El presidente Pedro Sánchez mantuvo conversaciones telefónicas con la presidenta encargada venezolana Delcy Rodríguez y con el líder opositor Edmundo González para ofrecer la mediación española en el proceso de transición política. Paralelamente, el ministro José Manuel Albares coordinó con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio en una llamada de media hora. Los contactos se producen días después de que Venezuela liberara a cinco presos españoles en un primer gesto hacia la normalización de relaciones.
El Gobierno español ha intensificado su actividad diplomática en las últimas horas para posicionarse como actor clave en la transición política venezolana tras la operación militar estadounidense del pasado 3 de enero que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. El presidente Pedro Sánchez mantuvo este viernes conversaciones telefónicas con ambos bandos del conflicto venezolano: la presidenta encargada Delcy Rodríguez, representante del chavismo institucional, y el líder opositor Edmundo González Urrutia, quien reivindica la victoria en las elecciones presidenciales de julio de 2024 y reside actualmente en España tras su exilio. Se trata del primer contacto directo del jefe del Ejecutivo español con el nuevo gobierno venezolano desde los acontecimientos que cambiaron radicalmente el escenario político del país caribeño.
En un mensaje publicado en la red social X, Sánchez explicó que transmitió a ambos interlocutores que «España respalda una transición pacífica, dialogada y democrática en Venezuela, liderada por los propios venezolanos». Esta última expresión constituye un mensaje dirigido implícitamente al presidente estadounidense Donald Trump, quien ha expresado su voluntad de «gestionar» y controlar Venezuela durante un período indeterminado sin contemplar la celebración de elecciones a corto plazo. El presidente español añadió que su Gobierno quiere «acompañar al país en esta nueva etapa» y «contribuir a acercar posiciones», evidenciando la voluntad de Madrid de erigirse como puente entre las partes enfrentadas en el conflicto venezolano.
Doble contacto de Sánchez: diálogo con ambos bandos venezolanos
La estrategia diplomática española pasa por mantener canales abiertos simultáneamente con el chavismo y con la oposición democrática, evitando así el reconocimiento explícito de ninguna de las dos partes como gobierno legítimo hasta que se produzca una transición acordada. Durante su conversación con Delcy Rodríguez, Sánchez trasladó la disposición española a mediar en un proceso que desemboque en elecciones libres y transparentes. Rodríguez asumió la presidencia encargada de Venezuela tras la captura de Maduro y ha mostrado señales de cooperación con Estados Unidos, aunque mantiene el control del aparato institucional chavista y ha evitado cualquier transición por la fuerza.
Por su parte, Edmundo González Urrutia aprovechó la conversación telefónica con Sánchez para reiterar las condiciones que considera imprescindibles para una transición política efectiva en Venezuela. Según fuentes diplomáticas, González destacó ante el presidente español que «el fin de la persecución, el desarme de grupos paraestatales y el respeto a la voluntad popular expresada en las elecciones del 28 de julio constituyen condiciones imprescindibles» para cualquier proceso de normalización democrática. La oposición venezolana sostiene que González fue el vencedor legítimo de aquellos comicios frente a Nicolás Maduro, aunque España no le concede aún el estatus oficial de presidente electo, manteniendo así un margen de maniobra diplomática para su papel mediador.

Coordinación con Washington: la llamada Albares-Rubio
Paralelamente a los contactos de Sánchez, el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares mantuvo una conversación de aproximadamente media hora con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en el primer contacto oficial entre el Gobierno español y la administración Trump tras la operación militar en Venezuela. Según informó Albares en sus redes sociales, durante la conversación abordaron «la situación en Venezuela» y ratificó que «España está comprometida con el pueblo venezolano en esta nueva etapa». Además de la crisis venezolana, ambos ministros trataron la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza, ampliando así el espectro de coordinación bilateral más allá del caso específico latinoamericano.
Desde el Departamento de Estado norteamericano, el portavoz Tommy Pigott precisó que Rubio y Albares «discutieron sobre las operaciones contra el narcotráfico de Estados Unidos en el Caribe y la necesidad de garantizar una transición de poder adecuada y sensata en Venezuela». Esta formulación estadounidense contrasta con la española, que enfatiza la necesidad de que sea «liderada por los propios venezolanos», evidenciando las diferencias de enfoque entre ambos países. Mientras Washington parece inclinarse por un control directo del proceso de transición, Madrid defiende una solución negociada entre las fuerzas políticas venezolanas con apoyo internacional pero sin imposiciones externas.
El gesto venezolano: liberación de cinco presos españoles
La conversación entre Albares y Rubio se produjo horas después de que llegaran a Madrid los cinco ciudadanos españoles liberados por el gobierno venezolano de Delcy Rodríguez. Entre los excarcelados se encuentran Andrés Martínez Adasme, José María Basoa, Miguel Moreno Dapena, Ernesto Gorbe Cardona y Rocío San Miguel, esta última con doble nacionalidad hispano-venezolana. El ministro español calificó la liberación como «un paso positivo para la nueva etapa» del país y expresó su esperanza de que se produzcan «alguna liberación más» de detenidos con nacionalidad española que permanecen en prisión venezolana.
Albares apostó por la discreción respecto al resto de españoles encarcelados, aunque señaló que tiene en mente «el nombre de un preso en concreto con muchas opciones de que pueda ser liberado». El ministro declaró a los medios que «además de un día de felicidad, también es un día de esperanza», subrayando que la liberación de los cinco primeros detenidos podría marcar el inicio de un proceso más amplio de normalización. Este gesto venezolano se interpreta en Madrid como una señal de la voluntad de Delcy Rodríguez de establecer una interlocución constructiva con actores internacionales clave como España, que mantiene vínculos históricos y una importante comunidad de ciudadanos con intereses en ambos países.
La postura española: crítica a EEUU pero oferta de mediación pragmática
El Gobierno español ha mantenido una posición crítica con la operación militar estadounidense desde el primer momento, calificándola de «ilegal» y denunciando que constituye una violación del derecho internacional. Sánchez lamentó que la intervención, como otras anteriores de Washington en la región, se haya debido a «la sed de petróleo». Sin embargo, esta crítica no ha impedido que España adopte una postura pragmática ante la nueva realidad venezolana, ofreciéndose como mediadora entre todas las partes implicadas sin romper la interlocución ni con Estados Unidos ni con ninguno de los actores venezolanos.
Durante su primera rueda de prensa tras la operación estadounidense, celebrada en París durante la reunión de la Coalición de Voluntarios para Ucrania, Sánchez ya había avanzado su intención de hablar con Delcy Rodríguez y Edmundo González. El presidente español subrayó entonces que «España puede jugar un papel de mediación» y «contribuir a que se sustancie la transición que acabe en unas elecciones limpias, libres, donde el pueblo venezolano pueda votar en libertad». Esta posición española busca diferenciarse tanto de la intervención directa estadounidense como del apoyo incondicional al chavismo que mantienen algunos países latinoamericanos, apostando por una tercera vía basada en el diálogo y el respeto a la soberanía venezolana.