La formación de Feijóo convierte la crítica a la televisión pública en eje central de su estrategia contra el Gobierno, con ataques sistemáticos a periodistas como Silvia Intxaurrondo, Javier Ruiz o Jesús Cintora. La 1 registra en octubre su mejor dato de los últimos años y se sitúa a solo ocho décimas del liderazgo mensual. Fuentes socialistas atribuyen la cruzada del PP al nerviosismo generado por el ascenso de las audiencias de los informativos.
El Partido Popular ha convertido la crítica a Radio y Televisión Española en uno de los ejes centrales de su estrategia de presión contra el Gobierno de Pedro Sánchez, intensificando durante las últimas semanas una ofensiva que se materializa tanto en la actividad parlamentaria como en declaraciones públicas de sus principales dirigentes y en enfrentamientos directos con periodistas de la cadena pública. La campaña liderada por Alberto Núñez Feijóo y secundada especialmente por el secretario general del PP, Miguel Tellado, se produce en paralelo al crecimiento sostenido de las audiencias de RTVE, que en octubre recortó distancias con Antena 3 hasta situarse a solo ocho décimas del liderazgo mensual entre los canales generalistas.
La estrategia del PP contra RTVE incluye la señalización nominal de periodistas y colaboradores de la cadena pública, entre quienes destacan Silvia Intxaurrondo, presentadora de La hora de la 1, Javier Ruiz, conductor junto a Adela González de Mañaneros, y Jesús Cintora, al frente del espacio Cintora en Canal 24 Horas. Los populares acusan a estos profesionales de manipular la información y califican a RTVE como una terminal mediática del Gobierno, empleando expresiones que sugieren una instrumentalización política de la televisión pública al servicio del Ejecutivo socialista. Desde el entorno de Feijóo se compara irónicamente a TVE con la Fiscalía General del Estado bajo Álvaro García Ortiz o con el Centro de Investigaciones Sociológicas presidido por José Félix Tezanos.
Las fuentes consultadas en la sede popular de la calle Génova consideran que la programación actual de RTVE constituye un combate ideológico contra su formación que cruza límites que no sospechábamos, en referencia especialmente a la utilización en programas informativos de conceptos como golpe blando para caracterizar determinadas actuaciones del Tribunal Supremo. Los populares insisten en que hay opiniones que no caben en los medios públicos y centran sus críticas en la cobertura de asuntos judiciales relacionados con el Gobierno, así como en el tratamiento informativo de cuestiones políticas que consideran desfavorables para sus intereses.
Ascenso meteórico de las audiencias matinales
El contexto en el que se produce esta ofensiva del PP es significativo, ya que coincide con un ascenso meteórico de las audiencias de RTVE durante los últimos meses. La cadena pública ha registrado en octubre de 2024 su mejor dato de los últimos años, con La hora de la 1 alcanzando en algunas jornadas medias superiores al veinte por ciento de cuota de pantalla, aproximadamente seis puntos por encima del mismo mes del año anterior. Mañaneros, el programa que le sigue en la parrilla matinal, prácticamente ha duplicado su audiencia desde abril, pasando del 8,8 por ciento al 16,9 por ciento en solo seis meses.
Este crecimiento resulta especialmente llamativo en la Comunidad de Madrid, donde La 1 cerró octubre con una cuota del 16,3 por ciento, la más elevada de toda España y significativamente superior al 12,6 por ciento que registraba en enero del mismo año. La franja matinal de la cadena pública, históricamente caracterizada por audiencias más reducidas y volátiles, ha experimentado una transformación que algunos competidores del sector consideran sorprendente por su rapidez e intensidad, aunque la empresa Kantar Media, encargada de la medición de audiencias, ha confirmado que no se han producido cambios en el sistema de medición ni en la composición del panel de hogares que sirve de muestra.
Fuentes socialistas atribuyen directamente la intensificación de los ataques del PP a este ascenso en las audiencias de los espacios informativos de RTVE. Una voz autorizada del PSOE consultada para este análisis defiende el proyecto del presidente de la corporación, José Pablo López, afirmando que por fin tenemos una televisión pública que informa y no manipula. Esta perspectiva contrasta radicalmente con la visión que ofrecen desde el entorno de Feijóo, quienes consideran que la actual dirección de RTVE está convirtiendo la cadena en un instrumento de propaganda política del Gobierno, superando los límites de la objetividad que debería caracterizar a los medios públicos.
La animadversión del PP hacia determinadas figuras de RTVE ha quedado evidenciada en varios episodios recientes. El más llamativo tuvo lugar el pasado viernes cuando Miguel Tellado y Silvia Intxaurrondo protagonizaron un tenso intercambio en directo durante una entrevista en La hora de la 1, a propósito de la sentencia del Tribunal Supremo que condenó al entonces fiscal general del Estado. Tellado reprochó a la cadena pública que se hablara de golpe blando en sus programas y sugirió que se debería hacer un análisis muy profundo de lo que ocurre en una televisión que pagan los españoles con sus impuestos.
Señalización de periodistas y colaboradores
La respuesta de Intxaurrondo al secretario general del PP fue notoria por su contención irónica. Su opinión es muy interesante, la guardo en el lugar que merece, replicó la periodista, en un choque que generó amplia repercusión en redes sociales y medios de comunicación. Este enfrentamiento se inscribe en una dinámica de confrontación que el PP mantiene con la presentadora desde hace más de un año, como quedó documentado en julio de 2024 cuando se constató que la formación popular había registrado 23 preguntas parlamentarias sobre Intxaurrondo en apenas seis meses en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de RTVE.
Las preguntas parlamentarias de los populares sobre la periodista se centran en cuestiones relativas a su contratación en RTVE, a su trayectoria profesional previa y a la neutralidad que el PP niega en sus informaciones políticas. Esta fijación del Grupo Popular con Intxaurrondo tiene su origen en dos episodios de la campaña electoral de 2023 que los estrategas conservadores consideran determinantes en el resultado final que llevó a Feijóo a la oposición: la ausencia del líder popular en el debate electoral de RTVE y una entrevista en la que la periodista desmintió la afirmación del candidato de que el PP siempre había subido las pensiones conforme al índice de precios de consumo.
Unas semanas antes del enfrentamiento con Tellado, el propio Feijóo había cargado duramente contra la analista Sarah Santaolalla durante un acto del partido en Santander. Cuando escucho por ahí a algunas terminales mediáticas del Gobierno que cuantos menos autónomos mejor, pero oiga, ¿esta señora a qué se ha dedicado?, espetó el líder popular en referencia a una opinión que emitió la colaboradora en el programa Mañaneros, escenificando públicamente la batalla que su partido quiere dar contra RTVE. Santaolalla, colaboradora habitual de la cadena pública, es una de las figuras televisivas más perseguidas por la extrema derecha española y ha sido objeto de campañas de acoso en redes sociales.
La estrategia del PP en el Congreso de los Diputados convierte a RTVE en tema preferente de la actividad parlamentaria del grupo. Este mismo miércoles, durante la sesión de control al Gobierno, tanto la portavoz en el Congreso, Cuca Gamarra, como Miguel Tellado aprovecharon sus intervenciones para cargar contra el hecho de que RTVE, la televisión que pagamos todos, señale constantemente a jueces como golpistas y hable de lawfare contra el Gobierno. Esta terminología, que hace referencia a la supuesta instrumentalización judicial contra adversarios políticos, constituye uno de los principales motivos de queja de los populares sobre el tratamiento informativo de la cadena pública.
Vox se suma con amenazas de desmantelamiento
Menos mediáticos pero igualmente feroces son los ataques que se producen en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de RTVE, donde Vox ha definido la televisión pública como un aparato que sirve para reírse de los españoles en su cara. La formación ultraderechista ha llegado a aseverar que, en caso de irrumpir en el Consejo de Administración de RTVE, solo tendrá la duda de si entrar con motosierra o con lanzallamas, empleando una retórica violenta que sugiere un desmantelamiento radical de la estructura actual de la corporación. El PP, por su parte, ha acusado al presidente del ente público de convertir RTVE en un “delivery 24 horas” de propaganda política, politizando toda la parrilla de programación.
Estas críticas fueron vertidas en una sesión celebrada el 25 de septiembre en presencia de José Pablo López, quien defendió su proyecto como una televisión que no está para exaltar un nacionalismo español excluyente que enfrenta a los territorios y a los países. El presidente de RTVE respondió con ironía a las amenazas de intervención: No me parece una buena idea acabar con el pluralismo en TVE y se lo digo porque donde ustedes lo han hecho, como es el caso de la Televisión de Galicia, el resultado ha sido malísimo, en referencia a la gestión que el PP realiza en las televisiones autonómicas bajo su control.
Precisamente, la referencia a las televisiones autonómicas constituye uno de los puntos débiles del discurso del PP sobre la manipulación en RTVE. Los trabajadores de la Televisión de Galicia llevan años en pie de guerra denunciando lo que consideran una instrumentalización política de la cadena por parte del gobierno autonómico del PP. El caso más sonado ha sido el de À Punt, la televisión pública valenciana, que decidió emitir una corrida de toros de 1997 en lugar de informar sobre la multitudinaria manifestación contra Carlos Mazón celebrada el 25 de octubre en València, cuando el entonces president autonómico enfrentaba la crisis derivada de la gestión de la DANA.
Telemadrid, televisión pública bajo control del PP madrileño, tampoco escapa a las acusaciones de instrumentalización política. Un trabajador de la cadena, secretario general de la sección sindical de CGT en Telemadrid, denunció públicamente que todo vale con tal de echar a Pedro Sánchez en la televisión madrileña, lamentando la proliferación de insultos, bulos, medias verdades y la deshumanización del adversario sin que existan límites ni líneas rojas. Esta contradicción entre las críticas del PP a RTVE y la gestión que realiza en las televisiones autonómicas bajo su control debilita el discurso popular sobre la necesaria neutralidad de los medios públicos.
Campañas de acoso a profesionales
En las últimas semanas, el hijo de Xabier Fortes, periodista veterano de RTVE, ha sido víctima de una campaña de acoso originada en redes sociales tras un comentario de Carmen Sastre, quien fuera consejera del ente público a propuesta del PP. El joven, que se encuentra realizando prácticas en Televisión Española como parte de su formación académica, ha recibido ataques personales que el Consejo de Informativos de RTVE ha condenado públicamente, a pesar de haber mantenido en ocasiones una postura crítica con determinadas decisiones de la dirección de la cadena.
El contexto en el que se produce esta ofensiva contra RTVE debe entenderse igualmente a la luz de los datos globales de audiencia de la temporada. La cadena pública cerró el mes de septiembre con una cuota media del 11,6 por ciento, significativamente superior al 10,3 por ciento con el que concluyó la temporada anterior, y en la primera quincena de octubre alcanzó un promedio del 12,7 por ciento, situándose incluso por encima de Antena 3 en varios días. Este crecimiento resulta especialmente notable en las franjas de mañana y tarde, donde los incrementos superan el punto porcentual respecto al ejercicio anterior.
La estrategia del PP contra RTVE representa, en definitiva, una apuesta por convertir la crítica a la televisión pública en un elemento de movilización de su electorado y de presión sobre el Gobierno, aprovechando el tradicional recelo de determinados sectores conservadores hacia los medios públicos cuando son percibidos como cercanos a posiciones progresistas. El éxito de audiencias de La 1, lejos de aplacar esta ofensiva, parece intensificarla al generar la percepción en el entorno popular de que la cadena pública está ganando influencia informativa en un momento político especialmente delicado para los intereses del principal partido de la oposición.