Manipulación y patriotismo: desmantelando el arsenal xenófobo de Vox

22 juillet 2025 - 15:54

El discurso de Vox sobre inmigración trasciende la confrontación política para convertirse en una amenaza sistémica contra la cohesión social española. Sus estrategias discursivas siguen el patrón que la literatura académica define como «xenofobia estructural»: la construcción deliberada de un enemigo externo como chivo expiatorio de problemas complejos que requieren enfoques multidimensionales. Un informe reciente del European Center for Populism Studies concluye que estos movimientos «generan sentimientos anti-inmigrantes para moldear el discurso político, las leyes y las actitudes sociales», creando un «ambiente donde la xenofobia se normaliza».

 

Los argumentos de Vox se sustentan en tres pilares del populismo xenófobo: la construcción del inmigrante como amenaza existencial mediante teorías conspirativas sobre «el gran reemplazo», la simplificación de problemas complejos reduciéndolos a una única causa (la inmigración) y la apropiación de un lenguaje liberal para justificar políticas que atacan valores democráticos fundamentales. Esta manipulación capitaliza ansiedades económicas y cambios demográficos para promover narrativas excluyentes. Vox ha explotado las incertidumbres generadas por la crisis económica y la globalización, ofreciendo respuestas unívocas a realidades complejas, si bien la realidad desmiente categóricamente los discursos alarmistas. 

Realidad versus manipulación

Datos del Instituto Nacional de Estadística revelan que la inmigración latinoamericana —principalmente colombiana y venezolana— constituye uno de los pilares del crecimiento económico español. Estas comunidades, que comparten vínculos históricos y culturales con España, han demostrado notable capacidad de integración, contribuyendo significativamente al sostener el sistema de pensiones y al dinamismo del mercado laboral. Su aporte económico contrasta radicalmente con las narrativas catastrofistas de la ultraderecha.

Una sucesión de investigaciones basadas en metodologías empíricas contradice las narrativas xenófobas. Un estudio del National Bureau of Economic Research, que analizó datos de encarcelamientos durante 150 años (1870-2020), concluyó que los inmigrantes tienen 60% menos probabilidades de ser encarcelados que los ciudadanos nativos. Pese a esta evidencia contundente, la percepción pública permanece distorsionada por discursos manipuladores que, como los de Vox, invierten deliberadamente la realidad para generar alarma social y estigmatizar a la comunidad inmigrante.

El Banco de España proyecta que el país necesitará aproximadamente 24,67 millones de extranjeros en edad de trabajar hasta 2053 para «evitar el proceso de envejecimiento poblacional y resolver los desajustes del mercado laboral español». Estas proyecciones técnicas de una institución de reconocido prestigio contrastan dramáticamente con las fantasías de deportación masiva de Vox, que propone expulsar hasta 8 millones de personas, una medida que colapsaría la economía española.

El peligro de la normalización

El proceso de normalización del discurso xenófobo representa el mayor peligro para la democracia española. La relatora especial de Naciones Unidas sobre racismo contemporáneo advierte que «las movilizaciones populistas nacionalistas suponen una amenaza» que requiere respuestas institucionales coordinadas. La presencia de Vox en parlamentos autonómicos y ayuntamientos españoles normaliza narrativas que hace una década eran patrimonio exclusivo de grupos marginales.

La erosión de los mecanismos de convivencia pacífica construidos tras la dictadura franquista constituye un daño colateral preocupante. España, que había devenido caso de estudio de integración migratoria exitosa, arriesga a retroceder décadas en cohesión social por la normalización del discurso de odio. Según el índice anual de The Economist, España figura entre las escasas «democracias plenas» del planeta, superando incluso a Estados Unidos y Francia en calidad democrática. Esta regresión no solo amenaza a las comunidades inmigrantes, sino que socava los fundamentos mismos de la democracia pluralista española.

Combatir la manipulación ultra requiere más que indignación moral. La experiencia internacional demuestra que la respuesta efectiva debe combinar datos contrastados, que desmientan las falsedades, narrativas alternativas, que ofrezcan esperanza frente al miedo, y políticas públicas susceptibles de abordar las raíces profundas del malestar social. Restablecer la comunicación directa entre representantes políticos y ciudadanía, atender las preocupaciones legítimas de las clases trabajadoras y situar la reducción de desigualdades en el centro de la agenda política podrían ser algunas pistas para empezar a invertir la tendencia.

Las comunidades inmigrantes, especialmente la latinoamericana, tienen un papel crucial a jugar en esta batalla por la verdad. La experiencia estadounidense ofrece una lección amarga. Sectores significativos de la comunidad hispana respaldaron el discurso trumpista y ahora se enfrentan a deportaciones masivas que no distinguen entre «buenos» y «malos» inmigrantes. En España, la toma de conciencia de la amenaza que representa Vox y su discurso de odio, y la activa participación de la comunidad inmigrante en el debate público se antojan cruciales para desmontar estereotipos. El futuro de la democracia y la sostenibilidad de estado del bienestar dependen de nuestra capacidad colectiva para resistir el embate autoritario.

 

*David Alvarado: Politólogo y periodista español

Compartir el artículo