El Gobierno de Sánchez convierte el idioma en eje estratégico de la política exterior mediante la creación de «Grupos de Amigos del Español» en organismos internacionales clave como la OCDE y La Haya. La iniciativa incluye el impulso para oficializar el castellano en la Corte Internacional de Justicia y el establecimiento de la primera «Semana Internacional del Idioma Español» en la Organización de Estados Americanos. Albares lidera una diplomacia que concibe el español como «herramienta de progreso y paz» en un contexto internacional complejo, mientras la OCDE realizará por primera vez un estudio técnico sobre el peso económico del idioma en la economía mundial.
El ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares ha intensificado en el último año y medio una estrategia sistemática para consolidar el español como lengua de referencia en la diplomacia multilateral. La iniciativa trasciende el simbolismo cultural para convertirse en un componente central de la política exterior española, con la creación de nuevos «Grupos de Amigos del Español» en organismos internacionales estratégicos que buscan posicionar el idioma como herramienta de influencia global.
El último avance logrado en este sentido es la creación del ‘Grupo de Amigos del Español’ en la OCDE que vio la luz el pasado 22 de julio, cuando los delegados permanentes de los Estados miembros hispanohablantes (Chile, Colombia, Costa Rica, España y México) presentaron al secretario general, Mathias Corman, la Carta Constitutiva del Grupo. Esta coalición de países hispanohablantes reafirmó el compromiso conjunto con la promoción del uso y difusión del español en la OCDE, que realizará por primera vez un importante estudio técnico sobre el peso económico del idioma en la economía mundial.
El Ministerio de Asuntos Exteriores ha destacado que la promoción internacional del español es un «eje estratégico» de la acción exterior de España, y que su uso en la diplomacia multilateral un «objetivo clave» que también comparten el resto de los países que tienen el español como lengua oficial. Esta conceptualización del idioma como activo geopolítico marca un cambio sustancial en la diplomacia española tradicional, incorporando dimensiones económicas y de soft power que trascienden las aproximaciones meramente culturales.
Ofensiva multilateral coordinada
La estrategia española incluye tanto la intensificación de la actividad de los grupos existentes como la creación de nuevos mecanismos de coordinación en organismos internacionales. El denominado ‘Círculo Ñ’ de la Organización de Estados Americanos (OEA), creado el año pasado, propició, el pasado mes de marzo, una declaración de apoyo del Consejo Permanente de esta organización a la campaña de oficialización del español en la Corte Internacional de Justicia. Esta campaña representa uno de los objetivos más ambiciosos de la diplomacia española, buscando que el español se convierta en idioma oficial del principal órgano judicial internacional.
La reciente Asamblea General de la OEA en Antigua y Barbuda, celebrada en junio, evidenció los frutos de esta coordinación multilateral. El ‘Círculo Ñ’ ha logrado, además, la creación de ‘Semana Internacional del Idioma Español’, que se celebrará cada año en abril. Esta iniciativa institucionaliza la promoción del español en el principal foro hemisférico, estableciendo un espacio permanente para actividades de difusión y consolidación del idioma en el ámbito diplomático americano.
Expansión hacia ámbitos especializados
La estrategia española ha incorporado sectores especializados que antes permanecían al margen de las políticas de promoción idiomática. En julio, el español se convirtió en lengua oficial en la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado, un logro que refleja el creciente peso del idioma en el ámbito jurídico internacional. Esta oficialización facilita la participación de países hispanohablantes en procesos normativos que afectan al derecho internacional privado, desde contratos comerciales hasta cuestiones de derecho de familia transfronterizo.
El Ministerio de Asuntos Exteriores ha firmado acuerdos para la promoción del español en el ámbito diplomático con diez países latinoamericanos: Colombia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, México, Panamá, Uruguay, Chile, Ecuador y Perú. Estos acuerdos establecen marcos de cooperación específicos para impulsar el uso del español en organizaciones internacionales donde estos países mantienen representación permanente.
La dimensión económica de esta estrategia ha cobrado relevancia con la incorporación del sector privado. El pasado noviembre, el Ministerio firmó con el Club Español e Iberoamericano de Arbitraje un manifiesto para la promoción del uso del español en el arbitraje internacional. Esta iniciativa busca posicionar el español como lengua de referencia en la resolución de disputas comerciales internacionales, un sector que mueve miles de millones de euros anualmente y donde el dominio del inglés ha sido tradicionalmente hegemónico.
Albares ha situado esta política en el contexto de un orden internacional en transformación. «En un contexto internacional tan complejo donde el multilateralismo y el dialogo son más necesarios que nunca, el español es una herramienta de diplomacia y cooperación, de progreso y de paz», ha declarado el ministro. Esta caracterización del español como instrumento de estabilización internacional responde a la percepción gubernamental de que el idioma puede contribuir a fortalecer el multilateralismo frente a tendencias unilaterales en las relaciones internacionales.
La creación hace cuatro años de la Dirección General del Español en el Mundo evidencia la institucionalización de esta política como prioridad estratégica. «Desde el Gobierno apostamos decididamente por el español como un activo clave de nuestra política exterior», ha recordado Albares, subrayando la continuidad de una iniciativa que trasciende los cambios de coyuntura política.
Dimensión iberoamericana y proyección birregional
La estrategia española incorpora la coordinación con países latinoamericanos como componente esencial para maximizar la influencia del español en foros internacionales. Esta aproximación reconoce que la promoción efectiva del idioma requiere la articulación de los 500 millones de hablantes nativos distribuidos en 21 países, convirtiendo la coordinación hispanoamericana en factor multiplicador de la influencia diplomática individual de cada Estado.
El impulso del Acuerdo de Guadalajara, suscrito durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ejemplifica esta dimensión colaborativa. Más de 500 editoriales iberoamericanas de educación superior se han comprometido a trabajar para impulsar el español como lengua de comunicación científica, expandiendo la presencia del idioma en la producción académica internacional.
La próxima Conferencia sobre Financiación al Desarrollo de 2025, que España acogerá en junio, representará una oportunidad para consolidar el español como lengua de trabajo en debates sobre desarrollo económico global. Esta cumbre de Naciones Unidas permitirá demostrar la capacidad operativa del español en foros técnicos especializados, trascendiendo su tradicional asociación con ámbitos culturales o políticos.
Esta política de promoción del español como lengua diplomática global refleja una concepción ampliada de la influencia internacional española, que busca convertir el idioma en vector de proyección geopolítica en un momento de reconfiguración del orden internacional. El éxito de esta estrategia dependerá de la capacidad española para mantener la coordinación con países latinoamericanos y traducir los acuerdos institucionales en presencia efectiva del español en los debates que configuran las decisiones globales.