Estados Unidos se enfría con Trump: cae el apoyo a las deportaciones masivas

21 juillet 2025 - 10:15

Los últimos sondeos muestran un giro del electorado estadounidense: la ofensiva migratoria de Trump pierde respaldo, incluso entre sectores que lo apoyaron en 2024.

Donald Trump celebró seis meses de su segundo mandato proclamando, con su habitual grandilocuencia, que Estados Unidos ha resucitado como “el país más respetado del mundo”. Sin embargo, las encuestas cuentan otra historia. En un país donde el índice de aprobación presidencial cae, y donde más de la mitad de la población cuestiona las redadas migratorias, la retórica de victoria se vuelve cada vez más ajena al sentir ciudadano.

Los sondeos publicados esta semana por CNN, CBS y Reuters reflejan un descenso sostenido en el respaldo a la política migratoria de línea dura. Un 55 % de los encuestados considera que las redadas van “demasiado lejos”, mientras el 57 % rechaza la creación de centros de detención masiva. Apenas el 26 % los apoya. El discurso que impulsó a Trump de regreso a la Casa Blanca —centrado en una campaña de deportaciones históricas y una narrativa de “invasión”— empieza a desgastarse ante una opinión pública cada vez más crítica.

El rechazo no se limita a los demócratas (86 %), sino que alcanza al 59 % de los votantes independientes, clave en cualquier elección nacional. Aunque el respaldo entre los republicanos sigue siendo abrumador (91 %), la caída general en la aprobación de sus políticas migratorias —del 59 % en febrero al 49 % actual— es sintomática. La diferencia es tanto de números como de percepción: cada vez más estadounidenses consideran que se está criminalizando a migrantes que no representan una amenaza real.

La distancia entre el discurso y la ejecución también es notable. Las cifras de deportaciones diarias siguen por debajo del pico alcanzado en 2013 bajo la presidencia de Barack Obama. La maquinaria represiva es ruidosa —con operativos espectaculares, agentes enmascarados y transmisiones virales—, pero menos eficiente de lo que promete. Analistas coinciden en que hay más teatralidad que impacto estructural: se trata de una política que busca asustar más que resolver.

El factor económico también empieza a pesar. Diversos informes advierten que las deportaciones masivas podrían provocar una contracción de la fuerza laboral en sectores clave como agricultura, construcción y servicios. La paradoja es evidente: se expulsa a trabajadores que el propio sistema necesita para funcionar. Las advertencias de pérdida de hasta 1,5 puntos del PIB hacia 2027 más que una exageración, es un cálculo técnico.

Y mientras el gobierno redobla operativos, la respuesta ciudadana también crece. Las protestas en ciudades como Los Ángeles, con miles de personas en las calles y presencia militar para contenerlas, reflejan un malestar que puede volverse estructural. La polarización se acentúa y la línea entre autoridad y autoritarismo se vuelve más delgada.

Trump aún conserva una base sólida, pero los datos muestran que su relato empieza a resquebrajarse fuera de su círculo fiel. Si su estrategia migratoria fue, como en 2016, una herramienta electoral poderosa, hoy parece una espada de doble filo. La misma retórica que lo elevó podría minar su legitimidad ante un electorado más empático, pragmático y menos dispuesto a tolerar excesos.

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