Las dos agencias de calificación suben la nota soberana española con perspectiva estable, tras el movimiento de S&P hace dos semanas. Moody’s mejora de Baa1 a A3, la calificación más alta desde 2012, mientras Fitch pasa de A- a A. Las agencias destacan el crecimiento económico por encima de la media europea, la creación de empleo y la solidez del sistema financiero. España recupera el estatus perdido durante la crisis tras años de reformas estructurales.
España cierra un mes de mejoras en los mercados de deuda tras recibir la tercera subida de calificación crediticia en cuatro semanas. Moody’s y Fitch han elevado la nota española al rango A, completando el movimiento iniciado por S&P Global a mediados de septiembre. Moody’s mejora la calificación de Baa1 a A3 con perspectiva estable, la mejor valoración desde 2012 y la primera vez que España sale del rango B de esta agencia en más de una década. Fitch eleva la nota de A- a A, también con perspectiva estable, después de haber mejorado la perspectiva de positiva a estable en noviembre de 2024.
Las tres principales agencias sitúan ahora la deuda española en territorio A por primera vez desde la crisis financiera. Esta convergencia refleja más de una década de reformas estructurales, reducción de deuda del sector privado y fortalecimiento del sistema financiero. La sincronización de las mejoras indica que se trata del reconocimiento de un cambio estructural en la economía española, no de evaluaciones aisladas. El Ministerio de Economía ha valorado que todas las agencias ubican ya su calificación en A, «situación que se perdió durante la crisis financiera y que no se había recuperado hasta estos momentos».
Las agencias fundamentan sus decisiones en factores similares que muestran la evolución de la economía española. Moody’s destaca «un modelo de crecimiento económico más equilibrado, mejoras en el mercado laboral y fortalecimiento del sector bancario». Fitch señala que «el rendimiento económico de España ha superado las expectativas y ha superado con creces a otras grandes economías de la eurozona», proyectando un crecimiento del 2,7% para 2025 y del 2,0% para 2026. Ambas agencias valoran la reducción de la deuda externa, la diversificación de las exportaciones de servicios y los flujos migratorios netos que sostienen el crecimiento.
Impacto en los mercados financieros
La prima de riesgo española se encuentra por debajo de los 55 puntos básicos respecto al bono alemán, niveles no registrados en casi dos décadas. Esta reducción del diferencial disminuye los costes de financiación del Estado español, generando ahorros en el servicio de la deuda pública que pueden destinarse a inversión o reducción del déficit. El efecto se extiende al sector privado, donde empresas y entidades financieras acceden a financiación internacional en condiciones más favorables.
La mejora crediticia facilita el acceso de España a los mercados de deuda, ampliando la base de inversores institucionales que pueden incluir bonos españoles en sus carteras. Fondos de pensiones, aseguradoras y gestoras que operan con mandatos basados en calificaciones mínimas recuperan la capacidad de invertir en deuda española. Esta dinámica aumenta la demanda por estos activos, proporcionando estabilidad al mercado primario de emisiones soberanas y mejorando las condiciones de colocación.
El sector bancario español obtiene un doble beneficio. La mejora del soberano reduce el riesgo regulatorio asociado a la concentración en deuda española que caracteriza a las entidades nacionales. Además, la percepción de solidez del sistema financiero, mencionada por Moody’s, fortalece la posición competitiva de la banca española en mercados internacionales. Este entorno coincide con el mejor momento del sector desde la crisis financiera, con ratios de solvencia sólidos y provisiones para absorber tensiones externas.
Desafíos a medio plazo
Las agencias mantienen advertencias sobre retos estructurales que requieren atención. Moody’s sitúa el crecimiento potencial español en el 1,5%-1,6%, limitado por el envejecimiento demográfico y las restricciones de productividad. Las reformas de pensiones han elevado la edad efectiva de jubilación y mejorado la sostenibilidad del sistema, pero la presión demográfica persistirá. Fitch destaca la dependencia del crecimiento respecto a flujos migratorios continuados, factor que introduce incertidumbre asociada a dinámicas geopolíticas.
La estabilidad institucional aparece como factor clave para preservar la trayectoria crediticia. Moody’s había advertido durante el año sobre el posible impacto de la condonación de deuda autonómica por valor de 85.000 millones de euros, aunque considera que el escenario central mantiene la resistencia económica. Las agencias señalan «debilidades institucionales relativas», evidenciadas por la ausencia de presupuestos aprobados durante dos ejercicios consecutivos. La gestión de las tensiones territoriales y la capacidad de mantener consensos en materias económicas constituyen variables determinantes para la evolución futura del rating.
La sostenibilidad fiscal a medio plazo requiere equilibrar el impulso al crecimiento con la disciplina presupuestaria. Las agencias advierten que un deterioro del déficit público o del saldo exterior podría frenar la tendencia alcista de las calificaciones. El aumento previsto del gasto en pensiones y defensa ejercerá presión sobre las finanzas públicas en los próximos cinco años. La ejecución de los fondos europeos de recuperación constituye una oportunidad para acelerar la modernización productiva y consolidar el crecimiento potencial.
Posición en el contexto europeo
La mejora crediticia de España contrasta con las dificultades de sus socios europeos. Mientras España recupera el rango A en las tres agencias principales, Alemania enfrenta perspectivas de estancamiento económico y Francia atraviesa turbulencias políticas que comprometen su estabilidad fiscal. Esta divergencia sitúa a España en una posición diferente dentro de la Unión Europea, con mayor capacidad de influencia en las decisiones comunitarias sobre política fiscal y monetaria.
España presenta menor exposición a tensiones comerciales que otros países europeos. Con el 4,7% de las exportaciones dirigidas hacia Estados Unidos, frente al 35% alemán, España muestra menor vulnerabilidad ante escaladas arancelarias. Esta menor dependencia, combinada con la fortaleza de la demanda interna y la diversificación de las exportaciones de servicios, proporciona a la economía española mayor autonomía para navegar en un entorno geopolítico complejo. La consolidación del estatus crediticio refuerza esta posición dentro del espacio económico europeo.