Felipe VI y la reina Letizia han sido recibidos con todos los honores por el presidente chino en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, en una visita de Estado que corona dos décadas de asociación estratégica entre España y China. El monarca español destacó la solidez de una relación que beneficia a ambos pueblos, mientras Xi Jinping presentó la cooperación bilateral como modelo de convivencia entre países con sistemas políticos diferentes. La visita, la primera de los reyes desde 2007, incluye acuerdos económicos para facilitar el acceso de empresas españolas al mercado chino y refuerza el acercamiento diplomático impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez en los últimos tres años.
La plaza de Tiananmen, corazón simbólico del poder chino, ha acogido este 12 de noviembre una ceremonia que trasciende el protocolo diplomático. Bajo un cielo otoñal despejado, el rey Felipe VI y la reina Letizia han sido recibidos oficialmente por el presidente Xi Jinping y la primera dama Peng Liyuan frente al imponente Gran Palacio del Pueblo. Una banda militar sincronizada, banderas de ambos países ondeando sobre el mármol del edificio construido por decenas de miles de voluntarios comunistas en los años cincuenta, y los acordes de los himnos nacionales han enmarcado un encuentro que España presenta como consolidación de una relación sólida y que China exhibe como ejemplo de cooperación constructiva en un mundo cada vez más fragmentado. La visita de Estado, que se extiende del 11 al 13 de noviembre con escalas en Chengdú y Pekín, marca la primera ocasión en que Felipe VI y Letizia visitan China como reyes, casi dos décadas después de su última estancia en el país asiático cuando aún ostentaban el título de príncipes de Asturias.
Felipe VI abrió su discurso recordando la historia de visitas entre ambos países que arrancaron con el viaje pionero de Juan Carlos I y Sofía en 1978, seguidas de otras en 1995 y 2007. El monarca subrayó su propia experiencia personal, mencionando que su primer viaje a China fue en 2000, cuando era príncipe. Sin duda el avance y el progreso desde ese año es muy notable y así sigue siendo para la admiración de todo el mundo, afirmó el rey, quien enfatizó que la amistad entre España y China sin duda beneficia a ambos pueblos. La intervención de Felipe VI, marcada por un tono cordial y constructivo, evitó cualquier referencia a las diferencias en materia de derechos humanos o modelo político que separan a ambos países, concentrándose en los beneficios mutuos de la cooperación económica, cultural y científica que España y China han desarrollado en las últimas dos décadas.
Xi Jinping exhibe la alianza como modelo global
Xi Jinping, por su parte, aprovechó la recepción para presentar las relaciones sino-españolas como paradigma de convivencia pacífica en tiempos turbulentos. En la actualidad, el panorama internacional es complejo y cambiante, y el mundo necesita más fuerzas constructivas comprometidas con la paz y el desarrollo, afirmó el presidente chino ante la delegación española encabezada por los monarcas y acompañada por los ministros de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y de Economía, Carlos Cuerpo. Xi destacó que España y China han establecido juntos un ejemplo de convivencia amistosa y desarrollo conjunto entre países con diferentes historias, culturas y sistemas sociales, contribuyendo a la defensa de la equidad y la justicia internacionales. El mensaje tenía destinatarios más allá del Palacio del Pueblo: en un contexto de creciente confrontación con Estados Unidos y de desconfianza europea hacia las ambiciones globales chinas, Pekín exhibe su alianza con Madrid como prueba de que la cooperación es posible sin renunciar a identidades políticas diferentes.
La visita reviste gran importancia para promover las relaciones bilaterales y la cooperación amistosa entre nuestros dos países, añadió Xi Jinping, quien recibió personalmente a los reyes en una ceremonia reservada para jefes de Estado considerados aliados estratégicos. China concede pocas recepciones de este nivel, y la última visita de un monarca español se remonta a 2007 con Juan Carlos I y Sofía. El protocolo seguido este miércoles reproduce el esquema de la visita de Estado que Xi Jinping realizó a Madrid en noviembre de 2018, cuando fue recibido con una cena privada en el Palacio de la Zarzuela antes de los actos oficiales. Esta vez, los roles se invirtieron: los reyes fueron agasajados el martes por la noche con una cena privada ofrecida por Xi y Peng Liyuan en la Casa de Huéspedes de Diaoyutai, donde se alojan durante su estancia en Pekín, antes de la ceremonia pública del miércoles.
Acuerdos económicos y ventanilla única para empresas
La dimensión económica constituye el núcleo central de esta visita de Estado. Durante el encuentro bilateral en el salón principal del Gran Palacio del Pueblo, bajo lámparas doradas y motivos florales de las distintas provincias chinas, ambos países han firmado una decena de acuerdos que buscan profundizar la cooperación en sectores clave. El más relevante crea una ventanilla única para resolver los problemas y trabas que encuentran las empresas españolas al intentar acceder al mercado chino, un asunto que Felipe VI denunció públicamente el día anterior durante su participación en el foro empresarial celebrado en Chengdú. El monarca señaló entonces las dificultades burocráticas y regulatorias que las compañías españolas enfrentan en China, enviando un mensaje directo sobre la necesidad de reciprocidad en las relaciones comerciales bilaterales.
Los acuerdos firmados abarcan educación, ciencia, cultura, alta tecnología e inversión mutua, evidenciando el intento de crear un puente multidimensional que vaya más allá del comercio. La agenda económica ha sido especialmente intensa: Felipe VI presidió en Chengdú la apertura del Foro Empresarial España-China, visitó las instalaciones tecnológicas de INDRA y mantuvo reuniones con autoridades locales y líderes empresariales. En Pekín, el jueves 13 de noviembre, participará en la reunión del Consejo Asesor Empresarial España-China y visitará la fábrica de la multinacional española Gestamp en las afueras de la capital china. España busca incrementar sus exportaciones a China, diversificar sectores de inversión y atraer capital chino hacia infraestructuras y tecnología, mientras Pekín intenta consolidar alianzas económicas en Europa ante el deterioro de sus relaciones con Washington y la cautela creciente de Bruselas.
Diplomacia cultural y discreta agenda de derechos humanos
La reina Letizia ha desarrollado una agenda paralela centrada en asuntos culturales y sociales. El miércoles visitó junto a la primera dama china Peng Liyuan el Centro Demostrativo de Servicios para Personas con Discapacidad de Pekín, centro de referencia nacional para el desarrollo de un ecosistema libre de barreras. El gesto subraya el compromiso compartido con políticas de inclusión, aunque críticos señalan que las visitas protocolarias no abordan la situación de derechos humanos en China, país que mantiene campos de internamiento en Xinjiang, reprime la disidencia en Hong Kong y ejerce control férreo sobre Tibet. España, como otros países europeos, practica una diplomacia de equilibrio: busca beneficios económicos de la relación con China sin confrontar abiertamente al régimen de Xi Jinping sobre cuestiones políticas sensibles.
El jueves, Letizia asistirá a un acto de promoción del español en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín, reforzando la dimensión lingüística y cultural de la cooperación bilateral. En Chengdú, la reina participó en un acto conmemorativo del 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado celebrado en el memorial de la poeta Xue Tao, un gesto que conecta las tradiciones literarias de ambos países. La noche del miércoles estuvo reservada para la cena de gala que Xi Jinping y Peng Liyuan ofrecieron en honor de los reyes en el Gran Palacio del Pueblo, seguida de un concierto de la Orquesta Titular del Teatro Real de Madrid en el Centro Nacional de Artes Escénicas, con dirección de Gustavo Gimeno y actuación de la soprano Sabina Puértolas. El programa musical incluyó obras de Albéniz, cuya música también sonó durante la ceremonia en Tiananamen, reforzando la narrativa de diálogo entre civilizaciones.
El acercamiento de Sánchez y la apuesta por China
Esta visita de Estado corona un año de intensa actividad bilateral impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez. En 2025 se han producido visitas del presidente del Gobierno y del ministro Albares a China, consolidando un giro estratégico hacia Pekín que algunos analistas consideran arriesgado en el contexto de creciente rivalidad entre China y Occidente. España busca equilibrar sus compromisos como miembro de la Unión Europea y la OTAN con una relación pragmática con China basada en intereses económicos. El Gobierno español defiende que la cooperación con Pekín no implica renuncia a valores democráticos, sino reconocimiento de la realidad multipolar y la importancia de mantener canales de diálogo con todas las grandes potencias.
La visita se enmarca en la conmemoración del vigésimo aniversario del establecimiento de la Asociación Estratégica Integral entre España y China, aunque las relaciones diplomáticas datan de 1973. China considera a España un socio estratégico clave en Europa y valora especialmente su posición como puente hacia América Latina, región donde Pekín ha expandido agresivamente su influencia económica y política en las últimas dos décadas. Para España, China representa el mayor socio comercial asiático, un mercado de 1.400 millones de consumidores y una fuente crucial de inversión en infraestructuras y tecnología. Sin embargo, la dependencia europea de suministros chinos en sectores estratégicos y las tensiones geopolíticas plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de este acercamiento.
Entre el pragmatismo económico y dilemas geopolíticos
La visita de los reyes a China concluirá el jueves con una recepción en la residencia de la embajadora española en Pekín, Marta Betanzos, con la comunidad española residente en el país, estimada en varios miles de personas entre expatriados, estudiantes y empresarios. El balance oficial será de refuerzo de lazos históricos, acuerdos económicos mutuamente beneficiosos y consolidación de una asociación estratégica que cumple dos décadas. Sin embargo, críticos señalan que España, como otros países europeos, practica una diplomacia selectiva que privilegia los beneficios comerciales sobre la coherencia en materia de valores democráticos y derechos humanos. La ausencia de referencias públicas a la situación de las minorías étnicas en China, la represión en Hong Kong o el control del Partido Comunista sobre todos los aspectos de la vida pública contrasta con el discurso español sobre democracia y libertades en otros contextos internacionales.
El encuentro entre Felipe VI y Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo simboliza las contradicciones de la diplomacia europea en la era de la rivalidad entre grandes potencias. España necesita a China económicamente pero pertenece a una alianza occidental que ve a Pekín como rival estratégico. Los reyes han cumplido su papel institucional promoviendo la cooperación bilateral y celebrando la solidez de una relación construida durante décadas. Queda por ver si esa solidez resistirá las presiones geopolíticas crecientes y si España sabrá navegar entre el pragmatismo económico y los compromisos políticos que definen su identidad como democracia occidental.