La Policía Nacional ha detenido a tres personas vinculadas a la organización neonazi The Base, que ya habían manifestado su disposición a realizar atentados. El líder del grupo, de 48 años con numerosos antecedentes violentos, ha ingresado en prisión preventiva tras una investigación que se inició a principios de 2025 y que pone de manifiesto el aterrizaje en territorio español del aceleracionismo, la versión más extrema del supremacismo blanco.
La operación desarrollada por la Comisaría General de Información, con el apoyo de la Brigada Provincial de Castellón y la participación de Europol, representa un punto de inflexión en la lucha antiterrorista en España. Los tres detenidos, de 24, 22 y 48 años, están acusados de delitos de pertenencia a organización terrorista, captación, adoctrinamiento y adiestramiento con fines terroristas, además de tenencia ilícita de armas. Durante los cinco registros efectuados se incautaron nueve armas, dos de ellas de fuego, munición, más de veinte armas blancas, equipamiento táctico militar completo, documentación de carácter supremacista, parafernalia neonazi y propaganda que ensalzaba otras organizaciones terroristas.
La investigación se inició cuando agentes especializados en antiterrorismo detectaron a un individuo con un alto grado de radicalización alineado con los postulados de The Base. Las pesquisas revelaron la existencia de una célula cohesionada cuyos miembros basaban su estilo de vida en la ideología de la organización y habían realizado varios entrenamientos tácticos utilizando técnicas y material paramilitar. Los detenidos usaban las redes sociales para reclutar nuevos militantes, enaltecer acciones violentas de organizaciones afines y compartir contenido audiovisual supremacista. En los últimos meses, su discurso se había endurecido hasta el punto de manifestar abiertamente su disposición a realizar ataques selectivos.
El elemento que precipitó la intervención policial fue la confirmación de que el líder de la célula española mantenía contacto directo con Rinaldo Nazzaro, fundador de The Base. Hace apenas un mes, Nazzaro realizó un llamamiento desde Rusia para consolidar las células internacionales y ejecutar ataques destinados a colapsar las instituciones democráticas occidentales. Este llamamiento, sumado al creciente acopio de armas por parte del grupo, activó el operativo que culminó con las detenciones el pasado martes. El Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional dirige la investigación.
Organización internacional con ramificaciones globales
The Base es una organización paramilitar neonazi fundada en julio de 2018 por el estadounidense Rinaldo Nazzaro, quien opera bajo los alias de Norman Spear y Roman Wolf. Nazzaro, con experiencia en agencias de seguridad estadounidenses y propietario de una empresa de inteligencia privada, dirige la red desde San Petersburgo tras haberse instalado en Rusia. La organización se estructura como una red descentralizada de células clandestinas que operan de manera autónoma pero comparten una ideología común basada en el supremacismo blanco, el aceleracionismo militante y la preparación para una guerra racial.
El objetivo declarado de The Base es acelerar el colapso del sistema liberal y capitalista mediante actos de violencia terrorista que desestabilicen las sociedades democráticas y permitan establecer etnoestados blancos. Esta filosofía aceleracionista, que también puede encontrarse en otros extremos del espectro político, defiende que la sociedad moderna presenta defectos inherentes que causarán su desaparición inevitable, y que mediante la violencia se puede acelerar ese proceso. Joan Caballero, criminólogo experto en grupos urbanos violentos, explica que esta corriente surge entre los sectores más extremistas del supremacismo blanco estadounidense.
La organización mantiene presencia activa en Estados Unidos, Canadá, Australia, Sudáfrica y varios países europeos. En julio de 2024, la Unión Europea incluyó a The Base en su lista de organizaciones terroristas, convirtiéndose en el primer grupo de extrema derecha en recibir esta designación por parte de las instituciones europeas. Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda ya la habían catalogado como organización terrorista en años anteriores. Europol describe a The Base como una red transnacional de extremistas que se autodefine como núcleo de resistencia contra un sistema que consideran dominado por conspiraciones.
Los antecedentes de The Base en el ámbito internacional resultan preocupantes. En Estados Unidos, miembros de la organización han sido condenados por diversos delitos que incluyen vandalismo contra sinagogas, conspiración para cometer asesinatos y planificación de atentados. En octubre de 2021, un juez federal condenó a dos individuos a nueve años de prisión por promover el terrorismo. En Europa, las autoridades han realizado operaciones coordinadas contra células de la organización. En noviembre de 2023, Europol y Eurojust dirigieron una operación simultánea en Bélgica, Croacia, Alemania, Lituania, Rumanía e Italia que resultó en cinco detenciones y siete interrogatorios.
El aceleracionismo como amenaza emergente
El desmantelamiento de esta célula evidencia el aterrizaje del aceleracionismo en España, una ideología que Sergio Gracia, del medio académico especializado Cinved, caracteriza por su visión apocalíptica del mundo. Los expertos consultados advierten que este caso representa apenas la punta del iceberg y reclaman estar en alerta frente a otros grupos o sucursales de extrema derecha que han proliferado tras la pandemia en países occidentales. Los informes de Europol sobre tendencias del terrorismo vienen alertando en los últimos años del incremento de amenazas y acciones violentas por parte de organizaciones ligadas a la extrema derecha, particularmente pequeños grupos con ideas aceleracionistas.
Manuel Torres Soriano, catedrático de la Universidad Pablo de Olavide y experto en terrorismo, señala que la corriente aceleracionista se organiza como una estructura clásica de resistencia sin líderes, es decir, en células que no necesariamente están coordinadas pero comparten una hoja de ruta que busca un cambio dramático de la sociedad a través de la violencia. Esta descentralización dificulta enormemente la labor de los servicios de inteligencia, ya que las células operan de manera autónoma y pueden actuar sin recibir órdenes directas de ninguna jerarquía centralizada.
El proceso de radicalización de estos grupos se produce principalmente en el entorno digital, a través de foros cifrados, redes sociales y microcomunidades donde cualquier miembro puede actuar como agente radicalizador. Laura Méndez, especialista en extremismo, explica que el aceleracionismo puede manifestarse también mediante la convergencia de diferentes líneas conspiracionistas, incluyendo relatos de sustitución étnica que plantean la supuesta sustitución de la población blanca. Los jóvenes, según esta experta, experimentan una necesidad acusada de claridad y pertenencia frente a la cual el extremismo ofrece una salida atractiva disfrazada de certezas.
Matthew Feldman, profesor de la Liverpool Hope University, advierte que el objetivo principal de estos grupos es derrocar gobiernos mediante una guerra racial como forma de avanzar hacia la creación de etnoestados blancos donde no tendrían cabida personas de otras etnias, religiones, ni izquierdistas o personas del colectivo LGTBI. La estrategia pasa por acelerar el colapso institucional mediante actos de violencia selectiva, manipulación del discurso público y difusión de desinformación y teorías conspirativas. La operación en Castellón demuestra que esta amenaza ha traspasado el ámbito virtual para materializarse en entrenamientos paramilitares y disposición real para cometer atentados.
La detección temprana de este tipo de células resulta fundamental para prevenir ataques que podrían tener consecuencias devastadoras. El caso español pone de manifiesto la importancia de la cooperación internacional en materia antiterrorista y la necesidad de mantener una vigilancia constante tanto en el mundo físico como en el digital, donde se gestan los procesos de captación y adoctrinamiento. Las autoridades europeas consideran que el terrorismo de extrema derecha representa una amenaza creciente que requiere recursos específicos y coordinación entre los diferentes servicios de inteligencia del continente.