Se cumplen 100 años de la muerte y 175 del nacimiento del fundador del PSOE

21 octobre 2025 - 09:23

Pablo Iglesias, quien caminó tres semanas desde Ferrol a Madrid para escapar de la miseria, fue un niño huérfano que participó en mítines multitudinarios, se convirtió en tipógrafo en la capital y fundó el partido socialista más antiguo de Europa. Su legado transformó la política española del siglo XX y sentó las bases de la socialdemocracia en un país que transitaba desde el absolutismo monárquico hacia la modernidad democrática.

«Bienvenidos a la capital de la muerte», rezaban los titulares sobre el Madrid de 1860. En la metrópolis se multiplicaban epidemias como el cólera y la tuberculosis, enfermedades que golpeaban especialmente a los emigrantes desde el medio rural que llegaban montados en carros de arrieros o incluso a pie. Tres semanas duró la odisea de Pablo Iglesias Posse, junto a su madre Juana y su hermano Manuel, desde Ferrol hasta la capital española.

Las crónicas que reconstruyen el trayecto narran algunos tramos en los que los pequeños fueron subidos a las carretas, donde también viajaban la miseria y el recuerdo de una hermana recién nacida que falleció a los nueve años. Por delante de Manuel y Pablo aguardaba toda una infancia proletaria en el Madrid más duro del siglo XIX. Pablo Iglesias se convertiría en un referente para millones de trabajadores españoles durante décadas.

Cuando se cumplen 175 años de su nacimiento el 17 de octubre de 1850 y cien de su muerte el 9 de diciembre de 1925, su figura sigue acompañada de misterio y fascinación. Su biografía comienza con una infancia semejante a la de los huérfanos de Charles Dickens y Pérez Galdós, marcada por la pobreza extrema y el sufrimiento de las clases trabajadoras del siglo XIX.

La historiadora Patricia Hermida ha investigado aquellos primeros años del político ferrolano. Sus padres fueron Manuel Iglesias, médico de la capital gallega, y Manuela Posse, lavandera. A la capital llegó la familia esperando encontrar trabajo y un salario que permitiera una vida digna. Pero cuando llegaron a Madrid, el padre ya había muerto, con lo que continuó la desesperación de Juana, quien tuvo que meter a sus hijos en un hospicio.

Del hospicio a la lucha obrera 

En el hospicio, Pablo se formó como tipógrafo mientras su hermano Manuel aprendía ese mismo oficio. Ya establecidos en el Manzanares, en la cuesta de los Cabestreros, Pablo consiguió trabajo en periódicos. Manuel vivió con su madre toda la vida y se hizo cargo de Juana económicamente, ejerciendo también de figura paterna para su sobrino Juan. La familia experimentó una pobreza extrema que marcaría para siempre la conciencia social del futuro líder obrero.

Tras años de lucha y trabajo, Pablo Iglesias llegó a fundar, junto a sus compañeros, el PSOE y la UGT, convirtiéndose en el símbolo de la lucha de clases en España. El pequeño Pablo apenas asistía al colegio, aunque sus padres vivían cerca de San Fernando. El hambre marcó su infancia en un barrio obrero de gente trabajadora y sufrida. Con el tiempo, su padre sufrió problemas de salud mental y acabó ingresado en la cárcel, ya que no había otro espacio para esos pacientes entonces.

Juana se quedó sola sin ingreso alguno tras perder al hombre que la había mantenido a ella y a sus hijos. No tuvo más remedio que trabajar como lavandera en el Manzanares para sobrevivir. La familia llegó a vivir en ocho casas diferentes, aquellas viviendas precarias de barrios obreros que se alquilaban por habitaciones. La pobreza y la inestabilidad marcaron la vida de Pablo Iglesias durante toda su juventud, forjando su carácter comprometido con los más desfavorecidos.

El ferrolano se convirtió en referente indiscutible para los trabajadores españoles. Los primeros dirigentes socialistas siguieron su ejemplo de sacrificio y dedicación a la causa obrera. Pablo Iglesias dedicó su vida al PSOE y a la UGT, construyendo organizaciones que defendían los derechos de los trabajadores y luchaban por la justicia social. Su compromiso era absoluto y su sacrificio personal, innegable para quienes le conocieron de cerca.

Según Julián Besteiro, uno de sus discípulos más cercanos, Iglesias representaba el auténtico espíritu de sacrificio y humanidad que debía caracterizar al movimiento socialista español. Pablo Iglesias murió en Madrid a los 75 años, el 9 de diciembre de 1925, en la calle San Fernando, cerca de donde habían vivido sus padres y su hermana Elisa. Durante su vida regresó apenas cuatro veces a Ferrol para participar en mítines multitudinarios que congregaban a miles de trabajadores.

Figura respetada y olvido franquista

Su figura fue respetada incluso por quienes no compartían sus ideas políticas, y caminó incansablemente por toda España defendiendo los derechos de los trabajadores. El PSOE y la UGT, las organizaciones que fundó, se convirtieron en pilares fundamentales de la socialdemocracia española. El presidente de la Diputación de A Coruña, Valentín González Formoso, afirma: «Desde las calles humildes que lo vieron nacer, comprendemos la lucha de clases que impulsó Iglesias como una voz valiente que surgió en un país necesitado de justicia social».

En 1939, los franquistas eliminaron la placa que se le había dedicado en el Concello ferrolano. El PSOE ha decidido colocar una nueva dedicación en Esteiro, el barrio donde nació, recuperando así la memoria del fundador del socialismo español. Formoso añadió: «Sin reivindicaciones partidistas, hay que entender la importancia de recuperar la historia y el reconocimiento del padre fundador del socialismo español». La reivindicación de su figura trasciende las fronteras partidistas.

El poeta Antonio Machado recordaba así la manifestación más emocionante a la que asistió: «La voz del orador, cansada y enronquecida, con aliento de fuelle viejo, era la de Pablo Iglesias, con su acento inconfundible de humanidad auténtica». El legado de Pablo Iglesias permanece vivo en la España contemporánea. Su lucha por los derechos de los trabajadores, su compromiso con la justicia social y su dedicación absoluta a la causa obrera marcaron el camino de la socialdemocracia española durante todo el siglo XX y continúan inspirando a nuevas generaciones de militantes socialistas.

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