De monstruo a víctima: los prejuicios xenófobos que convirtieron a un extranjero en chivo expiatorio

22 septembre 2025 - 09:37

Un joven marroquí de 20 años acusado de intentar asesinar a una menor prendiéndole fuego ha quedado en libertad provisional después de que la investigación judicial demostrara que se trató de un accidente. Los informes policiales y de bomberos descartaron el uso de líquidos inflamables y cualquier agresión dolosa, revelando que el incendio se originó de manera fortuita en un colchón. Un caso que evidencia cómo los prejuicios xenófobos transformaron una tragedia sobrevenida en un supuesto crimen machista, mientras la extrema derecha sigue utilizando el bulo para alimentar sus campañas anti-inmigración.

Abarrafía Hader llegó a España hace mes y medio en una patera interceptada por Salvamento Marítimo frente a las costas de Lanzarote. El joven marroquí de 20 años, nacido el 12 de abril de 2005, se alojaba en el centro temporal para migrantes del antiguo cuartel Canarias 50 en La Isleta, desde donde podía entrar y salir libremente durante el día. Su situación administrativa era irregular y tenía pendiente una orden de devolución a Marruecos que no se había ejecutado. Nada hacía presagiar que se convertiría en protagonista de uno de los casos que mejor ilustra la facilidad con que la xenofobia puede transformar un accidente en un presunto crimen machista.

La madrugada del 16 de julio, una llamada al 112 a las 4:01 horas cambió radicalmente el curso de los acontecimientos. Un ciudadano alertaba de la presencia de «un moro» en una casa ocupada del barrio de La Isleta, denunciando que ese joven iba a «reventar» el lugar. Solo al final de la conversación, casi como añadido, mencionó que había «una chica quemada entera». Esta llamada marcó desde el primer momento la sospecha contra Abarrafía, estableciendo un marco interpretativo que condicionaría toda la cobertura mediática posterior.

Los primeros informes policiales y médicos parecían confirmar la peor hipótesis. Una menor de 17 años, tutelada por el Gobierno de Canarias y fugada días antes de un centro de protección de Valsequillo, había sufrido quemaduras graves que afectaban inicialmente se estimó al 95% de su cuerpo. La joven señaló débilmente a Abarrafía como responsable, declarando «ha sido él» antes de perder el conocimiento. El caso se calificó inmediatamente como tentativa de homicidio y violencia machista, enviando al joven marroquí directamente a prisión provisional sin fianza.

La versión inicial describía un ataque premeditado donde Abarrafía habría rociado a la menor con líquido inflamable antes de lanzar un papel ardiendo sobre ella. Los medios reprodujeron masivamente esta narrativa, presentando al migrante como un «monstruo» que había intentado quemar viva a su supuesta pareja en una infravivienda ocupada. La extrema derecha española, encabezada por Santiago Abascal, amplificó el relato a través de redes sociales, convirtiendo el caso en munición política contra la inmigración.

La investigación desmonta el relato inicial 

Sin embargo, la investigación judicial comenzó a revelar inconsistencias graves en la versión inicial. Las cámaras de seguridad mostraban una secuencia muy diferente a la descrita: ambos jóvenes intentaban salir juntos del inmueble en llamas, primero él y después ella, evidenciando que se trataba de un escape conjunto y no de un abandono. Los informes de la Policía Científica y los Bomberos desmintieron categóricamente la presencia de líquidos acelerantes, determinando que el fuego se había originado de forma accidental, probablemente en el colchón donde se encontraban.

El testimonio de Abarrafía ante los investigadores aportó una versión completamente distinta. Según su declaración, él y la menor se habían conocido ese mismo día a través de terceros y habían acudido al inmueble abandonado donde mantuvieron relaciones sexuales y se quedaron fumando. En un momento determinado, el colchón se incendió accidentalmente sin que mediara agresión alguna ni uso de combustibles externos. La complexión física del joven le habría facilitado salir antes del edificio, mientras las llamas se cebaban con la menor, que resultó más gravemente afectada.

La grabación completa de la llamada al 112 reveló detalles que habían pasado desapercibidos en los primeros momentos. Se escuchaba una voz de fondo, la del propio Abarrafía gritando «médico, ayuda», lo que contradecía la imagen de un agresor que abandona a su víctima. Además, se descubrió que el testigo que realizó la llamada estaba implicado en un episodio de acoso contra migrantes magrebíes ocurrido apenas cinco días antes en el mismo barrio, donde un grupo de jóvenes grancanarios había perseguido a cuatro inmigrantes, resultando uno apuñalado.

La disposición del inmueble también planteaba interrogantes sobre la versión inicial. La infravivienda, un edificio casi en ruinas cerrado con muros y sin salidas practicables, hacía improbable que la menor pudiera haber salido por sus propios medios si realmente había sufrido una agresión previa. Las imágenes de seguridad mostraban además que Abarrafía se acercó a la víctima por la espalda y la abrazó durante 14 segundos, comportamiento más compatible con un intento de auxilio que con una agresión.

El giro judicial que evidencia los prejuicios 

Esta semana, el juez instructor ordenó la libertad provisional de Abarrafía Hader, levantando las acusaciones de homicidio en grado de tentativa y lesiones dolosas. La resolución judicial reconoce explícitamente la falta de base para sostener que el joven marroquí intentó acabar con la vida de la menor, limitándose a imponer como única medida cautelar la prohibición de abandonar Gran Canaria mientras se investiga si hubo alguna imprudencia. El caso ha quedado reducido a la investigación de un posible accidente sin intencionalidad criminal.

El cambio radical en la calificación judicial ha evidenciado cómo los prejuicios xenófobos condicionaron la interpretación inicial de los hechos. La combinación de la nacionalidad del presunto agresor, su condición de migrante irregular y el contexto de una casa ocupada generó un marco interpretativo que predispuso a autoridades y medios a asumir la versión más grave sin verificación suficiente. El caso ilustra lo que los especialistas denominan «sesgo de confirmación», donde la información se interpreta para confirmar creencias previas.

La cobertura mediática del caso revela también la facilidad con que se pueden construir narrativas falsas en contextos de tensión migratoria. La extrema derecha española utilizó inmediatamente el caso para alimentar sus campañas xenófobas, con Santiago Abascal y otros dirigentes de Vox convirtiendo a Abarrafía en símbolo de la supuesta peligrosidad de la inmigración irregular. Estas narrativas han permanecido activas en redes sociales incluso después de la resolución judicial, evidenciando cómo los bulos adquieren vida propia independiente de los hechos.

El contexto político también resulta relevante para entender la magnitud del caso. Los acontecimientos coincidieron temporalmente con los disturbios de Torre Pacheco y otras tensiones relacionadas con la inmigración, generando un clima de crispación que facilitó la aceptación acrítica de la versión más alarmista. La polarización del debate migratorio en España ha creado un terreno abonado para la proliferación de bulos que confirman los prejuicios de cada sector político.

La transformación de Abarrafía Hader de presunto «monstruo» a víctima de un bulo xenófobo plantea interrogantes profundos sobre el funcionamiento de la justicia, los medios y la opinión pública española. El caso evidencia la vulnerabilidad de los migrantes ante narrativas discriminatorias y la necesidad de extremar las precauciones antes de convertir tragedias personales en combustible político. La menor sigue recuperándose de sus heridas, pero el daño reputacional a Abarrafía y la instrumentalización xenófoba del caso dejan cicatrices más duraderas en el tejido social español.

 

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