"No a los reyes": el grito masivo contra el delirio coronado de Trump

19 octobre 2025 - 08:27

Estados Unidos volvió a las calles, pero no para celebrar un desfile patriótico, sino para recordarle a su presidente que el país nació para librarse de un rey, no para fabricar uno por inteligencia artificial con cara naranja y corona reciclada.

Siete millones de personas marcharon bajo una consigna que no necesita manual de interpretación: “No a los reyes”. La frase no apunta a Carlos III ni a Felipe VI, sino a un señor en Florida que juega a monarca de reality show desde un despacho oficial. La escena sería humorística si no viniera acompañada de tropas desplegadas en ciudades como si fueran provincias rebeldes del nuevo imperio trumpiano.

El movimiento “No Kings” reúne a cientos de organizaciones que jamás coincidieron en nada, salvo en la sospecha de que un presidente con delirios de absolutismo no se combate con retuits, sino ocupando avenidas. “No tenemos coronas aquí”, gritan, mientras Trump comparte videos generados por IA donde se lo ve pilotando un avión de combate, arrojando excremento sobre manifestantes y luciendo una corona como si posara para una versión tóxica de Disneyland. La sátira se escribió sola; el problema es que la protagoniza el comandante en jefe.

El humor involuntario del trumpismo despeja cualquier duda sobre su estilo de poder. Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes y escudero entusiasta, describe las protestas como “odio a Estados Unidos”. Lo dice un hombre que aplaude el despliegue militar contra civiles desarmados, y que considera patriótico gobernar desde la amenaza y el insulto. La teatralidad autoritaria ya no se esconde ya que se vende con merchandising, hashtags bíblicos y desfiles con metralleta.

Dentro de la multitud, las voces dibujan un mapa del espanto. Una alemana que emigró a los 14 años recuerda cómo empezó todo en 1938. Un brasileño revive su infancia bajo la dictadura. Un joven de 16 años habla de “trayectoria fascista” con la naturalidad con la que otros comentan un partido de la NFL. Robert De Niro simplemente exige que nadie se arrodille ante un presidente que sueña con trono, espada y obediencia.

Trump jura que “no es un rey”. Lo repite en Fox News con cara solemne, mientras sus seguidores comparten imágenes suyas coronado como si fuera Luis XIV con Wifi y misil. Difícil saber qué resulta más preocupante: el narcisismo que exhibe o la gente encantada de servirle el cetro. El lema de las marchas —“No a los reyes”— resume mejor que cualquier editorial el estado emocional de un país que empieza a mirarse en el espejo del autoritarismo con más resignación que sorpresa.

El mundo observa entre risa nerviosa y cansancio democrático. Estados Unidos siempre exportó lecciones de república, separación de poderes y ciudadanía vigilante. Ahora se ve obligado a recordar en sus propias calles que el trono quedó abolido en 1776, por si alguien en la Oficina Oval confunde los archivos de la historia con los guiones de su campaña.

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