La transmisión del virus ha dejado de concentrarse en hombres que tienen sexo con hombres, que históricamente concentraban la mayoría de casos. Expertos señalan que esta transformación responde al menor uso de preservativos, desconocimiento sobre la profilaxis preexposición y una percepción errónea de que el VIH es una enfermedad del pasado. Las cifras de nuevas infecciones se estabilizan, mientras la población heterosexual muestra una preocupante falta de conciencia sobre los riesgos reales de contagio.
Las personas heterosexuales encabezan por primera vez los diagnósticos de VIH en España durante 2025, invirtiendo una tendencia epidemiológica que se mantenía desde los años noventa. Según los datos provisionales de Sanidad, la mitad de las nuevas infecciones detectadas este año corresponden a relaciones heterosexuales, mientras que la proporción en hombres que tienen sexo con hombres (HSH) se sitúa en torno al 40%. Este cambio representa un punto de inflexión en la distribución de casos que obliga a replantear las estrategias de prevención implementadas durante las últimas décadas.
La vía sexual sigue siendo la principal forma de transmisión del virus en España, protagonizando 139 casos en HSH y 61 en relaciones heterosexuales durante 2025, según confirman las cifras oficiales. El resto de diagnósticos incluye 67 mujeres contagiadas por vía sexual, lo que eleva la proporción de infecciones heterosexuales por encima del 50% del total. Estos datos provisionales están sujetos a correcciones posteriores por retrasos en la notificación, pero la tendencia resulta inequívoca: la epidemia de VIH está alcanzando a población que tradicionalmente mostraba tasas de incidencia más bajas.
Diagnósticos tardíos y falta de prevención
El estudio SCOPE, realizado en doce centros sanitarios españoles y presentado la semana pasada, confirma que las infecciones por VIH en personas heterosexuales se caracterizan por presentarse en fases más avanzadas de la enfermedad. La investigación revela que estos diagnósticos tardíos se relacionan principalmente con dos factores: interrupciones en el seguimiento preventivo y falta de adherencia al tratamiento antirretroviral cuando este ya se había iniciado. Carmen Martín, presidenta de la Coordinadora Estatal de VIH y Sida (Cesida), explica que «la sociedad está muy preocupada ante la falta de chequeos. La sociedad sigue juzgando a las personas con VIH».
La población heterosexual carece de formación específica sobre los mecanismos de transmisión del virus y desconoce mayoritariamente la existencia de herramientas preventivas como la PrEP. «Muchos heterosexuales no saben que tener relaciones sexuales con una persona seropositiva con carga viral indetectable no transmite la infección», señala Martín. Esta desinformación contrasta con los avances científicos logrados en las últimas décadas, que han convertido el VIH en una condición crónica manejable cuando se diagnostica a tiempo y se mantiene el tratamiento adecuado.
Activismo concentrado en colectivos específicos
Los hombres heterosexuales realizan muchas menos pruebas diagnósticas de VIH que las personas HSH o las mujeres trabajadoras sexuales. La tasa de pruebas entre HSH alcanza 6,95 por cada 100.000 habitantes en España, frente a 1,81 en trabajadoras sexuales y cifras significativamente inferiores en población heterosexual general. Esta diferencia refleja décadas de campañas preventivas focalizadas en colectivos tradicionalmente más afectados, mientras que la sensibilización dirigida a población heterosexual ha permanecido prácticamente inexistente.
Carmen Martín reconoce que la participación en el activismo seropositivo por parte de personas heterosexuales «parece más necesaria, más urgente». Sin embargo, advierte que las personas seropositivas heterosexuales no acostumbran a envejecer visiblemente en el activismo, lo que dificulta tanto la visibilización del problema como la aceptación social de su realidad. «La test positivo es extremadamente dolorosa, dificultando el proceso de aceptación y fomentando el surgimiento de sentimientos de culpa y rabia», añade la presidenta de Cesida.
Percepción errónea sobre el riesgo
La población heterosexual mantiene una percepción generalizada de que el VIH afecta exclusivamente a colectivos específicos. «Si no consumo droga ni soy gay, ¿por qué me he infectado?», resume la pregunta más frecuente que escuchan los profesionales sanitarios. Esta creencia errónea se fundamenta en décadas de campañas preventivas que asociaron visualmente la enfermedad con determinados grupos poblacionales, creando un estigma que ahora funciona paradójicamente como barrera para la detección temprana en población heterosexual.
El año pasado, el 85% de las personas con VIH en España eran hombres (58% por transmisión sexual entre HSH y 27 por consumo de drogas inyectables). El 15% restante correspondía a mujeres, la mayoría contagiadas por vía heterosexual. Sin embargo, las cifras de 2025 muestran un incremento sostenido en diagnósticos heterosexuales que modifica sustancialmente este perfil epidemiológico histórico. Los expertos coinciden en señalar que este cambio obedece tanto a mejoras en la prevención dentro del colectivo HSH como a un descenso en las precauciones adoptadas por población heterosexual.
Desafíos globales y locales
En 2025, aproximadamente 40,8 millones de personas viven con el VIH en todo el mundo, de las cuales 9,2 millones no reciben tratamiento antirretroviral, según datos de ONUSIDA. El organismo internacional celebra el Día Mundial de la Respuesta al VIH destacando tanto los avances científicos logrados como las desigualdades persistentes en el acceso a diagnóstico y tratamiento. ONUSIDA estima que la respuesta mundial al VIH ha experimentado el retroceso más significativo en décadas, con referencia especial a la crisis de financiación internacional para programas preventivos.
En España, la organización Apoyo Positivo calcula que unas 250.000 personas conviven con el VIH según datos oficiales. Pese a estos números, la visibilidad del colectivo seropositivo continúa siendo limitada, especialmente entre personas heterosexuales que evitan hacer pública su condición por temor al rechazo social. «La sociedad sigue juzgando a las personas con VIH», insiste Carmen Martín, quien reclama mayor concienciación ciudadana y más acciones específicas dirigidas a población general para revertir la tendencia actual de diagnósticos tardíos.
Las autoridades sanitarias reconocen que el cambio de paradigma epidemiológico requiere adaptar urgentemente las estrategias de prevención. Organizaciones como Cesida reclaman campañas inclusivas que aborden la realidad del VIH sin estigmatizar a ningún colectivo específico. «Necesitamos hacer ver que el VIH puede afectar a cualquier persona sexualmente activa», concluye Martín. Mientras tanto, los datos provisionales de 2025 confirman que las infecciones heterosexuales continuarán creciendo si no se implementan medidas preventivas específicas para este segmento poblacional históricamente menos sensibilizado ante los riesgos de transmisión del virus.