La guerra de Abascal contra los obispos españoles: cinco claves de la cruzada ultra contra la Iglesia

12 septembre 2025 - 10:29

El líder de Vox arremete contra «una parte de la jerarquía eclesiástica» por su defensa de la libertad de culto de los musulmanes en el ‘caso Jumilla’. Abascal acusa a los prelados de estar condicionados por las subvenciones públicas y los escándalos de abusos, mientras que obispos como Joan Planellas responden que «un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano». El enfrentamiento marca un punto de inflexión en las relaciones entre la ultraderecha y la Iglesia católica, evidenciando la estrategia de Vox para radicalizar sectores católicos conservadores a través de la instrumentalización de la fe con fines políticos.

Santiago Abascal ha declarado la guerra a los obispos españoles. El líder de Vox ha roto definitivamente con la jerarquía católica tras las críticas episcopales al veto musulmán de Jumilla, acusando a los prelados de estar «amordazados» por las subvenciones estatales y los casos de pederastia. Sus declaraciones representan un punto de inflexión histórico en las relaciones entre la ultraderecha y la Iglesia, evidenciando una estrategia calculada para radicalizar al electorado católico ultraconservador frente a una institución que considera demasiado próxima al progresismo.

  1. El detonante de Jumilla: la defensa de derechos como traición

La ruptura ha sido total y sin disimulos. En una entrevista en el canal de YouTube ‘Bipartidismo Stream’, Abascal se declaró «perplejo y entristecido» ante la postura episcopal, cuestionando si sus posiciones responden a «los ingresos públicos que reciben o por los casos de pederastia» que mantienen a la Iglesia «absolutamente amordazada». Las acusaciones han trascendido el ámbito político para adentrarse en territorio teológico, con el líder ultra sugiriendo que la jerarquía traiciona los verdaderos valores católicos por conveniencia económica o chantaje judicial.

El detonante inmediato fue la condena episcopal al acuerdo de Jumilla, donde Vox logró que el PP prohibiera las celebraciones musulmanas en instalaciones deportivas municipales. La Conferencia Episcopal calificó la medida como «una discriminación que no puede darse en sociedades democráticas», defendiendo la libertad de culto consagrada en la Constitución. Para Abascal, esta postura episcopal constituye una traición inadmisible a los valores católicos españoles, especialmente grave en un momento de «avance del islamismo extremista».

  1. Un rosario de enfrentamientos acumulados: del «latido fetal» al Valle de los Caídos

Las tensiones entre Vox y la jerarquía católica no son nuevas, pero han alcanzado niveles de virulencia inéditos. El líder ultraderechista acumula ya un extenso historial de choques con los obispos, desde su oposición al acuerdo sobre Cuelgamuros hasta sus críticas al discurso migratorio del Papa Francisco, al que se refiere despectivamente como «el ciudadano Bergoglio». Cada confrontación ha servido para alimentar una narrativa de victimización que presenta a Vox como el verdadero defensor del catolicismo frente a una jerarquía supuestamente claudicante.

El caso del «latido fetal» ilustra la profundidad de esta fractura. Cuando Vox propuso en Castilla y León obligar a las mujeres a escuchar el latido del feto antes del aborto, la respuesta crítica del secretario general de la Conferencia Episcopal, Francisco César García Magán, fue interpretada por Abascal como una muestra más de la tibieza episcopal. «Recibimos el reproche del secretario general de la Conferencia Episcopal», se lamentó, sin mencionar que la medida planteaba serios problemas éticos y legales que van más allá de consideraciones puramente doctrinales.

  1. Respuesta episcopal: teología contra xenofobia

La jerarquía católica no ha permanecido en silencio ante los ataques de Abascal. El arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, ha respondido con contundencia teológica: «Un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano». Sus palabras representan una declaración de principios que sitúa la defensa de los derechos humanos por encima de cualquier cálculo político, recordando que la doctrina católica sobre hospitalidad y fraternidad trasciende las fronteras nacionales o confesionales.

Planellas ha ido más allá, recomendando al líder de Vox que «repase» el Concilio Vaticano II, la gran reforma eclesiástica que abrió la Iglesia al mundo moderno y estableció principios de diálogo interreligioso incompatibles con la agenda xenófoba. «El gran problema no son las personas que vienen, sino las causas que les obligan a abandonar su tierra», ha declarado el prelado catalán, situando el debate en términos de justicia global frente a la lógica identitaria de Vox.

La Conferencia Episcopal mantiene un silencio oficial calculado, consciente de que cualquier respuesta directa alimentaría la estrategia polarizadora de Abascal. Fuentes episcopales consultadas reconocen que el líder ultra «se ha pasado esta vez», especialmente al invocar los casos de abusos sexuales como mecanismo de presión política.

  1. Estrategia de la división: fragmentar el espacio católico español

El enfrentamiento con los obispos forma parte de una estrategia más amplia de Vox para fragmentar el espacio católico español, creando una división artificial entre «verdaderos católicos» y una jerarquía supuestamente progresista. Esta táctica, inspirada en movimientos ultraconservadores internacionales, busca radicalizar a sectores tradicionalistas presentando a Vox como el auténtico defensor de la fe frente a una Iglesia claudicante.

Sin embargo, la realidad electoral desmiente parcialmente esta estrategia. Los datos del CIS revelan que solo el 22,7% de los católicos españoles vota a Vox, mientras que PP y PSOE mantienen porcentajes superiores entre los creyentes. Entre los católicos practicantes, el 33,7% prefiere a Feijóo frente al 10,8% que apoya a Abascal, evidenciando que la identificación religiosa no se traduce automáticamente en apoyo a la ultraderecha.

La fractura trasciende lo electoral para adentrarse en territorio eclesial. Sectores ultraconservadores, vinculados a movimientos como HazteOir o ciertas ramas del Opus Dei, simpatizan abiertamente con las posiciones de Vox, mientras que la mayoría episcopal mantiene posturas más próximas al magisterio papal. Esta división interna debilita la capacidad de influencia política de la Iglesia, precisamente el objetivo buscado por la estrategia de Abascal.

  1. Implicaciones para el futuro: la batalla por el alma católica de España

El enfrentamiento plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro del catolicismo español. La estrategia de Abascal busca forzar una elección imposible entre identidad católica y valores democráticos, presentando la xenofobia como patriotismo cristiano y la defensa de derechos humanos como traición a la fe. Esta falsa dicotomía amenaza con degradar el discurso católico, reduciéndolo a una herramienta de confrontación política.

La respuesta episcopal, centrada en principios teológicos antes que en cálculos electorales, marca una diferencia crucial con épocas anteriores donde la Iglesia mantuvo alianzas estrechas con la derecha política. El magisterio franciscano, que sitúa a los pobres y marginados en el centro del mensaje evangélico, resulta incompatible con la agenda identitaria de Vox, generando una tensión que trasciende lo meramente político.

La batalla por el alma católica de España se dirime entre dos concepciones irreconciliables: la del catolicismo como identidad excluyente defendida por Vox, frente al catolicismo como compromiso universal con la dignidad humana propugnado por la jerarquía. El desenlace de este conflicto determinará no solo la influencia política de la Iglesia, sino también su credibilidad moral en una sociedad crecientemente secular donde los valores democráticos compiten directamente con los impulsos autoritarios que la ultraderecha pretende legitimar a través de la religión.

 

Compartir el artículo