Los discursos presidenciales constituyen en las Américas el mecanismo más efectivo para dudar del poder y desconfiar de la palabra presidencial ante los excesos retóricos y las impúdicas falsedades que los mandatarios osan decir a sus respectivos países.
Piénsese en Donald Trump o en Gustavo Petro. Claro, a Trump hay que agradecerle que tome apenas 20 minutos en horario de máxima audiencia para dirigirse a la nación. Los líderes bananeros de América Latina, desde Hugo Chávez a Gustavo Petro, han pretendido que sus desvaríos merecen interrumpir, durante horas, a los ciudadanos.
Lo más saludable es dudar del poder y de las palabras presidenciales que subestiman la inteligencia de los ciudadanos y, luego, ir al fact-checking para desmentir las exageraciones y noticias falsas que suministran a la ciudadanía. La verificación de hechos permite validar la información y determinar qué, de todo aquello que dicen, es cierto, es falso o es exagerado.
La noche de este miércoles, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha pronunciado un inusual discurso de casi 20 minutos en horario de máxima audiencia. Trump se dirigió a la nación desde la Oficina Oval. Había expectativa no solo al interior del país, incluso afuera, por el eventual anuncio de una intervención en Venezuela. No obstante, el discurso incluyó relativamente pocas noticias, pero muchas hipérboles, superlativos, exageraciones, imprecisiones y falsedades. El mandatario dio su versión de la realidad política, social y económica del país que recibió y el país que, según él, ha reconstruido de las cenizas en 11 meses.
En resumen, como suele ocurrir en las películas de Hollywood, Joe Biden y los demócratas, los malos, son lo peor que le ha sucedido a Estados Unidos de América, hasta que aparecen en escena los buenos, los republicaos y, naturalmente, el héroe Trump, quien superando obstáculos infranqueables a toda velocidad, redime a la nación, salva ya no solo al país de la destrucción, sino al mundo entero. ¡Gracias, Hollywood, por regalarnos tantos momentos alucinantes que nos abstraen de la realidad! ¡Gracias, Sr. Presidente D. Trump, por hacer grande a América otra vez, y, también, por salvar el mundo!
Transcurridos 11 meses de la gestión Trump y el retorno republicano al poder, el gobierno Biden sigue presente en el discurso de Trump para comparar y hasta denostar a su antecesor frente a las proezas alcanzadas por él en este primer año de gobierno. Trump mencionó a Biden al menos seis veces. “Hace once meses heredé un desastre y lo estoy arreglando”. “Esto (la alta inflación) ocurrió durante una administración demócrata”, agregó el presidente, “y fue cuando comenzamos a escuchar la palabra asequibilidad”, dijo Trump.
La ojeada rápida de algunos medios americanos esta mañana permite conocer la valoración del discurso hecho por Trump. Se dice que este fue un discurso vacío y “un desastre”, tanto en la forma, como en el contenido. El mandatario no lucía cómodo, confundía sus líneas en el teleprompter y se le sentía corriendo una maratón, una carrera contra el tiempo en la que bombardeó y escupió palabras, casi sin pausa, para llegar a decir todo dentro del tiempo calculado para su intervención. Y lo hizo, pero el resultado fue el que fue.
En cuanto al contenido de su discurso, ha sido todavía más problemático, porque incluso leyéndolo, Trump hizo afirmaciones falsas. Dijo que fue elegido por una mayoría aplastante en 2024, pero eso no fue exactamente así. “Ni siquiera obtuvo la mayoría del voto popular, y su margen de voto electoral fue históricamente bajo”, indican algunos medios estadounidenses.
Trump afirmó que llegó al cargo con la peor inflación en 48 años y esa afirmación es falsa. La inflación en ese momento rondaba el 3 % y está lejos de ser la peor inflación de la historia. Algunos medios notan que la inflación incluso tocó parte de la primera gestión Trump, tras los efectos de la pandemia de Covid 19. El presidente también afirmó que de alguna manera redujo los precios de los medicamentos en cientos de puntos porcentuales y los medios le recuerdan hoy que aquello no es posible.
La prensa destaca sus afirmaciones falsas e incluso sus groseras exageraciones, al indicar, primero, que Biden dejó cruzar la frontera a casi 12.000 asesinos, una falsa afirmación. El presidente ha sido visiblemente inmoderado hablando de la cantidad de delincuencia y de inmigración ilegal bajo el gobierno Biden y también ensanchando su propio historial para poner fin a las guerras en el mundo, buscando, desde luego, engrandecer su figura y su legado ya de un modo exagerado y por lo mismo poco creíble.
No hubo, en el discurso presidencial, grandes anuncios o hechos realmente noticiosos. La noticia es que habló a la nación en horario de máxima audiencia y ello sí admite interpretaciones. La segunda razón por la cual su discurso ha sido noticia es porque llevó a contrastar muchas de sus afirmaciones para desmentirlo. Pero, en realidad, lo que ha dicho el jefe de la Casa Blanca resulta familiar para quien siga sus reuniones, declaraciones cotidianas y mítines.
Lo más relevante, auténtico y genuino de su alocución han sido los anuncios, primero, de envío de cheques para los miembros del servicio y, segundo, los que eventualmente serán algunos de los “planes de reforma de vivienda más agresivos en la historia estadounidense” que, según el mandatario, se verán en algún momento del próximo año. Más allá de estos anuncios, sus palabras no inspiran demasiada credibilidad y confianza, aunque sí permiten inferir que hay preocupación en la Casa Blanca por la desaprobación presidencial, particularmente en lo que respecta a temas económicos y también por las dudas razonables que están generando el impacto y los resultados de varias de sus políticas.
Una encuesta reciente de Fox News indicó que aproximadamente el doble de votantes registrados estima que Trump es más responsable de la situación económica actual (62 %) que Biden (32 %). Las cifras económicas de Trump no están lejos de las de Biden en sus peores momentos, incluso si el mandatario se ha permitido afirmar anoche que gracias a él y sus políticas su país hoy está mejor de lo que haya estado nunca.