El auge de Vox sitúa a España en la senda del populismo ultra europeo

09 octobre 2025 - 19:41

La formación de Santiago Abascal consolida su crecimiento y se posiciona como socio inevitable del Partido Popular en múltiples territorios, replicando el modelo de pactos entre conservadores y extrema derecha que domina el panorama continental. Los conflictos en Baleares por la imposición del catalán como lengua vehicular evidencian cómo Vox presiona para imponer su agenda ultra, siguiendo la estrategia de formaciones como la Liga italiana o el Reagrupamiento Nacional francés que han condicionado a sus socios moderados.

España se incorpora definitivamente a la tendencia europea de normalización de la extrema derecha. Los datos de evolución electoral muestran cómo Vox ha logrado consolidar su posición como tercera fuerza política nacional, manteniendo el 16 por ciento de intención de voto y estableciéndose como socio imprescindible del Partido Popular en seis comunidades autónomas. Aunque todavía lejos de los porcentajes que alcanzan sus homólogos europeos como el Reagrupamiento Nacional francés (32%) o la Liga italiana (34%), la formación de Santiago Abascal ha conseguido replicar el modelo de pactos que caracteriza al populismo continental.

El éxito de esta estrategia se evidencia en la capacidad de Vox para condicionar las políticas públicas desde posiciones de socio minoritario. En comunidades como Castilla y León, Valencia, Extremadura, Aragón, Murcia y Cantabria, la formación de Abascal ha logrado imponer elementos clave de su agenda ideológica a cambio de su apoyo parlamentario. Esta dinámica reproduce el patrón observado en países como Italia, donde la Liga de Salvini ha condicionado históricamente las coaliciones de centroderecha, o Francia, donde Le Pen ha forzado el viraje conservador de Los Republicanos en múltiples territorios.

El caso de las Islas Baleares ilustra perfectamente esta nueva realidad política. Vox ha condicionado su apoyo a los presupuestos autonómicos de 2025 a la eliminación del catalán como lengua vehicular en las aulas, exigiendo que el 50 por ciento de las clases se impartan en castellano. Esta demanda conecta directamente con el núcleo nacionalista español de la formación y demuestra su capacidad para imponer condiciones que van más allá de consideraciones técnicas o presupuestarias, obligando al Partido Popular a asumir posiciones que hasta hace poco consideraba inaceptables en materia educativa.

La resistencia inicial del PP balear, liderado por Marga Prohens, evidencia las tensiones inherentes a estos pactos, pero también la inevitabilidad de las cesiones ante la aritmética parlamentaria. Cuando Prohens declara que «no aceptará chantajes» de Vox, reproduce el mismo discurso que utilizaron inicialmente líderes conservadores europeos como Silvio Berlusconi o François Fillon antes de terminar incorporando demandas de la extrema derecha en sus programas de gobierno. Los hechos demuestran que la dependencia parlamentaria termina imponiendo la agenda del socio minoritario pero imprescindible.

Consolidación electoral y proyección europea

Los resultados electorales confirman la consolidación de esta tendencia en el panorama político español. En las elecciones europeas de 2024, Vox obtuvo el 9,62 por ciento de los votos y seis escaños, manteniéndose como tercera fuerza solo por detrás del PP (34,19%) y el PSOE (30,18%). Aunque estos porcentajes están por debajo de los éxitos espectaculares de formaciones hermanas en otros países, representan una base electoral sólida que garantiza la influencia política de la formación en el medio plazo y su capacidad de condicionar la formación de mayorías gubernamentales tanto a nivel autonómico como nacional.

La integración de Vox en el grupo Patriots del Parlamento Europeo, junto a formaciones como el partido de Viktor Orbán, el Reagrupamiento Nacional de Le Pen o la Liga de Salvini, certifica su pertenencia plena al ecosistema populista continental. Santiago Abascal preside este grupo, lo que le otorga un protagonismo internacional que refuerza su posición en el ámbito doméstico y facilita el intercambio de estrategias y recursos con formaciones afines. Esta red de contactos europeos proporciona legitimidad y experiencia en técnicas de gobierno que han demostrado su eficacia en otros contextos nacionales.

La evolución del discurso de Vox refleja esta maduración política hacia posiciones más pragmáticas. La formación ha abandonado progresivamente posiciones euroescépticas extremas para adoptar un enfoque más estratégico que combina críticas a Bruselas con la participación en las instituciones europeas. Esta moderación táctica, observable también en formaciones como Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, permite ampliar el espectro electoral sin renunciar a los elementos identitarios fundamentales que conforman su base programática y mantienen la fidelidad de su electorado más comprometido ideológicamente.

El modelo de influencia territorial

Los datos demográficos y territoriales confirman el potencial de crecimiento de Vox en el conjunto del territorio español. El partido obtiene sus mejores resultados en municipios con fuerte inmigración extracomunitaria y en áreas urbanas de renta media-alta, replicando los patrones de voto observados en otros países europeos. Esta base electoral, menos dependiente del contacto directo con la inmigración que de la percepción negativa del fenómeno migratorio, ofrece margen para la expansión en territorios tradicionalmente ajenos al populismo y permite proyectar un crecimiento sostenido en futuras convocatorias electorales tanto autonómicas como nacionales.

La crisis interna que experimentó la formación tras las elecciones generales de 2023, con las salidas de Iván Espinosa de los Monteros y Juan Luis Steegmann, parece definitivamente superada. La consolidación del liderazgo de Abascal y la demostración de capacidad de influencia en gobiernos autonómicos han reforzado la cohesión interna y la credibilidad de la formación como alternativa política viable. Las tensiones entre corrientes más moderadas y radicales se han resuelto a favor de una línea que prioriza la eficacia política sobre la pureza ideológica, siguiendo el modelo de otras formaciones populistas europeas exitosas.

El futuro de Vox dependerá de su capacidad para mantener el equilibrio entre radicalidad programática y pragmatismo político en las negociaciones de gobierno. El modelo europeo demuestra que las formaciones populistas exitosas son aquellas que logran combinar discursos disruptivos con capacidad de gobierno efectiva, imponiendo elementos centrales de su agenda sin generar crisis institucionales que debiliten su posición. En este sentido, la experiencia balear constituye un test crucial para determinar si Vox puede replicar en España la fórmula que ha permitido a la extrema derecha europea pasar de la marginalidad al poder y convertirse en actor determinante de las políticas públicas.

 

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