Más de seis meses después del regreso de Trump a la Casa Blanca, el discurso populista sigue resonando entre votantes latinos, pero la economía comienza a mostrar señales de alerta. La brecha entre el relato presidencial y los datos objetivos se agranda. ¿Cuánto tiempo podrá sostenerse?
Transcurridos más de seis meses del gobierno de Donald Trump, habrá que conceder que la administración republicana está cumpliendo parcialmente las expectativas de sus votantes: las deportaciones masivas lo demuestran. En lo económico, las cifras comienzan a desmentir el relato.
En campaña, Trump propuso una serie de medidas que, según él y sus seguidores, iban a asegurar el regreso y dominio de Estados Unidos en la escena mundial. La comunidad latina de Miami y, en sentido amplio, del estado del sol, como se conoce a Florida, acompañó mayoritariamente las grandes propuestas y, desde luego, al candidato. Los dos temas decisivos para los latinos, cuando se les consultaba informalmente, eran: “arreglar” la economía y “solucionar” la inmigración ilegal.
Así, muchos estadounidenses de origen latino votaron a Trump, incluso si en su día fueron ilegales y luego regularizaron su situación. El nuevo estatus y su ciudadanía les otorgaron confianza y seguridad, y comenzaron a percibir que la inmigración ilegal en Estados Unidos es una amenaza: además de masiva y desmedida, resultaba caótica y desordenada. Temían que esos “ilegales” vinieran a quitarles el trabajo y las oportunidades. El otro gran argumento para votar a Trump fue la percepción de que el país estaba al borde de convertirse en un régimen comunista y que la economía se hallaba en estado crítico. Desde esa perspectiva, la continuidad demócrata habría precipitado una transformación al estilo cubano. Aunque las cifras contradecían tales percepciones, el relato trumpista se impuso.
Un informe de Univisión muestra que, en los primeros seis meses de gestión, subió la inflación y disminuyó la generación de empleo. El medio advierte que “la economía de Trump muestra señales de alerta”.
El reporte indica que las políticas económicas de esa administración “se enfrentan a una serie de indicadores débiles de la economía estadounidense”. Así, la creación de empleo está cayendo mientras la inflación aumenta.
De hecho, “el crecimiento se ha desacelerado en comparación con el año pasado. Todo, en menos de seis meses”, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. Lo anterior confirma que la promesa populista del retorno a una “época dorada” sirve para captar votos, pero no se traduce necesariamente en resultados reales.
Incluso el medio advierte que la debilidad de los indicadores expone una realidad “potencialmente preocupante para Estados Unidos”, ahora que empieza a visibilizarse el impacto de las políticas implementadas: aumentos arancelarios, nueva ley de impuestos y gastos que han redefinido los sistemas comercial, manufacturero, energético e impositivo, todo según el criterio personal del presidente. “Está ansioso por atribuirse el mérito de cualquier victoria que pueda ocurrir y busca a alguien más a quien culpar si la situación financiera comienza a tambalearse”. Achacar la culpa a su antecesor ha dejado de ser funcional, especialmente cuando “la economía mundial depende de cada palabra y publicación suya en redes sociales”, cita el medio.
Sus decisiones generan inquietud. Por ejemplo, según Univisión, al ver el informe reciente de empleo con sus indicadores desalentadores, el presidente optó por ignorar las cifras y despedir a la directora de la agencia que elabora las estadísticas mensuales. “Cifras importantes como esta deben ser justas y precisas; no pueden manipularse con fines políticos”, escribió Trump en Truth Social, sin presentar pruebas. “La economía está en auge”, insiste el mandatario.
Hoy persiste la duda: ¿las cifras negativas son solo un sacudón pasajero o el anticipo de disrupciones mayores? El punto central es que la economía bajo Trump se ha vuelto una “apuesta política”, quizá un salto al vacío sin paracaídas: “Los planes económicos de Trump son una apuesta política. El uso agresivo de aranceles, órdenes ejecutivas, recortes de gastos y cambios en el código tributario conlleva un riesgo político significativo si no logra generar prosperidad para la clase media”. Y eso sin contar que los efectos de los aranceles aún no se sienten del todo y recién en 2026 comenzarán a impactar plenamente.
El costo arancelario de muchos productos importados por Estados Unidos lo pagarán los ciudadanos con precios más altos. Falta por ver cuánto y en qué medida.
Univisión revisa los informes recientes y señala:
— El informe de empleo del viernes mostró que se eliminaron 37.000 empleos en el sector manufacturero desde la aplicación de los aranceles en abril, contradiciendo la narrativa oficial sobre una reactivación de las fábricas.
— La contratación neta se desplomó en los últimos tres meses: solo 73.000 nuevos empleos en julio, 14.000 en junio y 19.000 en mayo, lo que representa una reducción acumulada de 258.000 puestos frente a los datos anteriores. El año pasado, el promedio mensual fue de 168.000 empleos.
— Un informe de inflación del jueves reveló que los precios aumentaron un 2,6 % en los doce meses hasta junio, frente al 2,2 % de abril. Los productos con alto volumen de importación, como electrodomésticos, muebles y juguetes, se encarecieron significativamente de mayo a junio.
— El miércoles, un informe del PIB —el indicador más amplio de la economía— señaló un crecimiento anual inferior al 1,3 % en el primer semestre, muy por debajo del 2,8 % registrado el año pasado.
En suma, tras revisar el conjunto del reporte y los datos, el ejercicio de verificación y contraste desde medios y organizaciones de la sociedad civil, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, resulta hoy imprescindible. Las promesas de campaña y el relato oficial ya no solo se oponen a la realidad: pueden terminar produciendo consecuencias globales, dada la magnitud de la economía estadounidense. La sacudida no se limitará a sus fronteras.