La cantante acusa al presidente estadounidense de convertir una institución cultural en una disputa personal. Un juez federal ha ordenado a la Administración que avise con al menos 30 días de antelación antes de emprender cualquier demolición o cambio estructural relevante.
Barbra Streisand ha cargado contra Donald Trump por las amenazas de demolición que rodean al Centro Kennedy de Washington. En un comunicado difundido en su web, la cantante y actriz denuncia que una institución concebida como homenaje a John F. Kennedy se haya convertido en objeto de una pugna por el «nombre» y el «ego desmedido» de un solo hombre.
La intervención de Streisand llega después de que el juez federal Christopher Cooper ordenara a la Administración de Trump notificar con un mínimo de 30 días cualquier paso hacia una demolición o una modificación estructural importante del Kennedy Center for the Performing Arts. La decisión busca evitar que el cierre temporal del recinto para atender problemas de seguridad pueda derivar en un cambio irreversible sin control público ni autorización del Congreso.
La controversia creció tras difundirse imágenes de Trump examinando en el Air Force One un cartel con la frase «Kennedy Center DEMOLISHED». El recinto cerró de forma temporal después de que se detectaran graves problemas estructurales, entre ellos el deterioro de elementos de la cubierta y un desprendimiento parcial del techo. La junta gestora aprobó una renovación de 257 millones de dólares, con un cierre previsto de dos años.
El juez Cooper ya había bloqueado un intento de incorporar el nombre de Trump al del centro cultural. La resolución recordó que cualquier cambio en la denominación del edificio requiere una ley del Congreso, al tratarse de un memorial nacional dedicado al presidente asesinado en 1963.
Streisand, que ha actuado en el Centro Kennedy, recuerda que la institución se creó como un «monumento vivo» en honor a Kennedy y como un espacio para la música, el teatro, la danza y las artes escénicas. A su juicio, su valor reside también en una idea de la cultura vinculada a la vida democrática.
La artista interpreta el cierre y las amenazas de demolición como una prolongación de esa disputa. Trump, que preside la junta del centro tras reemplazar a su anterior dirección, ha defendido la necesidad de una renovación profunda por el mal estado del edificio. Sus críticos temen que la reparación se convierta en una oportunidad para alterar la identidad de una de las instituciones culturales más emblemáticas de Estados Unidos.
El conflicto combina cuestiones de seguridad, patrimonio cultural y poder político. La orden judicial no impide las obras, pero obliga a que cualquier decisión de gran alcance sea comunicada con tiempo y pueda ser sometida al escrutinio público y parlamentario.