La operación militar estadounidense y la designación de Delcy Rodríguez como presidenta interina tras la captura de Maduro han dividido al espectro político español. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez anuncia que mantendrá el diálogo tanto con el nuevo Ejecutivo venezolano como con la oposición, PP y Vox rechazan cualquier legitimación de Rodríguez y acusan al PSOE de connivencia con el chavismo. Las posiciones más radicales abarcan desde la petición de Podemos de romper relaciones con Estados Unidos hasta las exigencias de Díaz Ayuso de que el expresidente Zapatero rinda cuentas por su papel en Venezuela.
La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en la política venezolana cuando fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación militar que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico. La designación constitucional de la vicepresidenta Delcy Rodríguez como mandataria interina, respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia venezolano y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, ha generado un nuevo escenario político que ha tenido inmediatas repercusiones en España, donde el debate sobre Venezuela se ha convertido en un arma arrojadiza entre las diferentes fuerzas políticas.
La intervención estadounidense, que incluyó bombardeos sobre objetivos militares en Caracas y otros estados venezolanos, ha sido condenada por el Gobierno español como una violación del derecho internacional. El presidente Pedro Sánchez calificó la acción como contraria a los principios de soberanía y resolución pacífica de controversias entre estados, posicionándose junto a países como Brasil, Colombia, Chile y México en un comunicado conjunto de rechazo. Sin embargo, esta postura ha encontrado una fuerte oposición en la derecha española, que ve en la caída de Maduro una oportunidad histórica para la democratización de Venezuela.
El Gobierno apuesta por el diálogo con Delcy Rodríguez
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, anunció este lunes que España mantendrá contactos tanto con el nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez como con la oposición venezolana, siguiendo la misma política de interlocución que había mantenido con el régimen de Maduro. En declaraciones a la Cadena Ser, Albares explicó que el objetivo es favorecer la estabilidad y evitar una confrontación civil entre venezolanos, apostando por una solución democrática y pacífica que no venga impuesta desde el exterior.
«Nosotros nos disponemos desde luego a hablar con el Gobierno de Delcy Rodríguez igual que seguiremos hablando con la oposición venezolana para conseguir ese diálogo, ese acercamiento que pueda permitir en primer lugar la estabilidad, evitar cualquier confrontación civil entre venezolanos, y seguidamente que pueda Venezuela avanzar hacia un horizonte a través del diálogo y la negociación democrático y pacífico», sostuvo el ministro. Albares evitó pronunciarse sobre si Maduro está detenido o secuestrado por Estados Unidos, pero insistió en que cualquier solución para Venezuela no puede venir impuesta por la fuerza.
El PSOE ha defendido formalmente esta postura de diálogo y rechazo a la invasión militar, aunque sin expresar apoyo explícito ni a Maduro ni a su sucesora constitucional. La Internacional Socialista, presidida por Pedro Sánchez, emitió un comunicado pidiendo desescalada, moderación y respeto al derecho internacional. Esta posición ha sido criticada tanto desde la derecha, que la considera excesivamente blanda con el chavismo, como desde la izquierda radical, que la juzga insuficiente frente a lo que considera una agresión imperialista.
PP y Vox acusan al Ejecutivo de connivencia con el chavismo
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, publicó una carta titulada «Hacia la plena libertad de Venezuela» en la que rechazó frontalmente que el futuro del país sudamericano pase por Delcy Rodríguez, a quien describió como «la mano derecha de Maduro en los últimos años» y «cómplice y protagonista de la dictadura, de la corrupción y del saqueo de Venezuela». Feijóo argumentó que Rodríguez representa «el pasado más oscuro» del país y que presentarla como figura de transición sería «una operación de continuidad del régimen» que el pueblo venezolano ya rechazó en las urnas.
El presidente popular insistió en que las dictaduras no se derrocan a medias y que la recuperación de la libertad en Venezuela requiere una verdadera transición democrática liderada por el presidente legítimo Edmundo González Urrutia y la dirigente María Corina Machado, a quienes considera garantes de una salida democrática, pacífica y constitucional. Feijóo también aprovechó para reprochar al Gobierno español haber renunciado a sus bazas diplomáticas y su liderazgo moral, facilitándole tiempo y excusas a Maduro cuando ambas cosas se le acababan.
Vox ha adoptado una posición aún más contundente. El jefe de la delegación del partido en Europa, Jorge Buxadé, cuestionó si el Gobierno apoyará «el sufrimiento de los venezolanos» o respaldará la «restauración democrática» del país, poniendo el foco en la relación de Rodríguez con el Ejecutivo español y con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Buxadé recordó el episodio de la visita de Delcy Rodríguez al aeropuerto de Barajas en 2020 y su encuentro con el entonces ministro José Luis Ábalos, aludiendo a las misteriosas maletas que acompañaban a la comitiva venezolana. El dirigente de Vox considera que el Gobierno tiene una «responsabilidad clarísima» en el futuro de Venezuela y que está «perfectamente alineado con la continuidad de ese régimen».
La izquierda propone romper con EEUU y Ayuso carga contra Zapatero
En el otro extremo del espectro político, la eurodiputada de Podemos Irene Montero ha abogado por aislar al «tirano» y «fascista» Donald Trump tras la intervención militar en Venezuela, proponiendo que España rompa todas sus alianzas con Estados Unidos y abandone la OTAN. Montero calificó la operación como «una nueva guerra por petróleo» y advirtió que Washington no se detendrá en Venezuela, sino que continuará con México, Cuba, Colombia o Groenlandia. «Lo único decente moralmente y lo único prudente en términos militares, económicos y políticos, es romper todas las alianzas con Estados Unidos, aislar internacionalmente a este tirano, a este Gobierno criminal y terrorista de Estados Unidos», afirmó en declaraciones a Canal Red.
La dirigente de Podemos censuró además que Estados Unidos haya «tirado por tierra a la oposición venezolana y a María Corina Machado» al prescindir de ella en cualquier proceso de transición, trabajando en cambio con Delcy Rodríguez. Montero acusó a PSOE y Sumar de hipocresía por condenar la operación estadounidense sin adoptar medidas consecuentes, argumentando que esta tibieza pone en peligro a España.
Por su parte, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha convertido la crisis venezolana en una plataforma para atacar al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien acusa de haber cooperado con la dictadura de Maduro, blanqueado el régimen y lucrado con su papel como supuesto mediador internacional. «Yo siento vergüenza como española», declaró Ayuso en una entrevista en Antena 3, preguntándose cómo Zapatero «no vio nada como observador internacional» en las elecciones venezolanas que la oposición considera fraudulentas.
Ayuso exigió que Zapatero explique «de una santa vez» por qué ha representado al gobierno de Maduro, por qué ha buscado su legitimación y por qué ha hablado en nombre del Reino de España sin dar explicaciones. La presidenta madrileña anunció que el Partido Popular pedirá su comparecencia en el Senado para que rinda cuentas sobre sus actividades en Venezuela y su vinculación con casos como el de la aerolínea Plus Ultra. Además, Ayuso defendió la operación estadounidense argumentando que Venezuela «estará mejor hoy que ayer» y que si se garantizan elecciones libres «van a faltar años en la historia para agradecer esta operación».
El debate sobre Venezuela evidencia las profundas divisiones del panorama político español, donde cada fuerza utiliza el conflicto internacional para reforzar sus narrativas internas. Mientras el Gobierno defiende una postura de equidistancia basada en el derecho internacional, la oposición de derecha lo acusa de tibieza con las dictaduras de izquierda, y la izquierda radical denuncia lo que considera una agresión imperialista estadounidense. La designación de Delcy Rodríguez como presidenta interina, su disposición a cooperar con Washington y las amenazas de Trump de nuevas acciones militares mantienen abierto un escenario de incertidumbre que continuará alimentando la confrontación política en España.