, cada vez más exitoso, de destruir el sistema global de libre comercio.
Un esfuerzo acelerado para remodelar la política de América Latina a su propia imagen de derecha.
Fuerte respaldo a los partidos populistas que están en ascenso en países como Gran Bretaña y Argentina.
Una iniciativa en expansión para utilizar la política exterior de Estados Unidos para aprovechar los recursos naturales, especialmente los depósitos globales de minerales de tierras raras, que impulsan la industria tecnológica y el equipamiento de defensa estadounidense.
Pero si hay un Trump que trata al mundo, sintiéndose invencible, también los signos y las señales de advertencia sobre su arrogancia están creciendo.
Trump ha roto con los mecanismos, formas, maneras y vías tradicionales y convencionales de la diplomacia y ha traído impredecibilidad a un ritmo vertiginoso, hechos que le han facilitado consolidar su poder global rápidamente. Pero, la cuestión de fondo que trae CNN en su análisis es que, si bien “el presidente ha obtenido más victorias de las que muchos de sus oponentes políticos esperaban, ejercer el poder eficazmente como estadista implica mucho más que imponer al mundo una personalidad autoritaria y ávida de adulación”.
En consecuencia, el alardear y sobredimensionar constantemente sobre grandes victorias, incluso si algunas veces desafía la realidad, la Constitución y las leyes estadounidenses, lleva a la inquietud recurrente de si “¿es todo esto pura publicidad?”. Y para la muestra están la guerra en Ucrania y los ataques en el Caribe, extensibles a Venezuela.
Otra inquietud tiene que ver con el hecho de si la búsqueda de reconocimientos personales, por parte del mandatario, favorecen los intereses de Estados Unidos o los suyos y los de su familia.
Un tema adicional tiene que ver con el anuncio de los diferentes acuerdos arancelarios que se presentan como beneficiosos para el país, pero ¿serán los consumidores estadounidenses quienes terminen pagando precios más altos cuando ya enfrentan dificultades con la inflación y el costo de los alimentos?
El poder blando estadounidense podría ser hoy una especie en vías de extinción. “Durante casi 100 años, la influencia estadounidense se ha multiplicado gracias a las alianzas y a su liderazgo en economías de mercado democráticas con ideas afines”. O, también, en atraer como socios a quienes son antagónicos a los oponentes y contradictores de Estados Unidos. “Pero las políticas de “America First” están complicando un objetivo de política exterior de larga data de las administraciones republicanas y demócratas”. Piénsese en Canadá, India o Vietnam.
China es un capítulo aparte. Y lo es porque no es un pequeño país dispuesto a adular y a recibir humillaciones. Trump afirma que está haciendo grande a Estados Unidos de nuevo, pero el proyecto de Xi “es hacer grande a China de nuevo”. Ambos pueden tener puntos de encuentro en sus personalidades y deseos, pero Xi Jinping, de 72 años, “es una figura más taciturna que Trump. La formalidad que suelen preferir los líderes chinos le permite evitar la improvisación pública de Trump. Y, al igual que sus predecesores, está jugando un papel más largo que su homólogo estadounidense, cuyo mandato está limitado”, puntualiza la cadena americana.