El 55% de los españoles considera que la sociedad está «rota» y el 57% la percibe en «declive», según el último informe de Ipsos sobre populismo. Sin embargo, este pesimismo se concentra especialmente entre los votantes de Vox (84%) frente al 37% de los socialistas, evidenciando una fractura más ideológica que social. España mantiene niveles de tolerancia hacia la inmigración superiores a la media europea, con solo uno de cada tres ciudadanos considerando que frenar la llegada de extranjeros fortalecería el país.
España vive una paradoja política que la sitúa en una posición singular dentro del panorama europeo: mientras más de la mitad de la población percibe la sociedad como «rota» y en «declive», el país mantiene niveles de tolerancia hacia la inmigración y cohesión social superiores a sus vecinos continentales. El último informe sobre populismo de Ipsos, basado en una muestra de 1.000 personas, revela que el 55% de los españoles considera que la sociedad está «rota» y el 57% la percibe en «declive», cifras que sitúan a España en línea con la media europea pero con características propias que la diferencian de otros países donde el malestar social se ha traducido en mayor respaldo a opciones populistas.
La singularidad española radica en que este pesimismo está «fuertemente politizado» y no responde a una percepción transversal de crisis social. Entre los simpatizantes de Vox, el 84% considera que «el país está roto» y el 81% lo ve en «declive», mientras que entre los votantes del PSOE estas cifras se reducen al 37% y 38% respectivamente. Esta polarización contrasta con países como Francia o Italia, donde la percepción de fractura social trasciende las líneas partidistas y se extiende de manera más homogénea entre el electorado de diferentes ideologías.
En el Índice de Ruptura Social elaborado por Ipsos, España alcanza 60 puntos, compartiendo puntuación con Estados Unidos y situándose por debajo de Reino Unido (66), Hungría (63), Francia (63) o Italia (62). Esta posición intermedia sugiere que, aunque existe descontento político, la percepción de crisis estructural no es tan acusada como en otras democracias europeas donde los partidos populistas han alcanzado mayor representación parlamentaria.
Tolerancia migratoria como cortafuegos antipopulista
El factor diferencial más relevante de España frente a otros países europeos es su tolerancia hacia la inmigración, que actúa como cortafuegos contra las formas más extremas de populismo xenófobo. Solo uno de cada tres españoles (33%) considera que frenar la inmigración haría al país «más fuerte», la cifra más baja del continente europeo, muy inferior al 48% de Hungría, 45% de Alemania o 40% de Italia. Esta tolerancia relativa se mantiene incluso en un contexto donde España cuenta con más de 7 millones de extranjeros con documentación de residencia, representando niveles de población inmigrante entre los más altos de Europa.
La definición de identidad nacional en España se basa mayoritariamente en criterios cívicos más que étnicos o religiosos. El 86% de los encuestados sostiene que «salir adelante con el propio esfuerzo» representa el rasgo fundamental de ser «español de verdad», mientras el 85% elige el trato igualitario hacia todas las personas como seña de identidad. Solo el 25% considera relevante ser cristiano para la identidad española, contrastando con países de Europa del Este donde los componentes religiosos y étnicos de la nacionalidad tienen mayor peso en la percepción ciudadana.
Esta tolerancia migratoria presenta, no obstante, claras divisiones partidistas. Entre los votantes de Vox, el 71% considera que reducir la inmigración reforzaría al país, cifra que desciende al 39% entre los del PP, 26% del PSOE y apenas 10% entre los simpatizantes de Sumar. Únicamente los seguidores de la formación de Santiago Abascal se aproximan a los niveles de escepticismo migratorio predominantes en Europa Central, evidenciando que el rechazo a la inmigración se concentra en un sector específico del espectro político español.
Desconfianza institucional sin alternativas claras
Pese a los niveles relativamente altos de tolerancia social, España comparte con el resto de Europa una profunda desconfianza hacia las élites políticas y económicas. El 75% de los ciudadanos percibe una división profunda entre la población y la élite política y económica, mientras el 72% cree que los partidos no se preocupan por la gente corriente. Esta desafección institucional alimenta demandas de cambio político que, sin embargo, no se traducen en respuestas coherentes sobre las alternativas deseadas.
La encuesta revela una sociedad dividida entre el deseo de soluciones autoritarias y el impulso hacia mecanismos de participación directa. Un 33% valora positivamente la adopción de liderazgos fuertes capaces de desafiar el orden político establecido, cifra inferior a otros países europeos pero significativa en términos de erosión del consenso democrático liberal. Simultáneamente, el 65% respalda fórmulas de democracia directa como los referéndums, tendencia que se observa también en Francia e Italia y que refleja una búsqueda de mayor participación ciudadana en la toma de decisiones.
En términos económicos, el informe constata una contradicción típica de las sociedades desarrolladas: la mayoría rechaza aumentar los impuestos para financiar servicios públicos adicionales, aunque reclama mayor inversión en áreas específicas. Los votantes de izquierda priorizan la sanidad, educación, creación de empleo y protección social, mientras los de derechas prefieren destinar recursos a seguridad ciudadana, desarrollo de infraestructuras y defensa. Esta fragmentación de preferencias dificulta la construcción de consensos amplios sobre políticas públicas.
España en el contexto del malestar europeo
Los resultados sitúan a España dentro de la tendencia general europea de creciente desconfianza hacia las élites y percepción de declive social, pero con características específicas que han limitado hasta ahora el avance de opciones populistas radicales. La combinación de alta desconfianza institucional con concepciones inclusivas de la identidad nacional explica por qué, a pesar de la percepción de fractura social, el populismo no ha alcanzado en España las cotas de países como Hungría, Polonia o Italia.
Sin embargo, la polarización creciente entre bloques políticos y la instrumentalización de la percepción de crisis por parte de formaciones como Vox sugieren que esta resistencia relativa podría estar sometida a presiones crecientes. La capacidad del sistema político español para canalizar el descontento ciudadano mediante reformas institucionales y políticas públicas efectivas determinará si España mantiene su posición diferencial en el panorama europeo o converge hacia patrones de mayor polarización y fragmentación social.
El reto inmediato consiste en abordar las causas estructurales de la desconfianza institucional sin ceder ante tentaciones populistas que, aunque minoritarias, han demostrado su capacidad para erosionar consensos democráticos básicos. La experiencia europea demuestra que la tolerancia y la cohesión social, aunque resilientes, requieren cuidado constante y políticas activas para su preservación en contextos de cambio económico y social acelerado.