Un reciente estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas revela niveles preocupantes de pesimismo entre españoles. Las guerras actuales encabezan las inquietudes ciudadanas, mostrando los jóvenes el mayor grado de incertidumbre sobre el futuro. Las diferencias ideológicas marcan percepciones divergentes sobre las amenazas, configurando una sociedad atravesada por el temor colectivo.
España atraviesa un momento de incertidumbre colectiva sin precedentes recientes. Según el estudio sobre miedos e incertidumbres publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas, realizado entre el 3 y el 11 de noviembre con 2.052 entrevistas telefónicas, dos de cada tres españoles consideran que el mundo va a peor. Los datos muestran que el 68% de la población cree que pesan más las cuestiones negativas al hacer balance de la situación actual global, frente a un 27,3% que mantiene una visión optimista.
El pesimismo alcanza también la percepción sobre España, donde el 67,7% de los encuestados afirma que las cuestiones negativas superan a las positivas, mientras que solo el 26,8% se muestra optimista respecto a la situación nacional. Sin embargo, existe una paradoja: el 76,9% de los españoles se considera optimista como persona, frente al 14,5% que se define como pesimista. Esta aparente contradicción sugiere una desconexión entre la valoración del contexto general y las perspectivas individuales.
Las guerras y conflictos actuales representan el principal motivo de temor entre quienes experimentan miedo de carácter general. Del 23% de la población que reconoce tener sentimientos de miedo habituales, el 76,8% menciona los conflictos bélicos como su principal preocupación. La posibilidad de que España se vea involucrada en una guerra preocupa al 66,2% de los encuestados, quienes identifican a Rusia como el adversario más probable con un 57%, seguido de Marruecos con un 42,2% y Estados Unidos con un 30,4%.
Jóvenes y mujeres, los más vulnerables al miedo
El análisis por grupos de edad revela que los jóvenes son quienes experimentan mayores niveles de miedo e incertidumbre. El 34,7% de las personas entre 18 y 24 años declara vivir con temor de carácter general, la cifra más elevada entre todos los segmentos etarios. Este porcentaje desciende al 25,3% entre quienes tienen entre 25 y 34 años, alcanza su mínimo del 19,4% en el grupo de 35 a 44 años, y vuelve a aumentar progresivamente hasta el 24,5% entre los mayores de 74 años.
El pesimismo juvenil sobre el futuro resulta particularmente significativo. El 73% de los jóvenes entre 18 y 24 años considera que las cosas van mal, porcentaje que se eleva hasta el 83% en el grupo de 24 a 34 años. Estos datos contrastan con el optimismo que expresan sobre la época que les ha tocado vivir, donde el 59,2% se declara satisfecho y el 71,7% opina que actualmente se vive mejor que en cualquier otro momento histórico.
Las mujeres muestran niveles de miedo considerablemente superiores a los hombres. Mientras que el 31% de las mujeres declara vivir con temor, esta cifra se reduce al 14% entre los hombres. Las preocupaciones incluyen la salud física con un 72,6%, la salud mental con un 69,9%, la situación de los familiares con un 69,3%, la delincuencia y seguridad ciudadana con un 63,7%, y la ocupación ilegal de viviendas con un 55% entre quienes experimentan miedo habitualmente.
La ideología política moldea las percepciones del miedo
El estudio del CIS evidencia cómo la orientación ideológica condiciona las percepciones sobre las amenazas. Los votantes de Vox expresan una preocupación significativamente mayor por la ocupación ilegal de viviendas, mientras que los electores de izquierda se muestran más alarmados ante la posibilidad de conflictos bélicos. Este fenómeno de «cámaras de eco» revela que los miedos no solo responden a la realidad objetiva, sino también a construcciones ideológicas sobre qué constituye una amenaza.
María Palau, psicóloga especializada en gestión emocional, señala que la constante exposición a información negativa y alarmista activa el sistema de alerta humano, generando ansiedad y estrés que incrementan la percepción de inseguridad. El historiador Robert Peckham, en su libro sobre la historia alternativa del mundo a través del miedo, documenta cómo los temores colectivos han sido históricamente instrumentalizados como herramientas de control social, especialmente durante periodos de crisis cuando la creación de enemigos comunes sirve para consolidar poder político.
El impacto económico del miedo también resulta relevante. El 48% de quienes viven con temor menciona cuestiones económicas como dificultades para llegar a fin de mes o pagos pendientes, mientras que el 33,9% señala preocupaciones laborales. Las catástrofes y emergencias inquietan al 54%, el cambio climático al 53,2%, y la vivienda al 32,8% de las personas que experimentan miedo habitualmente.
El futuro genera más inquietud que el presente
Aunque el 71,7% de los españoles opina que actualmente se vive mejor que en cualquier otro momento histórico, las expectativas sobre el futuro revelan un pesimismo marcado. El 54,6% considera que en el futuro se vivirá peor o mucho peor que ahora, frente al 33,1% que espera mejoras. Solo el 6,6% estima que la situación permanecerá sin cambios significativos.
Esta disonancia entre la valoración del presente y las proyecciones futuras sugiere que el miedo opera más como anticipación de amenazas potenciales que como respuesta a realidades inmediatas. Sin embargo, cuando se pregunta por la situación personal dentro de una década, el 69,6% confía en que mejorará, mientras que solo el 24,5% cree que empeorará. Esta divergencia entre pesimismo colectivo y optimismo individual constituye una de las paradojas más significativas del estudio.
El contexto socioeconómico también determina los niveles de miedo. El 39,6% de las personas desempleadas declara vivir con temor, cifra similar al 39,5% entre quienes realizan trabajo doméstico no remunerado. Entre los estudiantes, el porcentaje alcanza el 31%, mientras que entre los jubilados desciende al 20,6%. Entre las personas activas laboralmente, el miedo alcanza su nivel máximo del 28,8% en el personal de apoyo administrativo.
Los datos del CIS configuran el retrato de una sociedad atravesada por incertidumbres colectivas, donde las amenazas percibidas superan con frecuencia a las realidades objetivas. El desafío consiste en gestionar estos temores sin que deriven en parálisis social, transformándolos en motores de cambio constructivo que permitan abordar los problemas reales que enfrenta el país.