La formación de Santiago Abascal lanza vallas publicitarias que contraponen una mujer con burka junto a los logos del PSOE y PP frente a otra sonriente con el símbolo de la ultraderecha, generando la indignación del Ayuntamiento gobernado por el PP, que estudia acciones legales. Esta nueva escalada del discurso del odio evidencia cómo la extrema derecha ha conseguido normalizar narrativas islamófobas que hace una década eran marginales, mientras acelera la radicalización del debate migratorio español.
La localidad almeriense de El Ejido se convirtió este jueves en epicentro de una nueva polémica xenófoba protagonizada por Vox, que instaló vallas publicitarias con el mensaje «¿Qué Almería quieres?», donde contraponía la imagen de una mujer con burka junto a los logotipos del PSOE y PP frente a otra sonriente junto al símbolo de la ultraderecha. La campaña, que busca alertar sobre una supuesta «islamización» de la provincia, provocó la indignación inmediata del Ayuntamiento gobernado por el Partido Popular (PP), que calificó la acción como «ruin y deplorable política de provocación» y anunció posibles acciones legales para su retirada definitiva.
Las dos vallas, ubicadas en la avenida Oasis y junto a la zona comercial DUE, aparecieron cubiertas con lonas negras durante la mañana, aunque el Consistorio precisó que no había ordenado su tapado. Vox respondió acusando al PP de ejercer «presiones» sobre las empresas publicitarias para «censurar» su campaña, extendiendo las acusaciones también a Roquetas de Mar, donde supuestamente se habrían ejercido similares coacciones para impedir la instalación de estos carteles.
Francisco Góngora, alcalde popular con mayoría absoluta, enfrentó directamente a su antiguo socio de gobierno asegurando que se trataba de un «comportamiento típico de Vox, al que solo le interesa la provocación y la crispación». El regidor añadió que «Vox contribuye a la estrategia de polarización de Sánchez mejor que nadie», revelando la tensión existente entre ambas formaciones tras su ruptura de pactos. Esta fricción evidencia las dificultades del centro-derecha para gestionar la presión de la extrema derecha sin comprometer sus propios valores democráticos.
El Ejido como laboratorio xenófobo de la ultraderecha
El municipio almeriense presenta características que lo convierten en terreno abonado para la experimentación del discurso xenófobo. Con cerca del 35% de población extranjera, principalmente de origen marroquí, El Ejido fue precisamente el primer ayuntamiento donde Vox logró una victoria electoral en diciembre de 2018. La combinación de alta densidad migratoria, economía agrícola intensiva y memoria histórica de conflictos interétnicos anteriores ofrece a la ultraderecha un escenario propicio para testar sus narrativas más radicales.
La formación de Abascal defiende que su campaña pretende «denunciar y luchar contra todas las prácticas culturales que dañan y denigran a la mujer, como el matrimonio forzoso o la ablación genital femenina». Sin embargo, la utilización de símbolos religiosos como el burka para generar alarma social trasciende cualquier legítima preocupación por los derechos de las mujeres y se adentra en el territorio de la islamofobia política. La estrategia revela la capacidad de Vox para instrumentalizar causas progresistas como la igualdad de género para promover agendas discriminatorias.
Esta táctica forma parte de lo que los especialistas denominan «feminismo islamófobo», mediante el cual partidos de extrema derecha europea adoptan retóricamente la defensa de los derechos de las mujeres para justificar políticas anti-inmigración. El fenómeno se inició en Francia y Países Bajos hasta llegar a España, donde Vox perfecciona narrativas que presentan la inmigración musulmana como amenaza existencial para los valores occidentales, ocultando que las principales resistencias a la igualdad de género provienen históricamente de sectores ultraconservadores autóctonos.
La elección de El Ejido como escenario para esta campaña no es casual. El municipio protagonizó en febrero de 2000 los disturbios xenófobos más graves de la democracia española, cuando grupos organizados atacaron comercios, mezquitas y viviendas de inmigrantes marroquíes tras el asesinato de una joven española. Aquellos sucesos, que se saldaron con decenas de heridos y cuantiosos daños materiales, evidenciaron las tensiones latentes en una sociedad marcada por la coexistencia de comunidades con profundas diferencias socioeconómicas.
Un cuarto de siglo después, Vox reactiva deliberadamente esos traumas colectivos para generar nuevas divisiones. «Este es el cartel racista que ha impuesto la ultraderecha de Vox en El Ejido, lugar donde hubo una razzia contra trabajadores migrantes, y fascistas quemaron sus viviendas, establecimientos y mezquitas», denunció en redes sociales el activista Fonsi Loaiza, recordando la gravedad de aquellos acontecimientos. La memoria de la violencia xenófoba se convierte así en herramienta política para la movilización del resentimiento.
La respuesta ciudadana no se hizo esperar. Numerosos usuarios de redes sociales identificaron la campaña como «discurso de odio, racismo y manipulación», mientras otros recordaron que El Ejido es «una tierra en la que conviven cada día más de cien nacionalidades con un porcentaje de un tercio de población inmigrante». Esta diversidad, lejos de constituir un problema, representa una de las principales fortalezas económicas del municipio, cuya agricultura intensiva depende estructuralmente de la mano de obra extranjera.
*David Alvarado: politólogo y periodista