Un año después de la tragedia que golpeó a la Comunidad Valenciana, la Ciudad de las Artes y las Ciencias acogió el funeral de Estado por los fallecidos en presencia de los Reyes, el Gobierno y cientos de familiares. Las asociaciones de víctimas mantienen su exigencia de verdad y asunción de responsabilidades, generando rechazo la presencia del president entre los asistentes. El acto, protagonizado por los testimonios de los familiares, subrayó la necesidad de que la catástrofe no caiga en el olvido.
La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia se convirtió este miércoles 29 de octubre en el escenario del homenaje más esperado y doloroso del año. El funeral de Estado por las 237 víctimas mortales de la DANA que asoló la región hace exactamente un año reunió a 800 personas en el Museo Príncipe Felipe. Los Reyes Felipe VI y Letizia, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez y las principales autoridades del país estuvieron presentes en una ceremonia que situó a los familiares de los fallecidos como verdaderos protagonistas.
La periodista valenciana Lara Síscar, encargada de conducir el acto, leyó uno a uno los nombres de las 237 personas que perdieron la vida. Entre ellos, 229 víctimas en la provincia de Valencia, siete en Castilla-La Mancha y una en Andalucía. La ceremonia, de carácter laico, incluyó la interpretación del himno nacional, el minuto de silencio y una ofrenda floral de los Reyes al ritmo del ‘Cant dels Ocells’, mientras muchos familiares sostenían fotografías de sus seres queridos desaparecidos.

Los testimonios de los familiares marcaron el tono del acto. Andrea Ferrari Canut, quien perdió a su madre Eva, fue la primera en tomar la palabra. Agradeció a los voluntarios que acudieron desde toda España y subrayó la importancia de la memoria. «Es un acto de compromiso el no olvidarlos y mantener vivo su recuerdo. La calma viene con esfuerzo y unión, convirtamos el homenaje en una lección, porque mientras exista memoria, no habrá olvido», declaró con firmeza ante el auditorio.
Virginia Ortiz Riquelme, otra familiar, fue más directa al señalar responsabilidades. «El causante de la catástrofe es quien omite su deber», afirmó en clara alusión a las autoridades políticas. «No dejemos a nuestra sociedad en manos de quienes no nos llevan a ese concepto de paz basado en la igualdad y en la seguridad», añadió. El Rey Felipe VI, por su parte, pidió «analizar las causas de la tragedia para extraer con rigor las lecciones necesarias para afrontar otras catástrofes y que no se vuelva a repetir».
Rechazo unánime contra el president valenciano
La llegada del president de la Generalitat, Carlos Mazón, desató la indignación de numerosos familiares presentes. Antes del inicio de la ceremonia, varios asistentes le gritaron «asesino», «rata cobarde» y «hijo de puta». Una mujer en las primeras filas llegó a vociferar con rabia contenida durante meses: «Has matado a mi hermano y a mi sobrina». Otro grupo portaba camisetas con la inscripción «Traidores, cómplices, asesinos, la verdad siempre vence» y mostraban fotografías de sus familiares fallecidos directamente al dirigente autonómico.
La tensión fue tal que algunos asistentes se enfrentaron a quienes protestaban, pidiéndoles respeto por el acto. Sin embargo, la ausencia de Mazón en el saludo previo a los familiares junto a los Reyes y Sánchez no pasó desapercibida. El protocolo del funeral establecía que el president no participaría en ese encuentro privado con las asociaciones de víctimas en una sala adyacente, un detalle que reflejó la fractura existente entre el Consell y los afectados.
Horas antes del funeral, Mazón había reconocido en una declaración institucional que «hubo cosas que debieron funcionar mejor» el día de la tragedia. «Tratamos de hacer lo mejor en una circunstancia inimaginable pero en muchos casos no fue suficiente y hoy debemos reconocerlo», manifestó. Sin embargo, sus palabras no apaciguaron la ira de las víctimas. Joan Baldoví, síndic de Compromís, calificó la intervención de «infame» y aseguró que «la única declaración de Mazón que estamos esperando los valencianos y las valencianas es el anuncio de su dimisión inmediata».

Las asociaciones Víctimas Mortales Dana 29-O y Víctimas Dana 29-O, presididas respectivamente por Rosa Álvarez y Mariló Gradolí, han sido fundamentales durante este año de lucha. Álvarez recordó cómo su padre de 80 años, que gozaba de excelente salud, murió aquella tarde del 29 de octubre. «Nos lo arrebataron, no murió porque tuviera que morir», señaló con dureza. Para Toñi García, quien perdió a su hija Sara de 24 años y a su marido Miguel, todo pudo evitarse: «Fue un infierno real, de destrucción total, y todo por una alerta que llegó tarde y mal redactada».
Ambas asociaciones han recorrido un camino de dignidad desde la tragedia. Su viaje a Bruselas en mayo resultó decisivo para obtener el reconocimiento que no encontraron en Valencia. Se reunieron con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y lograron que el Parlamento Europeo mantuviera abierta su petición de investigación sobre las responsabilidades en la gestión de la emergencia. «Debemos recordar que no se nos avisó del riesgo, no hubo una cualificación de riesgo, y el presidente Mazón minimizó el riesgo y dio seguridad a la ciudadanía siendo completamente negligente», explicó Gradolí.
La relación con el Gobierno central ha sido más fluida. Las víctimas se han reunido con Pedro Sánchez y varios ministros, logrando la puesta en marcha de las Unidades de Salud Mental en Emergencias y el compromiso de transparencia en el seguimiento de los fondos europeos destinados a la reconstrucción. En contraste, las asociaciones han cortado toda comunicación con Mazón, a quien acusan de maltrato institucional y de intentar politizar su dolor.
La memoria como bandera de lucha
Durante este año, las manifestaciones mensuales en Valencia han mantenido viva la exigencia de dimisión de Mazón. El apoyo ciudadano, pese a las variaciones en el número de asistentes, ha sido constante. Como símbolo de resistencia, se plantaron 229 oliveras, una por cada víctima fallecida en la provincia, en los territorios afectados. «El apoyo de la ciudadanía ha sido constante en las manifestaciones, con frío, con lluvia, con un sol abrasador… hemos pasado por todo», explicó Álvarez.
El funeral de Estado, que duró aproximadamente una hora, concluyó con la interpretación del Adagio del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo por parte de un sexteto de la Orquesta de RTVE. La ceremonia dejó clara una realidad: un año después, las víctimas siguen reclamando verdad, justicia y reparación. Como expresó García en una reflexión sobre los aforamientos políticos: «Los privilegios de los políticos deberían acotarse. Quienes incumplen la ley deben responder ante la jurisdicción ordinaria como cualquier persona. Precisamente ellos, deberían ser ejemplares».