Memoria de las 12 costureras de Víznar: cuando el sindicalismo se pagaba con la vida

11 novembre 2025 - 16:24

El Gobierno español ha rendido homenaje oficial a las doce modistas asesinadas en octubre de 1936 en el barranco de Víznar, Granada, cuyos restos fueron exhumados en 2022 junto a dedales y enseres de su profesión. Estas mujeres, afiliadas al Sindicato de la Aguja de la UGT, fueron fusiladas por defender derechos laborales tan básicos como poder trabajar sentadas, en uno de los episodios más estremecedores de la represión franquista contra las mujeres.

El 31 de octubre de 2025, el Auditorio Nacional de Música de Madrid acogió un acto que España debía desde hace casi 90 años. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, entregó la declaración oficial de reparación a 18 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista, entre ellas Federico García Lorca, Luis Buñuel y María Moliner. Pero junto a estos nombres universales, el reconocimiento alcanzó también a doce mujeres anónimas cuya historia resume la barbarie: las costureras de Víznar, ejecutadas el 6 de octubre de 1936 por el simple hecho de pertenecer a un sindicato que reclamaba dignidad laboral.

Nadège Palma, familiar de las víctimas que aún busca los restos de sus antepasados en ese mismo barranco, recogió el diploma en nombre de las doce modistas. El periodista Xabier Fortes, presentador del acto, las comparó con las trece rosas, subrayando que esta matanza de mujeres ejemplifica el horror del fascismo. Laura García Lorca, sobrina del poeta, habló en representación de todos los homenajeados: este reconocimiento honra a quienes perdieron la vida, la libertad o el derecho a su palabra, a los fusilados, encarcelados, exiliados y condenados al silencio.

Las doce costureras no murieron por casualidad. Fueron ejecutadas por pertenecer al Sindicato de la Aguja de la UGT, una organización que defendía reivindicaciones tan elementales como trabajar sentadas en lugar de permanecer de pie durante jornadas extenuantes. Entre las víctimas se encontraban Eloísa Martín Cantal, de apenas 19 años según confirmaron las investigaciones, Teresa y Elena Gómez Juárez, Francisca Fernández Navarro, Rosario Fregenal, Ascensión Garrido y Josefa Puertas. La mayoría eran modistas, algunas apenas adolescentes, otras mujeres maduras. Todas compartían la misma condena: haber osado reclamar derechos.

Un hallazgo que devuelve los nombres a las víctimas 

El verano de 2022 marcó un punto de inflexión en la recuperación de la memoria democrática en Granada. El equipo interdisciplinar de la Universidad de Granada, coordinado por el profesor Francisco Carrión, descubrió en el barranco de Víznar una fosa común con los restos de doce mujeres. Junto a los cuerpos, los arqueólogos encontraron dedales, enseres de costura y objetos personales que confirmaron su profesión. Los análisis forenses revelaron que todas habían recibido disparos en la cabeza con armas cortas, ejecutadas a bocajarro como si los verdugos practicaran con una diana.

La identificación de Eloísa Martín fue posible gracias al trabajo de la investigadora Silvia González, quien descubrió su expediente en los archivos de la Real Chancillería de Granada en 2018. El padre de Eloísa intentó inscribirla como fallecida durante la guerra para evitar que su hermano pequeño, Mario, tuviera que hacer el servicio militar. Ese documento contenía errores en la fecha de nacimiento, lo que inicialmente hizo creer que Eloísa tenía solo 15 años. Confirmar su edad real, 19 años, fue crucial para la identificación. En enero de 2025, Mario Martín, de 91 años, recibió los restos de su hermana en un acto solemne en el Ayuntamiento de Víznar. Apenas tres años tenía cuando asesinaron a Eloísa, y no la recordaba: el sufrimiento familiar había convertido su historia en un silencio doloroso.

Las investigaciones han documentado que las costureras fueron detenidas en sus domicilios entre el 2 y el 4 de octubre de 1936. Algunas, como Eloísa, fueron arrestadas cuando los golpistas buscaban a sus familiares varones comprometidos políticamente. Otras fueron capturadas simplemente por su militancia sindical. Teresa Gómez Juárez, militante del PSOE y de la UGT, fue la única mujer elegida como suplente en la lista socialista para las elecciones municipales de marzo de 1936. Su hermana Elena, según testimonios familiares, quiso acompañarla cuando la detuvieron, sellando así su propio destino.

La lucha por coser sentadas

El Sindicato de la Aguja, al que pertenecían estas mujeres, reivindicaba condiciones laborales que hoy resultan inconcebibles tener que reclamar. Las modistas trabajaban de pie durante jornadas interminables, cosiendo a mano prendas para familias acomodadas. La posibilidad de sentarse mientras trabajaban no era un capricho: era una cuestión de salud y dignidad. Rosario Fregenal, una de las costureras asesinadas, era autodidacta y había aprendido a leer y escribir por sí misma. Fruto de su cultura, se afilió al sindicato y entabló amistad con Fernando de los Ríos, político socialista y ministro en la Segunda República. Su compromiso con las libertades y el progresismo fue su sentencia de muerte.

En las elecciones de febrero de 1936, que ganó el Frente Popular, Rosario Fregenal protagonizó un episodio que la marcó para siempre. Acudió a una mesa electoral donde comprobó que uno de los miembros era menor de edad. Ese activismo cívico, esa vigilancia democrática, la convirtieron en objetivo de la represión apenas unos meses después. El golpe militar del 18 de julio de 1936 desencadenó una oleada de terror contra quienes habían participado en la vida política y sindical de la República. Las mujeres no quedaron al margen de esa violencia sistemática.

 Víznar: geografía del horror

El barranco de Víznar se ha convertido en uno de los símbolos más potentes de la represión franquista. Este enclave granadino, situado entre Víznar y Alfacar, fue escenario de centenares de ejecuciones en los primeros meses de la guerra. Cada madrugada, sobre las cinco, había saca de presos desde la Colonia de Víznar, un antiguo molino transformado en prisión por los sublevados. Los detenidos preguntaban nerviosos a dónde los llevaban. La respuesta, cargada de burla, era siempre la misma: vamos a dar un paseo. Esa incertidumbre formaba parte de la tortura psicológica.

Allí fueron asesinados el poeta Federico García Lorca, el maestro Dióscoro Galindo González, los banderilleros anarquistas Francisco Galadí Melgar y Juan Arcollas Cabezas, el rector de la Universidad de Granada Salvador Vila, y centenares de trabajadores, funcionarios, maestros y militantes republicanos. Las investigaciones del periodista Eduardo Molina Fajardo apuntan a que el número de víctimas en este lugar podría acercarse a las 300, aunque algunos investigadores elevan la cifra a más de 2.000. Los trabajos de exhumación dirigidos por Francisco Carrión han identificado hasta 2025 un total de 17 fosas y rescatado los restos de 132 personas, entre ellas 31 mujeres.

El descubrimiento de las doce costureras fue especialmente impactante para el equipo arqueológico. Es la primera fosa tan grande con un número tan elevado de mujeres en este lugar, todas ellas con profesiones documentadas en los estudios históricos: costureras, sirvientas, algunas muy jóvenes. Los dedales encontrados junto a sus cuerpos son el testimonio mudo de vidas truncadas por defender derechos elementales. Francisco Carrión ha señalado que encontrar estos restos es una obligación democrática, tal como recuerda la propia ONU al señalar el deber de exhumar a las personas asesinadas y darles sepultura digna.

La lucha por la memoria no se rinde 

El reconocimiento oficial del Gobierno español llega tras años de trabajo de asociaciones memorialistas, investigadores y familiares. La Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica ha sido fundamental en la documentación de estos casos, contactando con más de 80 familias que buscan a sus seres queridos en las fosas de Víznar. La memorialista Silvia González ha dedicado años a reconstruir las biografías de estas mujeres, rescatándolas del olvido con nombres, edades, profesiones y militancias.

El acto del 31 de octubre de 2025 no fue solo un homenaje simbólico. El presidente Sánchez anunció que el Consejo de Ministros concedería la nacionalidad española a casi 170 descendientes de brigadistas internacionales, aceleraría el procedimiento para la disolución de la Fundación Francisco Franco y aprobaría antes de fin de mes el catálogo de símbolos contrarios a la memoria democrática para su retirada definitiva. Son medidas que buscan consolidar una democracia construida sobre la memoria, no sobre el olvido, en palabras de Laura García Lorca.

Sin embargo, el camino sigue siendo largo. El Lugar de Memoria Histórica de Víznar aún carece de señalización oficial adecuada. Los carteles informativos colocados por colectivos memorialistas han sido arrancados por grupos de extrema derecha. Las exhumaciones avanzan lentamente por falta de presupuesto: al ritmo actual, se necesitarían diez años o más para recuperar todos los restos. El Ayuntamiento de Víznar trabaja en la construcción de un mausoleo en el cementerio para dar sepultura digna a las víctimas no identificadas, mientras se plantea liberar el espacio del barranco para convertirlo en un lugar de memoria con museografía que impida el olvido.

Las doce costureras de Víznar representan algo más que una tragedia local. Son el símbolo de una represión que castigó con especial saña a las mujeres que se atrevieron a reclamar derechos, a participar en la vida pública, a imaginar una sociedad más justa. Fueron asesinadas por defender que las modistas pudieran trabajar sentadas, por afiliarse a un sindicato, por votar, por existir como ciudadanas plenas en una República que prometía libertades. Su reconocimiento oficial, casi 90 años después, no devuelve sus vidas ni repara el dolor de generaciones de familiares que crecieron sin poder preguntar. Pero sí les devuelve sus nombres, su dignidad y su lugar en la historia democrática de España.

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