La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de negar las bases de Rota y Morón a la ofensiva norteamericana contra Irán ha desencadenado un respaldo inédito y transversal: instituciones europeas, líderes de diferentes países, intelectuales e incluso decenas de miles de ciudadanos turcos han expresado su apoyo a Madrid. El fenómeno refleja un posicionamiento que proyecta a Sánchez más allá de sus fronteras.
Cuando Donald Trump anunció el martes que su Administración «no quiere tener nada con España» y amenazó con cortar el comercio bilateral por la negativa de Madrid a ceder sus bases militares para atacar a Irán, el aislamiento que auguraba el presidente estadounidense tardó pocas horas en desmentirse. Desde Bruselas, París, Brasilia y Estambul llegaron mensajes, llamadas y declaraciones públicas de respaldo que transformaron lo que Trump quiso presentar como el ostracismo de un aliado díscolo en algo parecido a lo contrario: la visibilidad internacional de un Gobierno que había decidido plantar cara.
El primero en reaccionar institucionalmente fue el Consejo Europeo. Su presidente, António Costa, publicó en redes sociales que había transmitido a Sánchez la «plena solidaridad de la Unión Europea con España» y reafirmó el compromiso del bloque con los principios del derecho internacional. La Comisión Europea, por boca de su portavoz de Comercio, Olof Gill, fue más explícita: «Apoyamos con plena solidaridad a todos los Estados miembros y estamos preparados para actuar si es necesario para salvaguardar los intereses de la UE». La presidenta del ejecutivo comunitario, Ursula Von der Leyen, también contactó con Sánchez para expresarle su respaldo personal.
Macron y el eje europeo de la paz
La llamada más significativa llegó desde el Palacio del Elíseo. El presidente francés, Emmanuel Macron, se puso en contacto con Sánchez para trasladarle la «solidaridad europea de Francia» ante lo que el Gobierno galo describió como las «amenazas de coacción económica» de Washington. La posición francesa es relevante porque París no comparte exactamente el rechazo español a la operación militar: junto con Reino Unido y Alemania, Francia había abierto la puerta a «acciones ofensivas proporcionadas» en respuesta a los ataques iraníes contra países del Golfo y contra Chipre, Estado miembro de la Unión Europea. Sin embargo, la amenaza comercial de Trump activó la solidaridad comunitaria por encima de las diferencias de posición ante el conflicto.
El silencio del canciller alemán, Friedrich Merz, resultó, en ese contexto, aún más llamativo. Merz asistió en la Casa Blanca al momento en que Trump atacó verbalmente a España sin intervenir. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, expresó su «sorpresa» ante esa actitud y recordó que la solidaridad que España ha demostrado con otros socios europeos merecería reciprocidad. El escritor y periodista francés Emmanuel Carrère se sumó a las voces intelectuales que se pronunciaron en favor de la postura española, al señalar en una entrevista que Sánchez demuestra «más realismo que el resto de dirigentes europeos» y que su resistencia genera un respeto internacional que no siempre reciben los líderes del continente.
La oleada turca, verificada
Mientras los apoyos institucionales llegaban por la vía diplomática, en las redes sociales se producía un fenómeno diferente y más difícil de anticipar. Las publicaciones de Sánchez en la plataforma X se llenaron de decenas de miles de reacciones y comentarios en turco. La plataforma de verificación Newtral analizó el fenómeno y concluyó que no se trataba de una campaña coordinada de cuentas automatizadas, sino de usuarios reales que actuaban de forma espontánea.
El detonante fue un tuit del periodista turco Ibrahim Haskologlu, que describió la postura española como un rechazo al uso de la guerra como cortina de humo para ocultar fracasos políticos. A ese mensaje se sumaron otros en un sentido similar, incluido un llamamiento del también periodista Özgur Hasan Altuncu a sus seguidores para que adquiriesen marcas españolas —Zara, BBVA, Seat— como expresión de solidaridad ante el embargo anunciado por Trump.
El fenómeno no es un hecho aislado. En 2024, Turquía, Arabia Saudí y Jordania ya habían aplaudido la decisión española de reconocer el Estado palestino. Ahora, en un contexto de guerra abierta en Oriente Próximo, la sociedad turca ve en España un socio que defiende principios que también Ankara invoca frecuentemente. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, fue más lejos: afirmó que la conducta española demuestra que «aún hay ética y conciencias despiertas en Occidente».
Lula y la apuesta por el multilateralismo
En el plano de la política internacional formal, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, mantuvo una conversación con Sánchez para compartir el «deseo de que cese la guerra» y acordar una acción conjunta en favor de una negociación basada en el derecho internacional. Lula confirmó además su presencia en la cuarta edición del foro ‘En Defensa de la Democracia’, que se celebrará el 18 de abril en Barcelona y que reúne a gobernantes de orientación progresista de varios países. El foro, promovido conjuntamente por España y Brasil, adquiere nueva relevancia en un momento en que Sánchez busca consolidar su imagen como referente de una política exterior que privilegie la paz y el multilateralismo frente a las soluciones militares unilaterales.
El propio presidente del Gobierno resumió su posición en cuatro palabras —»No a la guerra»— en una declaración institucional desde el Palacio de la Moncloa. El lema, popularizado durante las multitudinarias manifestaciones españolas contra la invasión de Irak en 2003, conecta con una memoria colectiva que el Gobierno invoca explícitamente: Sánchez recordó que aquella intervención, apoyada por el entonces presidente José María Aznar junto a George W. Bush y Tony Blair en la cumbre de las Azores, generó «un mundo más inseguro y una vida peor» para los europeos, y advirtió de que responder a una ilegalidad con otra «puede provocar graves consecuencias históricas».
La amplitud del respaldo recibido no disimula, sin embargo, las tensiones que rodean a España. En el plano militar, el desacuerdo con los principales aliados europeos es real: Madrid se ha desmarcado de un eje que incluye a Londres, París y Berlín. En el interior, el líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, acusó a Sánchez de anteponer «intereses partidarios» a la política de Estado y de entregar España al aislamiento. El Gobierno, por su parte, confía en que la historia le dé la razón, como ocurrió, arguye, con su posición sobre Gaza.