El momento económico favorable y la confianza de los mercados internacionales impulsan la inversión foránea en bonos del Tesoro español hasta niveles récord. Los inversores no residentes aceleraron las compras entre enero y agosto de 2025, incrementando sus tenencias en casi 80.000 millones de euros según datos oficiales, en un contexto de reducción del balance del Banco Central Europeo.
Los inversores extranjeros han intensificado durante 2025 su apuesta por la deuda pública española, alcanzando niveles sin precedentes en la historia del Tesoro. Entre enero y agosto, los no residentes incrementaron sus tenencias en aproximadamente 80.000 millones de euros, situando su participación en el 45,1% del total de la deuda en circulación. Esta cifra representa el porcentaje más elevado registrado hasta la fecha y consolida a los inversores foráneos como los principales tenedores de títulos soberanos españoles. El fenómeno responde a múltiples factores que confluyen en un escenario favorable para la colocación de deuda española en los mercados internacionales.
El contexto económico español juega un papel determinante en esta tendencia. El crecimiento del PIB proyectado para 2025 se sitúa en torno al 2,5%, muy por encima del 0,8% estimado para el conjunto de la zona euro. Esta brecha en el dinamismo económico ha captado la atención de inversores institucionales que buscan rentabilidad en un entorno de tipos de interés todavía atractivos. Las recientes mejoras en la calificación crediticia por parte de las tres principales agencias internacionales, Standard & Poor’s que elevó la nota de A a A+, Moody’s que subió de Baa1 a A3, y Fitch que pasó de A- a A con perspectiva estable, han reforzado adicionalmente la confianza de los mercados en la solidez de la economía española.
El ministro de Economía Carlos Cuerpo destacó en la presentación de la estrategia de financiación del Tesoro para 2025 que el apetito inversor ha permitido mantener contenida la carga financiera de la deuda pública. El coste medio de emisión se ha reducido hasta el 2,75% en los ocho primeros meses del año, por debajo del 3,16% registrado en 2024. Esta evolución favorable se produce pese a que el Banco Central Europeo ha completado su proceso de reducción del balance, dejando de reinvertir los vencimientos de los títulos adquiridos durante los programas de compra de activos implementados desde 2014. La retirada del BCE como comprador neto ha sido compensada con creces por el incremento de la demanda privada internacional.
El Tesoro aprovecha la demanda para reemplazar al BCE
El Tesoro español ha logrado capitalizar el interés de los inversores privados para sustituir la ausencia del Banco Central Europeo en el mercado de deuda soberana. Desde finales de 2022, las tenencias del Eurosistema se han reducido en aproximadamente 27.000 millones de euros, una disminución que ha sido absorbida íntegramente por inversores no residentes y por familias españolas. Según datos oficiales, los hogares españoles han incrementado sus tenencias de Letras del Tesoro en 26.000 millones de euros desde 2022, aprovechando las rentabilidades ofrecidas durante el periodo de tipos de interés elevados, aunque esta tendencia se ha estabilizado tras las primeras bajadas de tipos.
La gestión prudente del Tesoro ha resultado clave para mantener la confianza de los mercados. La vida media de la deuda española se sitúa en torno a ocho años, cerca de los máximos históricos alcanzados en 2021. Esta estrategia ha permitido suavizar el impacto de la subida de los tipos de interés del BCE, de manera que el coste medio de la deuda en circulación ha aumentado solo 57 puntos básicos desde su mínimo de 2021, frente a una subida acumulada de 350 puntos básicos en los tipos oficiales durante el mismo periodo. El mantenimiento de una vida media elevada reduce el riesgo de refinanciación, ya que apenas vence el 15% del total de la deuda cada ejercicio.
Las emisiones del Tesoro han registrado niveles de demanda extraordinarios. La ratio de cobertura en las colocaciones de medio y largo plazo alcanza las 3,95 veces por encima de la deuda emitida, el nivel más alto de la historia. Esta sobredemanda se ha traducido en condiciones favorables para España en los mercados secundarios. En septiembre de 2024, la rentabilidad del bono español a diez años se igualó con la del bono francés, un hito no observado desde 2007. La prima de riesgo española frente al bono alemán se ha comprimido hasta situarse en el entorno de los 50 puntos básicos, su nivel más bajo desde mediados de noviembre de 2009 y significativamente por debajo de los niveles prepandemia.
Diversificación de la base inversora y sostenibilidad fiscal
El Tesoro ha mantenido como objetivo estratégico la diversificación de la base inversora, apostando por la emisión de bonos verdes como elemento estructural del programa de financiación. Los bonos verdes en circulación superan ya los 15.000 millones de euros, contribuyendo a reforzar el mercado de finanzas sostenibles en España. Esta línea de emisiones atrae a inversores institucionales con mandatos específicos de inversión responsable, ampliando el espectro de demandantes potenciales de deuda soberana española. El Tesoro ha continuado realizando reaperturas del bono verde emitido en 2021 con el objetivo de alcanzar un volumen similar al del resto de referencias de bonos tradicionales.
La estrategia de financiación para 2025 contempla una emisión bruta de deuda que alcanzará los 278.000 millones de euros, un 7,4% superior a la de 2024. Este incremento responde al mayor volumen de amortizaciones previstas y a las necesidades de financiación derivadas de las medidas de apoyo a los afectados por la DANA. Sin embargo, en términos relativos respecto al PIB, las emisiones se mantienen en torno al 17%, una ratio considerada baja en términos históricos que representa un riesgo de refinanciación contenido. La emisión neta, descontando las amortizaciones, se situará en 60.000 millones de euros, cinco mil millones más que en 2024 pero aún lejos de los niveles registrados durante la pandemia.
La carga de intereses de la deuda del conjunto de las Administraciones Públicas se mantiene en niveles sostenibles. Para 2025, el pago de intereses se sitúa en el entorno del 2,5% del PIB, similar al de 2024 y lejos del máximo del 3,5% alcanzado en 2014. Esta contención de la factura financiera se explica por la combinación de varios factores: el crecimiento económico sostenido que amplía la base del PIB, la reducción del coste medio de emisión gracias a las bajadas de tipos del BCE, y la estrategia de alargamiento de la vida media de la deuda que ha permitido asimilar gradualmente la normalización monetaria.
Perspectivas y retos a medio plazo
Los analistas coinciden en señalar que España se encuentra en una posición favorable en los mercados de deuda soberana. Las principales agencias de calificación crediticia han destacado la fortaleza del crecimiento económico, la mejora de los fundamentales fiscales y la resiliencia demostrada durante el periodo de subida de tipos. Fitch, Moody’s y S&P han revisado al alza sus perspectivas sobre la deuda española, lo que se traduce en un mayor apetito inversor y en condiciones de financiación más ventajosas. La convergencia del rendimiento de los bonos españoles con los franceses, tradicionalmente considerados de mayor calidad crediticia, refleja el cambio de percepción de los mercados sobre la solidez de la economía española.
Sin embargo, la AIReF advierte sobre los desafíos de sostenibilidad fiscal a largo plazo. Aunque proyecta una reducción de la ratio de deuda hasta el 98% del PIB en 2029, estima que en un escenario a políticas constantes la deuda podría retomar una senda ascendente situándose en el 108,9% en 2041. Para garantizar el cumplimiento de la senda comprometida en el Plan Fiscal Estructural de Medio Plazo presentado a la Comisión Europea, será necesario adoptar medidas adicionales. El plan compromete un crecimiento del gasto primario neto del 3% anual de promedio entre 2025 y 2031, por encima de la trayectoria inercial estimada por la AIReF del 3,6%.
El principal reto para el Tesoro en los próximos años será mantener el apetito inversor en un contexto de normalización completa de las condiciones monetarias. El BCE ha completado la reducción de su balance desde los máximos alcanzados durante la pandemia, cuando representaba el 66% del PIB, hasta situarse en torno al 40%. Esta retirada del principal comprador de deuda soberana europea durante la última década exige que los tesoros nacionales compitan por atraer flujos de inversión privada en un mercado más exigente. La experiencia de 2025 demuestra que España cuenta con argumentos sólidos para mantener su atractivo, pero la sostenibilidad de esta posición dependerá de la continuidad en las políticas de consolidación fiscal y de crecimiento económico.