Cinco millones de españoles rompieron vínculos familiares por diferencias políticas el último año

17 décembre 2025 - 15:44

El estudio Atlas de la Polarización 2025 revela que el 14% de la población adulta española ha cortado relaciones con amigos o familiares debido a discrepancias ideológicas, mientras que uno de cada cinco ciudadanos protagonizó o presenció discusiones intensas sobre política durante las cenas navideñas de 2024. Los encuestados identifican a las redes sociales, los medios de comunicación y el partido Vox como principales responsables de la división social.

La polarización política en España ha trascendido el debate público para fracturar relaciones personales a una escala inédita. Cinco millones de españoles mayores de edad han roto vínculos familiares o de amistad en el último año por motivos políticos, según el Atlas de la Polarización 2025 elaborado por la organización internacional More in Common. El estudio, basado en 2.508 entrevistas realizadas entre octubre y noviembre de este año, documenta cómo las diferencias ideológicas han dejado de ser meras discrepancias de opinión para convertirse en motivos de ruptura definitiva entre personas cercanas.

El informe cuantifica el impacto de la división ideológica en la vida cotidiana con datos contundentes. El 14% de los españoles con derecho a voto reconoce haber cortado relaciones con amigos o familiares por razones políticas durante el último año. Además, el 20% de la población presenció o participó en discusiones fuertes sobre política durante las cenas de Nochebuena y Nochevieja de 2024, mientras que el 15% ha abandonado grupos de WhatsApp compartidos con familiares o amigos debido a estas tensiones.

Percepción generalizada de fractura social

La sensación de vivir en una sociedad dividida se ha instalado entre la mayoría de la ciudadanía española. El 65% de los encuestados considera que España está muy dividida o al menos algo dividida, frente a un escaso 15% que percibe el país como unido o muy unido. Sin embargo, Tarek Jaziri-Arjona, investigador de More in Common, matizó que estos niveles no representan el máximo histórico de polarización percibida en el país.

El pico más alto se alcanzó en los primeros meses de 2024, durante el debate sobre la Ley de Amnistía, según precisó Jaziri-Arjona durante la presentación del estudio. Desde entonces, la percepción de división ha experimentado fluctuaciones relacionadas con acontecimientos específicos, como la catástrofe de la DANA en la Comunidad Valenciana, que generó temporalmente un repunte en la sensación de unidad social que posteriormente volvió a descender.

La mayoría de los españoles, el 60%, evita deliberadamente hablar de política en su día a día para prevenir conflictos. Esta autocensura cotidiana refleja hasta qué punto las diferencias ideológicas han envenenado las conversaciones ordinarias, transformando temas que antes generaban simples desacuerdos en potenciales campos de batalla verbal. 

Los responsables señalados por la ciudadanía

Cuando se pregunta por los principales agentes que alimentan la polarización, los encuestados apuntan con claridad al ecosistema informativo y político. Las redes sociales y los medios de comunicación encabezan la lista de responsables, seguidos del partido Vox, el Gobierno de España y los dos grandes partidos tradicionales, PSOE y Partido Popular. La población atribuye la división principalmente al sistema político y al entorno mediático, más que a instituciones sociales o cívicas como la Casa Real, las organizaciones no gubernamentales o la Iglesia.

En cuanto a figuras políticas concretas, Santiago Abascal y Pedro Sánchez emergen como los líderes más polarizadores según la percepción ciudadana. El 39% de los encuestados identifica al presidente de Vox como la persona que más contribuye a la polarización en España, mientras que el 35% señala al presidente del Gobierno. A mayor distancia aparecen Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, con el 19%, y Carles Puigdemont, líder de Junts, con el 17%.

El estudio revela, no obstante, que la percepción de quién polariza más varía significativamente según la orientación ideológica del encuestado. Los votantes del PSOE consideran a Abascal y Ayuso como las figuras más divisivas, aunque reconocen que Sánchez ocupa el tercer lugar. Por su parte, los electores del Partido Popular sitúan a Sánchez como el líder más polarizador, seguido de Puigdemont. Incluso los votantes de Vox colocan a Abascal en segunda posición entre las personalidades que más dividen.

La polarización afectivo-social y sus consecuencias

El Atlas analiza específicamente lo que denomina polarización afectivo-social, un fenómeno en el que las personas desarrollan sentimientos positivos hacia quienes comparten sus ideas y emociones negativas, como desconfianza o rechazo, hacia quienes piensan diferente. Jaziri-Arjona subrayó que esta forma de polarización resulta especialmente preocupante porque afecta directamente no solo a la gobernabilidad, sino también a la convivencia cotidiana.

Los resultados muestran que los votantes de todos los partidos sienten mayor simpatía hacia quienes votan igual que ellos y mayor antipatía hacia los electores del bloque ideológico opuesto. Sin embargo, en el contexto político actual, los votantes del Partido Popular y de Vox son quienes expresan los niveles más altos de emociones negativas hacia los electores de otros partidos. Además, los simpatizantes de Vox declaran contar con los círculos de amistad más homogéneos políticamente, mientras que los votantes de Sumar reportan entornos más diversos.

El 24% de los españoles asegura haber tenido una discusión fuerte con alguien cercano por motivos políticos o diferencias ideológicas, y el 25% se ha sentido atacado o fuertemente criticado por expresar sus opiniones en público. Estas experiencias contribuyen a la autocensura y al repliegue hacia entornos ideológicamente homogéneos.

Comparación europea y temas más divisivos

Desde una perspectiva comparada, España presenta niveles de polarización ideológica superiores a los de otras grandes democracias europeas como Alemania, Francia o Italia. El estudio utiliza el índice de entropía ideológica, que mide la dispersión de posiciones políticas en una sociedad, y sitúa a España en 0,628 puntos, reflejando una estructura electoral más claramente dividida en bloques que la de sus vecinos europeos.

Luis Aguado, director de More in Common España, explicó que en el país existe una correlación más estrecha entre posiciones económicas y culturales que en otros contextos europeos. Quienes se sitúan a la derecha en cuestiones económicas tienden también a ubicarse a la derecha en temas culturales, y viceversa con la izquierda, mientras que en otros países europeos existen más matices ideológicos intermedios. Además, España carece actualmente de partidos políticos que ocupen el espacio de centro entre el PSOE y el Partido Popular, a diferencia de lo que ocurre en Alemania, Francia o Italia.

Los temas que generan mayor confrontación ideológica incluyen la inmigración, el modelo territorial y las cuestiones de igualdad de género. El estudio revela que incluso los votantes de izquierda, especialmente los socialistas, mantienen posiciones relativamente ambivalentes respecto a la acogida de personas migrantes, situándose en puntos intermedios entre aceptación y rechazo.

Señales de esperanza en medio de la división

Pese al panorama de fractura social, el Atlas ofrece algunos datos que sugieren que la situación no es irreversible. El 70% de los encuestados afirma haber mantenido conversaciones respetuosas con personas de ideología opuesta, y el 20% reconoce haber cambiado de opinión tras debatir sobre política con alguien que piensa diferente. Además, el 60% de los españoles considera que las diferencias existentes todavía son superables, una percepción que mejora ligeramente en 2025 tras el fuerte pesimismo registrado en 2024.

Aguado insistió en que la sociedad española está dividida, pero todavía no está rota. El desafío, según el estudio, no consiste en eliminar las diferencias de opinión, propias de cualquier democracia sana, sino en impedir que se conviertan en un factor de desgaste de las relaciones personales, la cohesión social y la confianza en el sistema democrático.

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