El ministro de Asuntos Exteriores defiende la labor de José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela y acusa al PP de utilizar la crisis como «burdo instrumento» para desgastar al Gobierno. Sumar gana tiempo ante el debate sobre el posible envío de tropas a Ucrania mientras el PSOE presiona por una decisión inmediata. El presidente excluye a Vox de la ronda de consultas por considerar que «no hay nada que hablar» con la formación de Santiago Abascal.
El Gobierno afronta un escenario internacional convulso que ha obligado al presidente Pedro Sánchez a reordenar toda su agenda política para atender simultáneamente tres crisis de primer orden: la situación en Venezuela tras las elecciones del pasado tres de enero, la renovada amenaza de Donald Trump sobre Groenlandia y la disposición de España a sumarse a un eventual despliegue de tropas europeas en Ucrania si se produce un alto el fuego por parte de Rusia. El Ejecutivo utiliza estos desafíos para reivindicar su compromiso con el derecho internacional y marcar distancias con lo que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó como la «ley de la selva» que representan algunas posiciones internacionales.
La coincidencia temporal de estos tres frentes ha alterado significativamente la planificación del Ejecutivo. El sábado pasado, Sánchez cambió cualquier cronograma en el arranque del curso político tras el debate electoral en Extremadura y la próxima escala en Aragón el próximo lunes. La crisis venezolana, que el Gobierno presenta como un pulso entre el derecho internacional y la ley del más fuerte, ocupa ahora el centro del discurso del Ejecutivo. Albares defendió con firmeza el trabajo del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en la mediación del conflicto venezolano y acusó al Partido Popular de intentar utilizar esta crisis como un instrumento para debilitar políticamente al Gobierno.
La gestión de estos tres escenarios internacionales evidencia las tensiones internas de la coalición gubernamental. Mientras el PSOE mantiene una posición clara sobre la mayoría de estos asuntos, Sumar ha optado por ganar tiempo en el debate sobre Ucrania, generando malestar en las filas socialistas. La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, eligió un tono conciliador pero mantuvo las discrepancias de su formación respecto a decisiones que podrían implicar el envío de asesores militares españoles a territorio ucraniano. Por su parte, el presidente Sánchez ha excluido expresamente a Vox de la ronda de consultas sobre Ucrania, argumentando que con la formación de extrema derecha «no hay nada que hablar».
Albares defiende a Zapatero y acusa al PP de instrumentalizar Venezuela
El ministro de Asuntos Exteriores salió públicamente en defensa del trabajo del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela y acusó al Partido Popular de utilizar la crisis venezolana como un «burdo instrumento» en su estrategia de desgaste contra el Gobierno. Albares declaró que Zapatero «realiza una labor que el Gobierno reconoce y valora» y recordó que el propio Zapatero intervino desde 2015, a demanda de la oposición venezolana, en conflictos que involucraban a expresidentes como el colombiano Ernesto Samper o el dominicano Leonel Fernández. El ministro subrayó que incluso fue agradecida públicamente por el entonces presidente Mariano Rajoy.
El titular de Exteriores caracterizó la situación venezolana como un enfrentamiento fundamental entre dos concepciones del orden mundial: el derecho internacional frente a la «ley de la selva». Albares enfatizó que España junto a Alemania, Francia y otros socios europeos defienden que cualquier actuación en política exterior debe sustentarse en el respeto al derecho internacional y a los valores democráticos. Esta posición, según el ministro, contrasta con la amenaza renovada de Donald Trump sobre Groenlandia, que representa precisamente esa imposición de la fuerza sobre el derecho que el Gobierno español rechaza.
Cuando se le preguntó sobre las figuras de expresidentes extranjeros en asuntos internacionales, Albares recordó un episodio de la Cumbre Iberoamericana de 2007, cuando fue precisamente Zapatero quien reclamó públicamente respeto hacia José María Aznar ante las críticas del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Esta referencia histórica buscaba evidenciar que la defensa de expresidentes españoles en el ámbito internacional no es una posición partidista sino una cuestión de Estado que trasciende las diferencias políticas internas.
Sumar gana tiempo mientras la izquierda se divide
La posibilidad de que España concrete un envío de tropas o asesores militares a Ucrania ha generado una nueva fuerza de tensión entre las dos almas del Gobierno de coalición. Sumar ha optado por ganar tiempo en este debate y ha presentado lo que la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, describió como un «mapa de matices» para abordar una negociación que considera incómoda dentro del propio Ejecutivo. La formación liderada por Díaz mantiene una posición contraria a cualquier escalada militar y defiende una salida negociada al conflicto, pero reconoce la complejidad de articular esta postura sin cuestionar la soberanía de Ucrania para decidir sobre su propia defensa.
En una entrevista en la televisión autonómica catalana TV3, Díaz subrayó la «importancia» de la ronda que el presidente Sánchez inició el lunes con los grupos parlamentarios y mostró el interés de su formación en conocer las posiciones del resto de fuerzas políticas ante el nuevo escenario internacional. Sumar, según la vicepresidenta, está por primera vez a la altura del debate sobre una guerra que involucra directamente a democracias europeas y los derechos humanos. Sin embargo, esta declaración de intenciones no oculta que la formación quiere imponer su visión: rechazo absoluto a la escalada de la participación militar española y defensa de una solución diplomática avalada por organismos multilaterales.
Alejandro Belsaco, portavoz de Sumar, acusó a Rusia y a Estados Unidos de repartirse Ucrania «como si fuera una naranja» y defendió que la solución pasa por territorios ocupados y Washington que ha deteriorado la posición europea. Mientras tanto, el PSOE rechaza explícitamente la posición de Sumar: considera que no puede postponerse más la decisión sobre el apoyo a Ucrania y advierte que la falta de apoyos en la izquierda del Gobierno para respaldar a Ucrania podría tener consecuencias electorales. El portavoz socialista Asier Maritxalar señaló que Sumar solo apoya una intervención avalada por organismos como la ONU, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa o la Unión Europea, condición que consideran un obstáculo innecesario dado el apoyo mayoritario europeo.
Sánchez excluye a Vox de la ronda sobre Ucrania
El presidente del Gobierno ha tomado la decisión de excluir expresamente a Vox de la ronda de consultas sobre el posible envío de tropas a Ucrania, argumentando que con la formación de Santiago Abascal «no hay nada que hablar». Esta exclusión, inédita en consultas de política exterior de tal relevancia, refleja el deterioro completo de las relaciones entre el Ejecutivo y la extrema derecha española. Sánchez considera que las posiciones de Vox sobre el conflicto ucraniano, claramente alineadas con los intereses rusos según fuentes gubernamentales, hacen imposible cualquier diálogo constructivo sobre esta materia.
La decisión presidencial ha generado reacciones dispares en el arco parlamentario. Mientras el PSOE respalda sin fisuras esta exclusión y argumenta que Vox ha demostrado repetidamente su hostilidad hacia la posición euroatlántica de España, otros grupos parlamentarios expresan dudas sobre la conveniencia de marginar a una fuerza con representación parlamentaria de decisiones que podrían implicar el envío de militares españoles al extranjero. El PP, por su parte, no ha defendido la inclusión de Vox pero tampoco ha criticado expresamente su exclusión, manteniéndose en una posición ambigua que refleja sus propias divisiones internas sobre cómo relacionarse con la extrema derecha.
Desde la Moncloa se estudian diferentes opciones para la eventual participación española en una misión internacional en Ucrania. Las alternativas van desde el envío de asesores militares hasta el entrenamiento de fuerzas ucranianas en territorio español o en otros países europeos. El Gobierno insiste en que cualquier decisión será adoptada en el marco de una iniciativa europea coordinada y con pleno respeto a la legalidad internacional. Esta precisión busca diferenciarse de actuaciones unilaterales y reforzar el compromiso español con el multilateralismo que Albares reivindicó como seña de identidad de la política exterior del Ejecutivo.
hoyEn cuanto al posible envío de tropas al territorio ucraniano, el Gobierno descarta esta opción de forma inmediata, según señaló el ministro Albares. La posición española, pese a que Putin «no da ningún signo de querer parar la guerra», se centra en apoyar a Ucrania respetando siempre la decisión soberana de Kiev sobre su futuro. Todo esto mientras el Ejecutivo intenta construir una posición de consenso mínimo con sus socios de investidura que permita proyectar una imagen de unidad en política exterior, objetivo que de momento parece lejano ante las evidentes divisiones entre PSOE y Sumar sobre el alcance y la naturaleza del compromiso español con Ucrania.