El rey emérito concede su primera entrevista televisiva tras la publicación de sus memorias, en la que rechaza sentir remordimientos por los escándalos que marcaron el final de su reinado. Reivindica su papel en la Transición democrática y defiende su relación con Franco, aunque admite que si pudiera volver atrás sería más cuidadoso. La conversación de 25 minutos se emitió en la cadena francesa France 3 coincidiendo con el 50 aniversario de su proclamación.
Juan Carlos I ha concedido su primera entrevista televisiva tras más de una década alejado de los medios de comunicación, en una conversación de 25 minutos con el periodista franco-luxemburgués Stéphane Bern emitida el miércoles por la cadena pública France 3 bajo el título Las confidencias de un rey en desgracia. Desde su residencia de Abu Dabi, donde vive desde agosto de 2020, el monarca de 87 años ha rechazado arrepentirse de los errores cometidos durante sus 39 años de reinado y ha solicitado comprensión a los españoles por su trayectoria, en una aparición que coincide con la publicación en Francia de su libro de memorias Reconciliación y con el 50 aniversario de su proclamación como rey el 22 de noviembre de 1975.
El rey emérito ha reconocido que cometió errores durante su etapa como jefe del Estado, aunque ha rechazado tajantemente sentir arrepentimiento o remordimientos por las decisiones tomadas en su vida personal y pública. Cuando el periodista Bern, especializado en historia y realeza y director del programa Secretos de Historia, le preguntó directamente si se arrepentía de algo, Juan Carlos I respondió con un escueto no. A la siguiente cuestión sobre si experimentaba remordimientos, el monarca fue igualmente categórico, señalando que no, intento no tener ninguno. No obstante, interrogado sobre si sería más cuidadoso de poder volver atrás en el tiempo, el emérito admitió que sí, naturalmente.
La justificación ofrecida por el antiguo monarca para explicar los escándalos financieros y personales que salpicaron la última etapa de su reinado se limitó a una sentencia genérica sobre la naturaleza humana. Todos los hombres cometen errores y todo el mundo los comete, afirmó Juan Carlos I, quien añadió que está acostumbrado a escuchar de todo y que cada persona puede pensar lo que quiera sobre su conducta. En referencia a las investigaciones judiciales por presuntas irregularidades fiscales y cuentas en Suiza, así como a su relación con Corinna Larssen y al viaje de caza de elefantes a Botsuana que precipitó su declive, el emérito aseguró que todo está arreglado, todo ha terminado y estoy tranquilo, subrayando que los procedimientos judiciales abiertos en su contra finalmente no prosperaron.
Al hacer balance de sus casi cuatro décadas al frente de la Jefatura del Estado, Juan Carlos I ha reivindicado su dedicación al servicio de España, aunque reconociendo que en ocasiones descuidó sus responsabilidades familiares. Yo, realmente, he servido a España y a los españoles y a veces no he prestado atención a mi familia, declaró el monarca, quien expresó su esperanza de que le perdonen y que los españoles comprendan lo que he hecho. Esta petición de comprensión constituye el eje central del mensaje que el emérito transmitió durante la entrevista, reivindicando su legado histórico frente a las polémicas que empañaron la conclusión de su reinado.
Reivindicación del papel en la Transición
El grueso de la entrevista estuvo dedicado a la reivindicación del papel desempeñado por Juan Carlos I durante la Transición democrática española, período que el monarca describió como el logro fundamental de su reinado. El emérito afirmó sentir una emoción especial por la Constitución de 1978, cuya gestación atribuye en gran medida a su iniciativa personal al asegurar que dio los poderes al pueblo, al Congreso. En una afirmación particularmente polémica, Juan Carlos I llegó a declarar que es la única Constitución de Europa con nombre, se llama la Constitución del rey Juan Carlos, apropiándose simbólicamente de la autoría de la Carta Magna española.
Respecto a su proclamación el 22 de noviembre de 1975, apenas un día después del fallecimiento de Francisco Franco, el monarca recordó la jornada con mucha emoción, describiéndola como un día fundamental en su vida. Según su relato, pasó la noche anterior sin dormir preparando el discurso que pronunciaría ante las Cortes, consciente de que era la primera vez que se dirigiría a los españoles y, sobre todo, ante unas Cortes franquistas. Había que ser valiente y decir lo que se iba a hacer, señaló el emérito, quien subrayó que en aquel momento no tenía un plan definido sobre cómo alcanzar la democracia, pero sí la convicción de avanzar en esa dirección sin tener miedo.
El antiguo monarca dedicó palabras de reconocimiento a las figuras que considera decisivas en el proceso de transición democrática. Del cardenal Vicente Enrique y Tarancón destacó su homilía del 27 de noviembre de 1975 en la basílica de los Jerónimos, cuando pidió que fuese el rey de todos y animó a abrir caminos del futuro, afirmando que me ayudó mucho. Definió a Torcuato Fernández-Miranda, presidente de las Cortes entre 1975 y 1977, y a Adolfo Suárez, presidente del Gobierno entre 1976 y 1981, como fieles escuderos durante el proceso, asegurando que juntos intentaron hacer bien las cosas pese a no disponer de un plan preconcebido sobre cómo implementar la democracia.
Especialmente significativas fueron las referencias al líder comunista Santiago Carrillo, a quien Juan Carlos I calificó como un verdadero amigo y colaborador. El monarca reivindicó la decisión de legalizar el Partido Comunista como un acto de valentía necesario para construir una democracia auténtica, rechazando la sugerencia del periodista sobre si no había considerado reservarse mayores poderes durante la redacción constitucional. Uno hace una democracia o no la hace, respondió tajantemente, presentando la renuncia al poder como una elección consciente y deliberada en beneficio del sistema democrático.
Defensa de su relación con el dictador Franco
Una parte sustancial de la entrevista estuvo dedicada a justificar su relación con Francisco Franco y a defender la tesis de que el dictador conocía y consentía sus intenciones democratizadoras. Juan Carlos I reveló que cuando preguntó a Franco si le ayudaría para el futuro, el Caudillo le respondió que tendría que hacerlo él mismo, interpretando esta respuesta como un implícito consentimiento a sus planes de instaurar la democracia tras la muerte del dictador. El emérito afirmó que Franco sabía que una vez fuera rey instauraría un sistema democrático, presentando así su designación como sucesor a título de rey en 1969 como parte de un proceso de transición política conscientemente planificado.
El monarca relató igualmente que en su lecho de muerte, Franco le tomó la mano y le pidió mantener la unidad de España, compromiso que Juan Carlos I aseguró haber cumplido. Eso es lo que intenté hacer, declaró, presentando esta petición final del dictador como el testamento político que guió su actuación posterior. El emérito también evocó su primer encuentro con Franco en 1947, cuando con nueve años de edad observó un ratoncito en el despacho del Pardo y se lo señaló al dictador, quien según su relato reaccionó con una carcajada, presentando esta anécdota doméstica como símbolo de una relación que se extendería durante casi tres décadas.
Juan Carlos I reveló asimismo que el dictador chileno Augusto Pinochet, presente en España con motivo del fallecimiento de Franco, le aconsejó continuar como Franco cuando éste murió, sugerencia que el monarca rechazó afirmando que hizo lo que los españoles verdaderamente querían. El emérito señaló que no quería en absoluto la presencia de Pinochet en su proclamación el 22 de noviembre de 1975 y que finalmente consiguió que se fuese, distanciándose así de los regímenes autoritarios que hubieran deseado ver continuidad en el sistema franquista.
Respecto a su posición durante los años finales del franquismo, Juan Carlos I reconoció haberse sentido como una pelota de ping pong entre su padre Juan de Borbón, partidario de una monarquía liberal, y Francisco Franco, que le designó como su sucesor saltándose la línea dinástica natural. El monarca admitió haber experimentado la sensación de traicionar a su padre cuando aceptó ser rey bajo la dictadura, aunque subrayó que Juan de Borbón fue después un consejero fantástico y un amigo en su edad adulta. Lo quise muchísimo, y tengo la sensación de que me ha acompañado desde entonces, añadió el emérito en referencia a su progenitor.
El golpe de Estado y el exilio actual
El rey emérito dedicó especial atención al golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, episodio que presenta como uno de los momentos culminantes de su reinado y que utiliza para reivindicar su autoridad moral sobre las Fuerzas Armadas. Juan Carlos I destacó que su formación militar en los tres ejércitos le proporcionó una posición privilegiada para intervenir cuando la autoridad civil quedó suspendida por el asalto al Congreso. No había autoridad civil, entonces lo pude hacer militarmente porque realmente tenía autoridad moral sobre los militares, explicó el monarca, quien subrayó que siempre estuvo cerca de ellos y realmente veían en mí a un líder.
El antiguo jefe del Estado describió su intervención televisada defendiendo la Constitución como un acto destinado a dar una sensación de seguridad a los españoles en un momento de máxima incertidumbre. Gracias a Dios todo salió bien, concluyó el emérito sobre el episodio, presentando su actuación como determinante para el fracaso de la intentona golpista. Esta reivindicación del 23-F constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que Juan Carlos I construye su legado histórico y su defensa frente a las críticas por los escándalos posteriores.
En cuanto a su abdicación el 18 de junio de 2014, el monarca justificó la decisión por sus limitaciones físicas, afirmando que no se imaginaba sobre todo en España a un rey con muletas, y por su convencimiento de que siempre es mejor tener un rey más joven. Respecto a su marcha a Abu Dabi en agosto de 2020, explicó que el objetivo fue dejar a su hijo libre y tranquilo para hacer su trabajo y reinar, ya que si hubiese permanecido en España considera que quizás podría haber sido un estorbo para el desarrollo del reinado de Felipe VI.
Juan Carlos I expresó su deseo de mantener una relación más estrecha con su hijo, al que calificó de buen rey, y con sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Admitió que le gustaría verlos más y con más frecuencia, aunque aseguró que mantiene una relación muy buena con Felipe VI y que se comunica con él regularmente. El emérito manifestó su esperanza de que su hijo tenga éxito y que España esté bien gobernada, reconociendo que se encuentra en un momento muy difícil por la situación política internacional y que hay que apoyarlo.
Respecto a un eventual regreso definitivo a España, Juan Carlos I mantuvo la ambigüedad característica que ha mostrado en declaraciones anteriores. Aseguró que espera volver pero que dependerá de la situación y del momento, sin precisar plazos ni condiciones para materializar ese retorno. El monarca manifestó encontrarse bien en Abu Dabi, aunque su deseo expresado de ver con mayor frecuencia a su familia sugiere que el exilio, pese a ser voluntario según su versión, implica un coste personal significativo. La entrevista se emitió apenas días después de su visita exprés a Madrid para asistir al almuerzo privado que los Reyes ofrecieron en El Pardo con motivo del 50 aniversario de su proclamación, encuentro del que quedó excluido de los actos oficiales de conmemoración.