El gobierno Trump busca deportar a millones de inmigrantes, más allá de los delincuentes

18 septembre 2025 - 16:49


Un análisis de David J. Bier, experto en política migratoria en el Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del think tank libertario Cato Institute de Washington D.C., observa que el presidente Donald Trump cumplió su promesa electoral clave: “asegurar la frontera”. Sin embargo, las deportaciones masivas de la actual administración ya resultan impopulares y económicamente desestabilizadoras. Por tanto, “lo único que ha caído más rápido que los cruces ilegales ha sido su índice de aprobación en materia de inmigración”.

David J. Bier analiza que hay una realidad innegable y es que la crisis fronteriza ha concluido en Estados Unidos. Es decir, las detenciones de la Patrulla Fronteriza han caído casi un 90% durante 2025, alcanzando mínimos históricos. Lo anterior significa un triunfo para Trump, cuya promesa de campaña fue asegurar la frontera. Pero el objetivo de deportar millones de inmigrantes tendrá repercusiones en su popularidad y en el país.

Trump podría ser más hábil y exhibir sus resultados en la frontera con los arrestos y la expulsión de criminales que realmente suponen una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. El punto es que su gobierno “está persiguiendo a los inmigrantes de forma indiscriminada”.

Las medidas, redadas y deportaciones masivas ordenadas por la administración contra personas sin antecedentes criminales —en estos meses se han visto cientos de trabajadores detenidos y deportados, personas que contribuyen de múltiples formas al país— han sido injustas, humillantes y han violado protocolos. Estas órdenes llevadas al extremo ahora resultan impopulares incluso entre sus propios electores.

Está claro que los ciudadanos rechazan la inmigración ilegal. Una encuesta del Pew Research Center de marzo indicó que el 84% está en desacuerdo con los demócratas que plantean suspender las deportaciones por completo. Las encuestas han mostrado sistemáticamente que los votantes confían en Trump en materia de seguridad en las fronteras. Trump dijo que daría prioridad al fin del «santuario y la protección de los delincuentes peligrosos» y esa es la posición del 81% de los votantes.

En julio, sin embargo, encuestas indicaron una notable disminución de la aprobación respecto a la política migratoria del gobierno. Un 40% de los votantes aprobó la gestión del presidente en materia de inmigración frente a un 55% que la desaprobó. Y apenas un 38% aprobó la gestión de las deportaciones. Es decir, las deportaciones desde dentro de Estados Unidos hoy alimentan el descontento popular.

En junio, votantes declararon a CBS News que pensaban que el presidente estaba dando prioridad a los «delincuentes peligrosos» frente a los inmigrantes pacíficos, con un 53% frente a un 47%. A mediados de julio, la proporción cambió al 44% frente al 56%, un giro de 18 puntos en un mes.

La razón de tan drástico descenso es que los votantes “empezaron a ver cómo cambiaban las prioridades” de esta administración, indica el analista, quien aporta información reveladora para comprender los hechos. “Según la información del Post, a finales de mayo se ordenó a los agentes que se centraran en «la cantidad sobre la calidad» para cumplir el «objetivo» de 3.000 personas al día fijado por la Casa Blanca. Se aconsejó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que se centrara en las personas que buscaban trabajo en Home Depot y que realizara redadas en empresas de sectores que probablemente emplearan a trabajadores ilegales”. Las instituciones en Estados Unidos han desplazado las prioridades: ya no se enfocan en la detención de criminales peligrosos, sino en inmigrantes que sostienen la economía del país.

A partir de este cambio de la Casa Blanca, orientada a las cifras, “se ha producido un aumento espectacular de las detenciones de personas sin antecedentes penales”. Por ejemplo, en junio, el número de inmigrantes detenidos sin condenas penales fue un 1100% superior al registrado en 2017, durante el primer mandato del presidente Trump.

El experto observa que todavía hay medio millón de inmigrantes ilegales con condenas penales que deben ser expulsados del país. El ICE debería priorizar la localización de esas personas antes de dedicar su tiempo y recursos a hacer redadas de trabajadores. “Es de sentido común: los agentes del ICE declararon al Post que la política «les estaba llevando a dejar en libertad a algunos inmigrantes ilegales peligrosos»”, según puntualiza el experto.

El presidente estadounidense ya ha reconocido públicamente que estas deportaciones de personas sin antecedentes penales suponen un inconveniente económico para el país: «Nuestra agresiva política de inmigración les está quitando trabajadores muy buenos y con mucha antigüedad, cuyos puestos son casi imposibles de reemplazar», admitió en junio, en alusión a la industria del ocio, la hostelería y los servicios.

La otra gran promesa de la campaña Trump fue la inflación: “Y los inmigrantes reducen la inflación, al aumentar la producción de bienes y servicios”. Está claro que cuando la oferta disminuye, aumentan los precios para los consumidores. Y esta no es ideología, así funciona la economía.

Otra cuestión que aborda el experto citado es que los inmigrantes tampoco desplazan a los trabajadores estadounidenses. La explicación es clara: “las empresas invierten más cuando hay suficiente mano de obra para construir rápidamente y dotar de personal a las instalaciones”. Esto redunda en el bienestar de los estadounidenses que terminan consiguiendo mejores puestos de trabajo, como gerentes y supervisores, mientras los inmigrantes ocupan los empleos menos cualificados. “Expulsar a los casi 2 millones de trabajadores inmigrantes ilegales sacará a los estadounidenses de esos puestos de trabajo mejor remunerados, sin incorporarlos de inmediato a la población activa”.

Al margen de la política migratoria del gobierno Trump, el éxito que el trumpismo pueda obtener en las elecciones de medio término dependerá, en última instancia, de sus resultados económicos. “Los estadounidenses lo reeligieron porque recuerdan su primer mandato antes de la pandemia como un periodo de estabilidad salarial y crecimiento del empleo, pero las deportaciones masivas son políticamente impopulares y económicamente desestabilizadoras”, puntualiza el experto de Cato Institute.

Aunque el mandatario estadounidense ha prometido efectuar cambios en las deportaciones, hasta la fecha no se han concretado.

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